Los bienpensantes intelectuales colombianos: la mano diestra del poder


Si ha habido un fenómeno político y social análogo al desplazamiento forzado en Colombia en las últimas dos décadas, este ha sido el desplazamiento masivo de los (ayer) intelectuales de izquierda a las posiciones de la derecha. Sin lugar a dudas un fenómeno global, al fin de cuantas hay - ¿todavía? - quienes afirman que hemos dejado ya las grandes confrontaciones, la lucha de clases ya no tiene razón de ser, que vivimos el fin de la historia y ese ultimo hombre que seríamos (menos los miles de millones que padecen hambre, explotación y miseria, ellos continúan en la historia, en la lucha de clases) arribó por fin al reino de la sociedad liberal, a la paz perpetua, para utilizar una expresión de Kant. Nada mas alejado de la realidad, en un momento en que los pueblos del mundo o se someten a la neocolonización o son invadidos.
Una acertada definición de los intelectuales bienpensantes es la que aporta Higinio Polo: “El converso se mira en el espejo de la lucidez. En nuestros días, aunque tenga un origen religioso, el término ‘converso’ identifica también a los profesionales del oportunismo político que han cambiado de ideología, no a consecuencia de la evolución personal y de la experiencia, sino del cálculo”. [1]
El converso, pues, vive un proceso de catarsis intentando purificar y limpiar su pasado, pero cuando más llega a ser un “charlatán ideológico”,[2] es decir, un practicante de un estilo grandilocuente de retórica que le asigna, si es buen calculador y oportunista, un lugarcito en la pirámide de clases. Sirve al poder como punta de lanza contra sus camaradas de juventud, las ideas políticas y la visión del mundo que éstos siguen defendiendo.
Converso: prostituta a sueldo del régimen
La mayoría de intelectuales que involucionaron ideológicamente a la derecha, no pierden ocasión para autoproclamarse independientes a sabiendas de que no son más que la amante de turno al servicio del sistema. Con lo cual se han convertido, de paso, en expertas damas de compañía dispuestas a cantar en corito las machacadas diatribas y condenas contra el “terrorismo” (sobre todo el de los pobres) y quienes llevan en alto las banderas de la lucha extraparlamentaria, acción directa o la lucha armada revolucionaria por una sociedad radicalmente diferente a la que hemos tenido por siglos. Esa es la labor a sueldo que vienen cumpliendo los desplazados (ideológicos) intelectuales colombianos, prostitutas a sueldo del régimen de turno encargadas de transmitir la conocida propaganda del régimen oligárquico a la mente colectiva (formadores de opinión – pública). Y que consiste en afirmar, entre otras, de que solo es vigente el modelo de vida oligárquico, su propiedad privada y su modelo económico neoliberal.
Por supuesto que lo anterior hay que pensarlo dentro del contexto político y social que vive el país, cual es el de un régimen oligárquico de extrema derecha, aliado fundamental del imperialismo en la región, que cuenta, además de ejércitos mercenarios de miles de hombres, con la asesoría militar de 800 “inteligencias” gringas, un sistema de justicia al servicio de su política represiva, y, muy importante para la vigencia de su modelo caduco de vida, el gran contingente de intelectuales, renegados y traidores de izquierda que lo acompañan en dicha gesta militar e ideológica. Son, en otras palabras, su quinta columna contra los dos grandes fantasmas que recorren el mundo hoy: el terrorismo y el secuestro (elevados a la categoría de principales problema del país, según los propagandistas de la des-información masiva). Antiimperialismo, ¿existirá en el léxico de los bienpensantes dicha palabra?
Los bienpensantes colombianos se ajustan bien al decálogo que propone Alfonso Sastre.[3] El buen intelectual es, dice este dramaturgo Vasco-Madrileño, un ser políticamente correcto; esta contra toda violencia venga de donde venga; es tolerante; es un ciudadano del mundo; es un pacifista; es demócrata; prefiere – en caso de tener que escoger- la injusticia al desorden. Habría que agregar que es un anticomunista furibundo, y cree, junto con su amo de turno, que no existe ya derecha ni izquierda. Les da pavor Hugo Chávez el presidente de Venezuela, les causa escozor creer que Evo Morales, indígena y cocalero[4] acaba de ser elegido presidente de Bolivia, y cuando más aceptan o creen que Ignacio Lula, el presidente de Brasil, sigue siendo la esperanza. ¿Y la Revolución cubana y el presidente Fidel Castro, ejemplos del pueblo y el dirigente más consecuentes de la lucha antiimperialista del continente y el mundo, que les producirá?
