La Ley sobre precios justos respeta la ganancia burguesa

Luego de la notoriedad exhibida por los regímenes esclavistas y feudales, ha sido muy difícil reconocer que hay explotación de asalariados en el presente modo capitalista de producción. Su enmascaramiento contable y la conversión de la explotación en un contrato bilateral jurídico se burlan de   la ingenuidad de un trabajador despotenciado que ve en cada patrono un benefactor en lugar de un explotador.

Marx definió el trabajo humano como la fuente del valor, y a este lo midió como cantidad de trabajo humano útil presente en las mercancías, y esta cantidad la midió en función del tiempo laboral realizado en condiciones medias como medida del trabajo socialmente necesario.

La diferencia de productividad técnica entre los trabajadores fue definida como expresión multiplicativa del trabajo simple o no calificado, con la salvedad de que los medios de producción forman parte de la técnica adquirida por la mano de obra ya que ninguna máquina, por sofisticada que sea, tiene productividad en sí misma al margen de su manipulación por parte de los trabajadores.

Veremos cómo se cae el argumento de que el capital como un todo puede generar ganancia, argumento que equipara la productividad de los trabajadores a una supuesta y hasta superior productividad de los medios de producción. Este supuesto es la más fuerte y fatal contradicción de un sistema que respira por los valores de cambio y usa los valores de uso como simples vehículos de su capital; esto explica el trato indistinto que los capitalistas les dan a los medios de producción (Mp) y a la fuerza de trabajo humana (T).

Pongamos por caso la siguiente cadena de igualdades contables convencionales usadas en la Teoría Económica Marxista:

1.- Capital inicial = Mp + T =

2.- Medios de producción + fuerza de trabajo =

3.- (Medios de trabajo + objetos de trabajo) + mano de obra =

4.- (Maquinarias[2] y otros Mp +materias primas) + mano de obra =

5.- Capital constante + capital variable[3] =

6.-Capital constante + (salarios + plusvalía) = Capital final

El empresario capitalista invierte capital en búsqueda de una ganancia; a esta la mide en relación al monto de sus inversiones que se mueven cada año, según las depreciaciones y obsolescencia, las nuevas adquisiciones y los posibles nuevos precios de los Mp y la T.

Cuando se cierra la venta del capital final, de la producción realizada por los asalariados, el capital inicial se verá rebasado en el monto de la ganancia correspondiente.  

Bien, primero, sin mano de obra no hay forma posible de crear ningún bien y menos ninguna mercancía. Segundo, el capital constante que no sea manipulado por el asalariado tiende a pudrirse, cuesta mucho su mantenimiento, da pérdidas tras perdidas. Toda mano de obra, por simple que sea, es capaz de producir a partir de materias primas silvestres y sin ayuda de ningún medio de producción. Estos últimos son por definición simples extensiones de los naturales recursos del hombre, de sus brazos, manos, vista, etc.

Ahora, hagamos corresponder la ganancia, o sea, la plusvalía o sobrevalor que el asalariado deja en la fábrica, con el capital inicial en forma de Mp y de T:

Como los medios de producción se viene incorporando al costo al lado de la mano de obra, y como a ambos factores de la producción se le atribuye erróneamente productividad, parece lógico hacer corresponder biunívocamente la ganancia o la plusvalía en tanto para los Mp y tanto para la T.

Digamos que el capitalista no niega 100% que la fuente de su ganancia tiene como fuente la explotación del trabajador.  Lo siguiente sería la exposición demostrativa de la fuente de la ganancia burguesa: 

Para obtener la ganancia, el inversor debe venderla, y como incorpora los Mp al costo de producción, con aquellos realiza una compraventa: los comprar a un precio de entrada y los revende a otro superior. Es lo que, según la Economía vulgar, realizan el fabricante y el comerciante con la mano de obra. La paga a determinado salario, y la revende a otro valor superior; y todas esas transacciones son realizadas fuera de la fábrica.

Pero ese enfoque es deleznable: mal puede ningún fabricante pretender vender a un precio superior lo que él registra en sus libros a uno inferior ya que, sencillamente, en el mercado dónde él compró esos Mp se vende al precio de su contabilidad de entrada. Y tampoco podría revender la T a un precio superior a los salarios porque a ese nuevo precio debería pagar a sus propios asalariados.

Corolario: de las fábricas sale un capital final que contiene más valor que el pagado por el inversionista. Este nuevo valor puede perfectamente porvenir del trabajo del asalariado que trabaje más horas que las que le son reconocidas indirectamente en su salario, cuando este tiene un valor que perfectamente puede ser creado por dicho asalariado en menos horas que las de la jornada, mientras que las restantes las trabaja gratis o bajo condiciones ocultas de explotación burguesa.

En cuanto a la distribución de la ganancia (plusvalía) entre fabricantes, comerciantes y financistas: Baste suponer que todos estos capitalistas se hallen fusionados en sólo fabricantes, o sea, estos trabajan con capital propio y venden directamente al consumidor final. De esta manera, los fabricantes habrían triplicado sus inversiones, como fabricante, como comerciante cuando coloca su producción, y como financista de ambas funciones. Recordemos que el capital se mueve del mercado hacia la fábrica y de esta al mercado. Es el ciclo del capital.

Un capital, así triplicado, recibirá la tasa media que sale de la fábrica y se hará corresponder con este capital invertido en fabricación, en comercio y en financiación[4].

[1] Este tema es parte intrínseca de la Primera Separata de mi trabajo PRAXIS de EL CAPITAL I. Se halla en imprenta.

[2] http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-13/una-interpretacion-contemporanea-de-la-ley-de-la-tendencia-decreciente-de-l

 Dejemos al margen las depreciaciones que van reduciendo el valor del capital inicial. Marx deja implícito el ajuste anual que garantice la variación media de la composición orgánica del capital, porque lo fundamental es que la tasa de ganancia sea media, es decir, que rija para todos los capitales en funciones. En el vínculo de esta nota están destacadas las depreciaciones como un de las fuerzas contrarrestante de la decadencia de la tasa de ganancia.

[3] La inversión de capital en mano de obra se reduce a salarios cambiables por un valor mayor generado por la mano de obra; se trata de una transacción leonina de compraventa entre el trabajador y su patrono.

[4] Véase mi obra PRAXIS de El CAPITAL.



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Manuel C. Martínez


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