¿Hacia el socialismo humanista?

Derechos morales y páz

De la moral Kantiana.
 
En el sistema filosófico expuesto por Immanuel  Kant , Alemania, 1724-1804, respecto al conocimiento y la praxis de lo ético,  la moral y el derecho se basan en un  fundamento común, el denominador común  resultante de la razón práctica que principia con el sentimiento y la voluntad humana  para  una razón autónoma y, esto es, que el hombre  en sociedad de derecho encuentra la ley de sus acciones a través de su razón práctica, pues el fundamento de la obligatoriedad de las leyes morales no se puede encontrar en las condiciones y  circunstancias presentadas por el mundo, sino a priori en los conceptos de la razón pura. La razón práctica. El imperativo categórico de la voluntad y su ética.

“…todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no solo como medio.”  I. Kant
Sociedad, virtudes y leyes en la praxis humana.
 
Obvio que al ser la República un gobierno de leyes y no de  solo hombres inmersos en virtudes,  le  es lógico que tienda a ser incompatible con la soberanía no solamente entendida como potestad absoluta desde la condición humana para la eficiente entidad colectiva de la nación legitimada por la confianza mutua entre los ciudadanos y sus instituciones,  que respetan en común el marco legal establecido, no como una soberanía  abstracta ni  vinculante de muchos hombres por promesas;  sino en la voluntad de acción de los asuntos trascendentales humanos-nacionales.  Por eso se dice que la soberanía tiende a escabullirse, que es inalcanzable  por la sola “Razón”, de que no se puede poseer como un sofisticado objeto, pero si estamos obligados a buscarla, nutrirla y preservarla  y, su garantía es la justicia para la paz.
 
Tratando de deponer con ello el conocido aforismo marxista “La violencia es la partera de toda vieja sociedad  preñada de una sociedad nueva”   
 
El poder de respetar  la  ley haciendo uso racional de la Libertad  y  el poder de infringirla haciendo una irracional actuación delimita el  Estado de soberanía.  La confianza es así,  la legitimación del juego dialéctico  republicano,  del ejercicio de la política plenamente establecida y aceptada al ser deliberada y perfectible entre todos.

Así pues, las leyes morales, no nos son impuestas por ningún ente, ni siquiera por Dios, él solo prescribe y tenemos libre albedrío, sino que nos las imponemos nosotros mismos a  razón de voluntad en concordancia con el bien público y privado, actuando racional libremente, desde el reconocimiento del otro con deber y obligación personal para la individual libertad   hasta la comunitaria.
Si queremos una sociedad más justa tenemos que actuar de manera tal que hayan fronteras  que ni intereses cualquieras, ni leyes, ni políticos gobernantes u opuestos  estén  autorizados a traspasar.

De los derechos morales: soberanía, deberes, racionalidad de la concreta justicia para la  paz.

Sin  tratar de confundir  violencia legítima con ilegitima, la violencia sea cual fuere es detestable fascismo que intenta  el que las leyes se hagan aplicables solo para el pueblo llano que  siendo a la vez más débiles y más numerosos  prescribe que  necesitan  ciertas restricciones que no  alcancen  ni tengan que ver  grupo oligárquico poderoso alguno. Así en todo gobierno oligárquico lo esencial es que el pueblo no invada nunca la autoridad de los poderosos.

No con la idea fija de que podemos tener como deber el  aliviar el sufrimiento humano, intentando la consabida  “justicia social  para la paz”   de mejorar las condiciones de oportunidades  con circunstancias y condiciones expresas también  a los menos favorecidos, que aunque esto no forme parte de una obligación moral individual conforman  en su conjunto la necesidad de la pluralidad  reciproca humana, la  mutualidad de los acuerdos para el Estado de bienestar total, es decir de las distintas clases sociales todas  incluidas como el poder soberano de lo verdadero y legítimo de todo cambio, reforma o revolución necesaria para la paz.

No una concepción acomodada de la verdad de acuerdo a unos fundamentos interesados y solubles en un medio preciso y restringido
Así,  con ésta visión se  parte de la idea de que cada nación tiene derecho a elegir por sí misma y para sí misma la forma política de gobierno, de allí su  derecho público e institucionalidad  que considere más adecuado para su estado armónico de crecimiento económico y  espiritual para su felicidad como una epistemología nacional para  una ética y una gerencia en justicia.