Otra lectura de la historia reciente del país
La lista de los intelectuales de izquierda desplazados a la derecha en Colombia es extensa. Pero vamos a intentar reconstruirla, es difícil, pero vale la pena, es necesario que la generación actual conozca, al menos, algunos de sus más connotados representantes. Una mayoría de éstos, hay excepciones por supuesto, viene de las organizaciones guerrilleras y partidos comunistas y socialistas que firmaron acuerdos durante el gobierno de César Gaviria. Acuerdos que concluyeron con su participación en la Constituyente del 91.
En dichos acuerdos se firmó la desmovilización de las guerrillas, se entregaron las armas, y, de paso, las ideas por las cuales éstas fueron empuñadas. En adelante no habría ni razones ni condiciones para continuar la lucha armada, argumentaron. Así pasamos a la “apertura democrática” y a la lucha por el poder y el cambio del sistema dentro del marco institucional y político burgués, es decir, apelando al parlamentarismo y las elecciones como únicas formas de acceder a éste y la transformación radical del sistema. Esa fue la apuesta. Y que ha costado, además, al erario público (es decir a los colombianos) casi 233 mil millones de pesos repartidos por la oficina de Reinserción desde 1989 [5] De allí en adelante, afirmaron, quienes no creímos en esos acuerdos porque los consideramos una traición y engaño, tendríamos una responsabilidad histórica muy grande ante el pueblo y el mundo, que el balón quedaba en nuestra cancha y que la nueva época que se abría – la historia - se encargaría de demostrar lo equivocado que estábamos.
La idea aquí no es hacer un balance de los últimos 15 años de la “nueva época” que se abrió en Colombia a partir de la Constituyente del 91, y los acuerdos entre el gobierno y las guerrillas que llevó a su desmovilización. Sin embargo, digamos que los millones de desplazados y expropiados de sus tierras, los millones de desempleados, de indigentes, los miles de encarcelados injustamente acusados de “terroristas”, los cientos de extraditados a las cárceles gringas, las millones de hectáreas fumigadas con glifosato, el crecimiento exponencial del paramilitarismo, las privatizaciones a granel y a bajo costo de empresas del Estado, los miles de campesinos, indígenas, sindicalistas y estudiantes asesinados o masacrados por el Estadoparamilitar es un argumento incontrovertible en contra de dicha apuesta. En resumen, las condiciones de miseria y represión en que viven millones de colombianos que tienen negado el acceso a la salud, educación, techo y pan, son argumentos fuertísimos para afirmar que dicho intento por conquistar el poder para democratizar el país y hacer la vida de millones de excluidos e invisibilizados digna, fue un completo fracaso.
La larga lista de intelectuales desplazados a la derecha
La lista de las organizaciones guerrilleras que firmaron los acuerdos con el gobierno la encabezaron el M-19, Corriente de Renovación Socialista (CRS), Ejército Popular de Liberación (EPL), Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), Quintín Lame (QL), Movimiento Independiente Revolucionario Comandos Armados (MIR-COAR) y el Frente Francisco Garnica (del EPL).
Los dirigentes que hicieron parte de la negociación y desmovilización, no hay un criterio de orden en ella, son, entre otros cientos, Carlos Franco, Director del Programa de Presidencial para los Derechos Humanos. Defensor de Derechos Humanos cuyo hermano (Bernardo Franco) siendo miembro del Partido Comunista ML y vocero de los trabajadores bananeros y profesores en Urabá, fue torturado y asesinado en Apartadó en 1985 por los mismos fascistas que comandan el Paraestado y la campaña “antiterrorista” de hoy.
Jaime Fajardo, ex miembro del PCC ML y vendedor no solo del EPL, sino desmovilizador del partido del cual hizo parte como “ideólogo”, pasando a hacer agente a sueldo del Estado como Asesor de Paz de la Gobernación de Antioquia, y “nuevo” cuadro del decadente partido liberal. Lo acompañan en este refuerzo a los caducos partidos de la burguesía otros cuadros más de aquella desmovilización como Aníbal Palacio, Bernardo Gutiérrez, etc.
