Letra Desatada

El “adelante” del Provincial

La primera vez que viajé usando mi cupo Cadivi fue en el año 2005. Eran los años de los límites de hasta cinco mil verdes. Los niños y las niñas no tenían cupo así que mi hija viajó con los dólares asignados a una adulta que soy yo, su madre. Desde entonces y hasta hoy mi operador cambiario, el Banco Provincial, me tiene asignado un límite de crédito de 7 mil bolívares, lo cual, ni en aquel momento ni hoy, alcanza para el total del cupo Cadivi, ahora Sicad. Sume, multiplique y divida.

Mientras escribo me encuentro en La Habana. Usar los servicios de mi operador cambiario ha sido sencillamente una tortura. Estar fuera de tu país y sospechar que te quedarás sin divisas no es una sensación relajante. El modo de trabajar del Banco Provincial con las divisas que me aprobó el Gobierno Bolivariano es digno de cualquier cuento de burocratismo, no público, sino privado, que ni el más paciente ni inglés ni escandinavo, tiene el placer de calarse. En mi cuenta de Internet aparecen todos los consumos que he hecho. Hasta este momento llegan a 967 dólares, lo cual quiere decir que aún dispongo de más de mil dólares para el resto de mi estada. Aunque esos consumos están allí registrados, el banco necesita, requiere, exige, que para poder acceder al resto, estos dólares deben estar “facturados”. “No han caído”, me dicen los que atienden el teléfono.

Me pregunto, ¿por qué es tan fácil “raspar” los cupos y a mí me es tan difícil pasar una tarjeta para pagar una habitación en La Habana? ¿Trata así el Provincial a todas sus víctimas? ¿O es solo con los que viajamos a Cuba? Viajé al imperio el año pasado y pagaba y ya, sin esperar que facturara nadie un carajo. Todo es excesivamente conveniente e irritante. “¿Cuba?, ¿vacaciones?, jódete”. ¿Paranoia o ineficiencia selectiva?

El colmo del absurdo es que el banco no me permite pagar la deuda y lo que es peor, no puedo gastar ni siquiera los que tengo. En este momento el banco me permite disponer de 214 dólares, pero cuando los intentas pasar te dice denegado. “Intente por 200, señorita, por favor”, le digo a la recepcionista del hotel. Denegado. “Intente por 100, señorita.” Aceptado. ¿Qué tipo de servicio es ese? ¿Qué carajo es lo que “operan”? Será la casi seguridad de que me dé un infarto de la arrechera. Cada consumo que haga en dólares debe esperar dos días hábiles para reponerse. Para el viernes 31 de enero solo pude pagar mi último día de estada en el hotel. No tuve ni dólares ni pesos ni un coño hasta un próximo viaje, que juro por todos los puñados de cruces del planeta que no “operará” el Provincial.

A estas alturas creo que es una política diseñada para odiar los controles cambiarios. Que es lo mismo que odiar al Gobierno Bolivariano. La ponen difícil adrede. Con métodos absurdos que no tienen explicación lógica. ¿Adelante, César Miguel Rondón? Disculpa, pero tu “melodiosa” voz es la que se me quedó alojada en el cerebro. No chico, una patada en el trasero es lo que te dan los del “bebeuvea”, Banco Provincial, cada vez que les da la gana. Siempre lo he dicho: No hay una institución que trate peor a los usuarios que un banco. Kafka tiene mucho que aprender… Sigamos.


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Mercedes Chacín


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