Ahora, el problema planteado a los inevitables sistemas revolucionarios  es  el  reconocimiento en lo interno y externo, no solo a un grupo de autoridad  ejemplarmente probo, sino a  la genérica  incorporación conductual  a la  doctrina colectivista, la sociedad acción, en pensamiento, palabra y obra  a través del sistema educativo con una pedagogía constantemente en reflexión hacia  el logro de una conciencia posible como norma  moral superior que otorga validez  irrestricta a todas las leyes. La soberanía popular
Leyes hechas entre suscritos acuerdos, devenidas del  debate parlamentario con su  necesaria oposición  como acuerdos colectivos para el desenvolvimiento social en todos y cada uno de los ámbitos nacionales e internacionales.
 

El Estado de Derecho Docente.


Es irrefutable en el caso venezolano el surgimiento del  empoderamiento desde el origen de la base del común ciudadano, o más académicamente  como; la ontológico del poder popular , que despacha el poder otorgándolo democráticamente  legitimo desde las raíces populares sujetas a la  etnicidad, el empoderamiento del pueblo y su representatividad protagónica  desde y con los  de arriba,  donde se trata de realizar la felicidad colectiva en  función de la esencial doctrinaria que le prescribe genuinamente,  “la justicia social para la paz”  como lo señala oportunamente el finado Hugo Chávez,  y,  por ello una libertad  necesaria de un código ético escrito en nuestras razones y conciencias.


La condición soberana actual.


Por lo tanto, no habrá y no hay soberanía más que con una condición: no tener la efectiva eficacia de la eficiencia del ejercicio del poder público  y de su oposición como norma a seguir en la contraposición del juego político,  dialéctica  útil mente necesaria que es acción a entender administrativamente en la cosa  organizativa pública;  la política y lo político como saber lo que es malo y lo que es bueno, para su transformación eficientemente propia y productiva.


Así pues las normas que fijan esas fronteras  provienen del derecho natural  conjuntamente paralelo en el marco cultural de socialización aunado a las nuevas y revolucionarias legislaciones, que en el caso venezolano es  progresistamente inédito  y ejemplar al  desarrollo histórico en ciernes de una revolución socio-política administrativamente aceptando en común las normas como parte esencial del ser humano integral con una  unicidad dentro de las diferencias.


Teniendo clara que la aceptación absoluta de la inviolabilidad de la libertad así entendida con sus derechos y disentimientos  incluidos es lo soberano para la paz, y, no el poder por  sí, y  en sí mismo.


Con ello es obligatorio  que la razón pura tenga que someterse a la crítica de todos los sectores de la esfera social y,  con ello preservamos una soberanía básica e imprescindiblemente independiente de la imposición de la voluntad de un grupo mayoritario o no, sobre otro.


Así la soberanía popular dejaría de ser una expresión sin sentido práctico  y  asistiría  evolucionada a través de las adquisiciones históricas de  las nuevas jurisprudencias vertidas en textos de constituciones suscritas  entre  iguales y opuestos a la paz mundial devenida de la justicia soberana, pero solo con éstos vitales preceptos orgánicos éticos.

 
Ética y derechos humanos para la paz.


Los contratos sociales así aceptados en democracias participativas y protagónicas populares surtirían mayor efectividad  sin destruir la virtud del electo gobernante ni de su adversario electoral,  ni la de sus respetables electores como autoridades soberanas  esenciales para fomentar  y preservar la paz .


Necesario el  Estado donde predomina este sistema  de buenos vecinos --¿el Estado Comunal?-- unidos por un mínimo vinculo de  niveles de organización social establecida e indestructible, donde no se impone  la pulsión de lo que arbitrariamente tengamos que actuar  y, en cambio nos proporciona los indicios y  recursos casuísticos para comunicar lo que pluralistamente está ligado al sentir individual  no privado,  al sujeto colectivo necesario nacional, la libertad  honesta, honrada y responsable.


Con ello se fortifica  la acción moral en una especie categórica  de sistema político de gobierno. El  Estado Moderno Social, incluyendo la familia como primera institución, el sistema educativo y las diversas relaciones de producción nacional que representan el promulgado Estado Docente. Una moral  política para la conciencia posible para la  justicia de paz.


Bibliografía
Metafísica de las costumbres. I. Kant
arteawao2003@yahoo.es



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Alejandro Álvarez Osuna


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