Carlos Alonso Lucio, ex dirigente del M-19, quien apareció a finales del 2004 en los Medios como el ‘oído’ y asesor jurídico del paramilitarismo. Afirman algunos que ha comprendido bien el momento histórico del país y la coyuntura. Al menos a su manera. Bajo su nueva máscara haciendo de ‘oído’ del paramilitarismo, en su carrera hacia un escalafón más en la pirámide del (viejo) poder, se esconde su pusilanimidad a la manera del más vulgar oportunismo político.
Los antiguos dirigentes del M-19 están casi todos al servicio del amo que los pasea como falsos trofeos en las cumbres presidenciales. Fue lo que hizo el presidente colombiano recientemente en la cumbre de Santa Marta el pasado 17 de Diciembre en los 175 años de la muerte del Libertador, ante su homólogo venezolano Hugo Chavez. Trajo como “acompañantes” en su cohorte a dos huéspedes de honor. A Rosemberg Pabón, conocido en el historial del M-19 como el comandante Uno (Toma de la embajada Dominicana 1980) y a Everth Bustamante, ex M-19 y ex alcalde Zipaquirá. ¿Cuál es el mensaje de Uribe para su homólogo venezolano? [6] ¿Que se codea con “izquierdistas”? No causa ni risa.
Bienpensantes intelectuales son también Álvaro Villaraga y Nelson Plazas, exmiembros del PC ML y hoy reconocidos “investigadores” a sueldo de fundaciones que ha creado el Estado. Escribieron un libro con su propia visión de la historia del EPL. Pero sobretodo, con los argumentos que justificaron su entrega y desmovilización.[7]
Lo hay, también, que escribe su columna de opinión en El Colombiano, una de las mayores fábricas de producción de ideas al servicio de la oligarquía antioqueña y su sueño de “Antioquia la Mejor esquina del continente”. Este es el caso del renegado socialista León Valencia, desmovilizado de CRS.
Y luego están los que no han sido militantes propiamente dichos, sino simpatizantes de lo que se conoce como la izquierda marxista revolucionaria, pero que siempre ejercieron su “pensamiento revolucionario” desde la academia o la escritura. Tal es el caso de Salomón Kolmanovitz, uno de los grandes conversos de la izquierda del país, economista, ex funcionario del Banco de la República, defensor tozudo del modelo neoliberal y las privatizaciones, hoy candidato al senado por un movimiento político que solo tiene como propósito administrarle “bien” el poder económico y político a la oligarquía y el imperialismo.
Medellín tiene como secretario de gobierno a un e(x)critor, Alonso Salazar, quien alimentó su fama con historias sacadas de la pobreza, la guerra y los conflictos que siguen viviendo los miles de seres “desechables” o “no futuro” que habitan los barrios populosos de la ciudad. Es uno de los funcionarios más complacidos con las buenas estadísticas que a diario muestran a la baja, al menos en los números y de eso nos sentimos a bien todos, la tasa de homicidios, crímenes y secuestros, al mismo tiempo que aumenta la de la pobreza, el desempleo y la pauperización en la ciudad. Es preferible la injusticia al desorden que genera el conflicto, diría nuestro bienpensante intelectual.
Héctor Abad Faciolince, el bienpensante escritor
Hay uno que hace parte de la pléyade de buenos y excelentes escritores, no viene de la guerrilla ni ha sido comunista. Ha sido reconocido y premiado en el exterior por su buena narrativa. No importa que en sus artículos de opinión en Semana, otra de las fábricas de los “formadores de opinión” en este país, llegue a decir que Hugo Chávez y Alvaro Uribe se parecen en casi todo. Le falta recordar a este buen intelectual anticomunista (Héctor Abad Faciolince) que “pensar es diferenciar”, como dice Alfonso Sastre. No importa tampoco que en Angosta, una de sus novelas, llegue a comparar y asimilar todas las violencias y reconstruir en un paisaje como el colombiano los militantes suicidas palestinos con la lucha armada en Colombia. El bienpensante Héctor Abad es uno de los que proclama a viva pluma que está contra toda violencia venga de donde venga. Hace bien, mejor la seguridad y el orden de la mega injusticia que nos rodea que el caos que lleve a una justicia de otro orden.
