Turismo y verdades adequísimas extensivas al Puntofijismo

¿Quién no recuerda aquel decreto habilitado de Carlos Andrés Pérez referido a la gratuidad del acceso a las todas las playas de Venezuela?

Ese decreto le brindó un inmerecido repunte en su popularidad ya hecha trizas con el escandalazo de corrupción que le valió su defenestración de Miraflores y hasta del país.

Resulta que esa medida habilitada, tuvo como objetivo aparente “beneficiar” a la gente de menores recursos, a los pobre de Venezuela, mismos que el propio CAP y su partido, en asqueroso contubernio puntofijista con los llamados dizque cristianos sociales o copeyanos, y con supuestos izquierdistas que todavía pululan vestiditos de rojo detrás de uno que otro chanchullo burocrático y felonía, esa medida, decimos, respondió a una variante adicional de ese entreguismo rastracuerista que caracterizó a casi todos los partidos políticos y gobernantes del siglo XX.

Desde ese primer fin de semana posterior al ejecútese del decreto que nos ocupa, acerca de la exoneración para todos los venezolanos referida al libre acceso de nuestras playas que hasta entonces disfrutaban en privado los burgueses, los encopetados, los seudoburgueses y de toda esa gente a la que hoy se les conoce como escuálidos, desde ese primer fin se semana, decimos, esa elite de “ex pobres” optaron por visitar otras playas y hacer turismo exógeno, fuera de Venezuela.

Efectivamente, los “escuálidos” empezaron a cambiar su destino turístico, optaron por ir a otras playas fuera del país para no verse rodeado de los “flojos, pestilentes, sucios, ladronzuelos, cochinos y marginales pobres” que les ensuciarían “sus playas”. La medida, pues, fue contraproducente para los intereses de Venezuela.

El turismo que ya era pobre cayó en picado, y los pocos que iban a Margarita lo hacían para comprar de preferencia caña de dudosa procedencia extranjera y cigarrillos para su reventa en el interior de Venezuela.

El otro decreto entreguista, como el resto de ellos, fue el del pasaje gratis para los ancianos. Con semejante decreto, el gobierno, en obediente cumplimiento de sugerencias imperiales de EE UU, dejaba sin transporte, paradójicamente, a esos supuestos beneficiarios del decreto en cuestión.

Está claro que la idiosincrasia de los choferes que manejaba los buses y autobusetas,

con su propia carga de alienaciones e incivilidad, jamás le prestaron ese servicio gratis a los ancianos. Por supuesto, estos optaron por no usarlos y con ellos los dueños de esas flotas del transporte burgués obtenían más guanacias con pasajeros solventes y ágiles para subir y bajar en menor tiempo. La medida, pues, fue contraproducente para los intereses de Venezuela, en plena concordancia con la finalidad de todos esos decretos del Puntofijismo.

01/06/2014 03:52 p.m.


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Manuel C. Martínez


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