Quinto malo

¿Pensamos lo que producimos o producimos lo que pensamos?

El tema del conocimiento siempre puede dar para debates extensos. En estos tiempos, cuando pensar se hace difícil, ya que se trata de un ejercicio secuestrado por los dominadores o dueños del pensamiento único, se observa cómo se sigue pensando y, hasta se hace con sentidos crítico, se le llama a concurso y se le premia, como lo hace la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, con el apoyo del gobierno bolivariano de Venezuela.

Desde el campo de la intelectualidad sesgada por el dominio que se establece a partir de las relaciones de producción, en condiciones de explotación capitalista, se cree y difunde la idea de que producimos lo que pensamos. Es decir, que todo cuanto existe o se modifica para obtener nuevas formas ha sido previamente pensado: “En el principio fue el verbo”, dicen algunos libros sagrados que anteceden el concepto a la acción.

Pero todo lo contrario es lo verdadero. El concepto, la palabra, comienza a existir solo cuando hay un objeto (tangible o intangible) que lo hace posible luego de pasar por las múltiples determinaciones que lo hacen concreto. El concepto de silla, por ejemplo, nace, solamente cuando múltiples y variadas sillas abstractas han nacido de distintas producciones, en relaciones de clase que están determinadas, en última instancia por la forma dominante de generar los bienes.

No existiría el concepto indeterminado de silla si no es porque hay muchas sillas y también la silla. Ahora, producir un objeto para sentarse, de la manera que sea y con la comodidad o incomodidad que se quiera, no significa que, a priori, se está produciendo una silla. Sólo se produce una silla cuando las manos de los seres humanos han sido capaces de crear múltiples asientos, bajo multiplicidad de determinaciones y dando lugar a un concreto conceptuado (silla, en el ejemplo aludido).

Muchos de los conceptos que hoy maneja la humanidad, han tenido su origen bajo relaciones de producción precapitalistas. Hay conceptos feudales, como el de la lealtad, por ejemplo, que sobreviven a nuevas relaciones de producción y reciben las modificaciones propias a nuevas múltiples determinaciones que, generalmente, incluyen las de la sociedad donde nacieron.

Lo que sí es indiscutible es que pensamos como producimos. Si producimos bajo relaciones de esclavitud tendremos conceptos esclavos, si lo hacemos bajo relaciones feudales tendremos conceptos feudales y si lo hacemos en capitalismo nuestros conceptos llevarán, inevitablemente, el sello de la explotación y de la alienación capitalistas. Pero, ojo, ésta no es una relación vectorial, ni de lineal causa-efecto. Simplemente estamos señalando que la carga ideológica de nuestros conceptos está determinada, predominantemente, por la ideología dominante.

Y porque conocemos la carga de un concepto nacido bajo relaciones de explotación capitalista, también podemos ser capaces de imaginar a ese concepto dentro de unas relaciones de igualdad o de producción, distribución y consumo solidarios, de acuerdo a las capacidades y necesidades de cada quien. Solo que para trascender la imaginación, una nueva realidad debe imponerse. Es decir, que solo tendremos conceptos socialistas cuando las relaciones bajo las cuales produzcamos nuestros bienes, sean, predominantemente, de igualdad.



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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