Mi palabra

Ser niño parece un pecado

"Aléjame de la sabiduría que no llora,

 la filosofía que no ríe y

 la grandeza que no se inclina ante los niños."

 

Khalil Gibrán

 

Estoy plenamente convencido, que en los últimos años, no ha llegado en ninguna parte, un mandatario con el deseo inmenso de contribuir a la felicidad de los niños, como lo hizo el fallecido comandante Chávez; esto se ha venido regando a lo largo y ancho de nuestra patria, a pesar de las grandes dificultades económicas, propias de un país con sus raíces muy profundas en el oscuro modelo capitalista, aun, cuando han venido apareciendo cambios sustanciales en aras de beneficiar al mayor número posible de habitantes.

Esta firme y radical posición, me nace de una conversación de manera fortuita con un grupo de jóvenes en una venta de comida en la ciudad de Barinas. Siempre trato de escuchar o de hablar donde llego, para abrir la tertulia; son muchas las maneras para entablar una plática, como dicen los mexicanos. En esta ocasión me encontré con 5 muchachos, planificando, mientras degustaban una apetitosa parrilla. Uno de ellos estaba de pie, con una franela roja un poco desteñida, y la mirada escrutadora del Comandante Chávez; ese detalle me sirvió de motivo para acercarme, abriendo un breve dialogo, el cual  terminó con una explicación muy sencilla del joven; hablaba de las bondades de un plan vacacional del cual, él, funge como coordinador, financiado por el gobierno, sin ninguna discriminación política; el único requisito ser niño.

Esto es un privilegio para muchos infantes de los barrios pobres; me perdonan la firmeza para mantener mi opinión; pero es el momento oportuno, para ayudar abrirle el entendimiento a un grupo de personas, acostumbrados a magnificar los errores y traspiés del proceso venezolano. Años atrás no existían estos medios de entretenimientos de manera gratuita; casi todos aparecían, como un “rebusque”,  porque en épocas de crisis, algo hay que hacer para enfrentarla; pero dejemos de un lado lo económico, sabiendo del poder del dinero para hacer y deshacer en este mundo.

 Cuando tocamos algunas noticias relacionadas con los pequeños, encontramos casos alarmantes, dramas sin soluciones inmediatas en medio de la profunda crisis del capitalismo; tan grave es la situación, que algunos gobernantes de los países más poderosos (EE.UU, ALEMANIA) aparecen cada momento, antes la opinión pública con el pañuelo en la mano, para secarse cualquier lagrima hipócritamente derramada, ante una realidad creado por el gran capital en un mundo de fantasías.

 El presidente de los Estados Unidos, acaba de reconocer el problema de los niños emigrantes, quienes cruzan la frontera -sin pensarlo, algo propio de la edad- caminando hacia la cuna de las injusticias donde el desprecio por el ser humano  se presenta a cada momento, y la descomposición social, sigue agarrando cuerpo. Las medidas anunciadas, ordenando la habilitación de albergues en tres bases militares para hacerle frente a una crisis humanitaria –expresión del mandatario- por el incremento desmedido de menores detenidos es  un drama para  no callar ¿Qué dicen de esto, los “pacíficos” manifestantes: María Corina, Capriles y Leopoldo López? ¡Nada! ¡Perdón! Están buscando la manera de “liberar” a Venezuela y entregársela a los banqueros norteamericanos, los grandes beneficiados de las injusticias en el mundo; creadores del sueño americano.

Si, esa noticia es aterradora, me permiten hacer referencia de otra muy preocupante de un albergue mexicano, donde encontraron más de 500 niños en condiciones infrahumanas, durmiendo entre ratas y consumiendo alimentos en mal estado; la reacción del gobierno hacia sido muy timorata, como sorprendidos de algo, que no tiene perdón de Dios, como dicen los católicos; los altos jerarcas de la iglesia, callan, no denuncian, porque sencillamente forman parte del gran aparato del estado, convirtiéndose en simples espectadores de un drama infantil.

Esta explicación tan sencilla, sirve para entender la encendida polémica del fallecido Comandante Chávez, con los jefes del Episcopado venezolano. En los años de la llamada cuarta República, nunca se escuchó una denuncia de la iglesia y sus máximos jefes; igualmente sucede en la mayoría de los países donde el gran capital, tiene sus garras enterradas, humillando a sus pobladores. La cantidad de casos de pederasta en las iglesias de Estados Unidos, denunciados por el Papa Francisco, quien llegó en momentos, cuando una cantidad de predicadores católicos, estaban haciendo de estos actos una práctica común y corriente, es para encender las alarmas y buscar la manera para protegerlos de la acechante descomposición social. Todas estas noticias se quedan pequeñas con lo que está pasando en la franja de gaza en Palestina, un tema bastante largo y delicado, un acto de genocidio.

La otra cara de la moneda la vivimos el domingo 20 en nuestro país; se celebró el día internacional del niño, a pesar del grave problema económico, aunado a las guarimbas de una oposición que no da tregua en la lucha política, sin embargo se veían los chamitos, alegres, entusiastas, acompañados de sus padres, los verdaderos guías en el difícil camino  de la educación, y formación integral de los niños.



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Narciso Torrealba


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