¿Es igual la motivación de la bala que mata a un hombre o al otro? ¿Es guerra la de los poderosos y terrorismo lo de los pobres y oprimidos? ¿Son iguales todas las violencias? Si partimos que conocemos bien la historia de este país, aquí si se ha cumplido la premisa de que el asesinato de individuos es un arma política. En ese sentido, ¿lo del 24 y 25 de Agosto del año 87 no fue el asesinato de individuos como arma política? ¿No ha sido así en la mayor parte de esta guerra? ¿Cuál es la “verdad” que hay que saber? ¿Que ha sido un conciliábulo de fascistas (siete caballeros de negro) que en Angosta señalan por votación o con una x, como reconoció el fascista Carlos Castaño, el nombre de los próximos que “tienen” que morir?
Por eso lo que escribe en su columna (¿quinta?) de opinión cada semana, sin ninguna consideración o análisis histórico, como lo que acaba de hacer contra el director de Voz, Carlos Lozano y otros, manifestando su enconado anticomunismo, algo de lo que su padre se habría no sólo ruborizado, hay que responderlo, hay que contestarlo. Y recordarle, así presuma vivir con ello, que más de media Colombia, la que recuerda la historia y es lo suficientemente grandecita para no olvidar que a su padre lo mató el mismo régimen fascista que hoy gobierna y que él ayuda, a su manera como intelectual bienpensante, a sostener.
Bienpensantes intelectuales: enanos a sueldo del poder
Poco importa ya, para estos nuevos enanos a sueldo del poder, las luchas antiimperialistas de los pueblos, ni los legados y consignas por un mundo sin explotados ni explotadores, sin imperios ni colonias, un mundo donde todos y todas tengamos, al menos, la holgura de caminar con la frente en alto porque la libertad (en el sentido profundo y no único de la propiedad privada y el individualismo) no sea más la de los minorías del mundo que viven en el lujo y la abundancia al apropiarse (por ley o por fuerza) la mayor parte de la riqueza del planeta. ¿Es preferible la injusticia a la anarquía?
Claro que hay una gran diferencia entre lo que dio origen y motivó el uso de la Guillotina durante la Revolución francesa y lo que motiva el uso de la motosierra en Colombia hoy. Claro que hay una diferencia radical entre lo que motiva a un iraquí o palestino a inmolarse con una bomba pegada a su cuerpo y lo que motiva al imperialismo hoy a bombardear aldeas y pueblos. ¿Somos capaces de establecer las diferencias? ¿Es necesario? ¿Por qué no, por qué si? ¿Son el terror blanco y el rojo asuntos del pasado? ¿Hoy, en este mundo de las bombas de precisión quirúrgica, es igual toda violencia?
Los intelectuales bienpensantes son expertos en condenar el terror de los oprimidos, de los pobres, y poca o nada les importa criticar o condenar el terror de los capitalistas e imperialistas. Prefieren vender sus conciencias. Una de las principales razones por las cuales se mantiene el sistema de injusticia en el mundo, que miles de bienpensantes intelectuales defienden desde sus cómodos puestos.

Olafo Montalban, 2006-01-07
olafomontalban@yahoo.co.uk

[1] Higinio Polo: La lucidez del converso. Revista El Topo
[2] James Petras: Neoliberalismo y política de clases en América Latina. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=6520
[3] Alfonso Sastre: La batalla de los intelectuales. O nuevo discurso de las armas y las letras. Editorial Hiru. Hondarribia, 2004
[4] Evo Morales es un defensor del uso y cultivo de la hoja de coca. Es tal vez este uno de sus orígenes como dirigente indígena, campesino y popular, al destacarse al lado de los campesinos cultivadores en la lucha contra la erradicación y fumigación de este cultivo y uso ancestral.
[5] Ver artículo publicado por Nizkor en: http://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/paz/reinser2.html
[6] Ver fotos en página de Presidencia de la República: http://www.presidencia.gov.co/fotos/2005/diciembre/17/foto1.htm
[7] Alvaro Villaraga y Nelson Plazas: “Para reconstruir los sueños: Una historia del EPL”





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