¿Escribir bonito es traición en “revolución”?

Desde un tiempo reciente para acá vengo escuchando casi a diario a personajes del gobierno “revolucionario” o moderadores de programas de televisión del canal del estado expresándose con términos generalizados de: “traidores”, “los que escriben bonito”, “flojos detrás de una computadora” o epítetos y adjetivos parecidos. Cuando escucho ese tipo de palabras y acusaciones que van dirigidas a articulistas autocríticos, politólogos, personas que vienen formadas en la ideología de izquierda o de cualquier ciudadano pensante luchador por la justicia social pues me hace recordar un pensamiento de Vladimir Ilich Lenin que dijo: ¡no debemos ocultar nuestros errores ante el enemigo. Quien tema esto, no es revolucionario!

La “revolución bolivariana” aún se encuentra en esa etapa de edad adolescente en lo que parece a ese niño llegando a la pubertad para entrar en la madurez pero que aún sigue siendo niño, algo así comparaba Chávez a la revolución cuando decía: ¡no termina de nacer el niño, ni termina de morir el viejo!...Por cierto, el propio Comandante Chávez como un genuino y auténtico líder visionario pedía autocrítica revolucionaria e incluso muchas veces dijo que “de cuando en cuando hacía falta el látigo de la contrarrevolución!...

Como muchos de los que hemos realizado alguna autocrítica a conciencia ya sea por experiencia de vida y calle, me indigna que estos personajes descalificadores generalicen y sobre todo, cuando uno mismo sabe que muchos de ellos vienen aterrizando ahora para instalarse en la revolución bonita del billete. Los que hacen esas acusaciones generalizadas eran unos “mocosos” al inicio de este proceso, al igual que otros fantasmas que nunca les vi la cara cuando había que buscar y formar círculos patrióticos, recursos para propaganda, logística, apoyo de calle, impulsos de frentes constituyentes y acompañamiento al Comandante Chávez para darle nacimiento a la nueva república.

No me voy a ir al pasado para citar ejemplos de gente que arremetía despotricando de Chávez y la revolución pero, que en esa “manguangua” presente, se hacen revolucionarios como por arte de magia por estar laborando dentro del aparato del estado o lo que hasta hace poco hacían su disfraz hipócrita con la vestimenta de camisa roja o los loas de la revolución. Por cierto, están los peores, que traicionaron, conspiraron y ahora cual santurrones reaparecen en el mismo asiento de revolucionarios. Considero la revolución necesaria con todas sus fases de crecimiento, que no son solo las metodológicas, propagandísticas o materiales.

Es necesaria la revisión, el análisis crítico y autocrítico acompañado de propuestas, de erradicación definitiva de los viejos vicios que carcomen la estructura, de esa descalificación generalizada por los “pico e´plata” de micrófonos. La expresión autocrítica también viene de la calle, del “pateo diario”, de la “arrechera de subsistencia”, de las debilidades que se hacen permanentes, de la ineficiencia y descaro burocrático, del nepotismo, la corrupción, etc. Esa autocrítica de quienes nos consideramos revolucionarios pasa a una computadora después de llevar “carajazos” de calle con sangre, sudor y lágrimas para escribir bonito con la sutileza de un proceso que levantó un líder irrepetible como lo fue Hugo Chávez.


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Larry Márquez Peralta


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