El imperialismo yanqui desempolva las prácticas de dominio y control del Tercer Reich

Cárceles secretas = Campos de concentración

El diario The Washington Post ha revelado que la Agencia Central de Inteligencia mantiene cárceles secretas en distintos países de la Europa del Este y en Asia, en donde tiene retenidos a presuntos terroristas miembros de la red Al Qaeda, lo cual en lo absoluto sorprende a nadie, pues esas denuncias vienen haciéndose desde hace muchos meses, quizás -dicen algunas fuentes- desde el mismo instante en que fueron develadas las prácticas de torturas que las fuerzas armadas norteamericanas hacían en la cárcel iraquí de Abugraib y en la base militar de Guantánamo.

El Post es un diario que hizo causa común en apoyo a la invasión tanto a Afganistán, como a Irak, ha tenido tradicionalmente una línea conservadora, por lo que queda exento de que se le pueda calificar como proclive a congraciarse con los movimientos de izquierda mundiales que desde un primer momento condenaron la intervención armada a sangre y fuego norteamericana en esos países del medio oriente.

De manera que el tema de los secuestros de supuestos terroristas para llevarlos a instalaciones carcelarias clandestinas por parte de la CIA, toma un vuelco importante al sumarse a la denuncia el diario que desempeñó el papel estelar en los sucesos del Watergate que llevaron a que Richard Nixon renunciara a la presidencia en agosto de 1.974.

Releyendo relatos y análisis acerca de la persecución, tortura y asesinato masivo de judíos durante el hitlerismo, vemos que, entonces, se actuó de igual manera. Dentro del mayor hermetismo se adelantó el Holocausto y lo más grave que nos recuerdan tales documentos es que una vez conocidos los hechos en su cruda realidad, una parte importante de la comunidad internacional optó por hacer mutis y más allá de ello se hizo cómplice de esos crímenes tanto por comisión como por omisión.

Es realmente espantoso redescubrir que tales prácticas perversas están siendo reeditadas por el imperio norteamericano con estas cárceles secretas y más aún golpea en lo más hondo de la conciencia de la humanidad pensar por un instante que no sólo se trata de auténticos espacios para la tortura y la muerte, donde muy seguramente han perdido la vida los centenares de miles de afganos, iraquíes y musulmanes de otros países que han desaparecido de sus pueblos y aldeas sin dejar rastro alguno desde que en marzo del año dos mil tres Estados Unidos inició la guerra, sino que de nuevo la comunidad internacional reincida en la perversa conducta que adoptó frente al Holocausto judío y adopte la aberrante conducta de hacerse la desentendida y hasta decida cooperar para que tales prácticas continúen como vemos que ocurre con aquellos países que mantienen muy firme su alianza de guerra junto a los Estados Unidos, como Inglaterra, Italia, Polonia, Australia, El Salvador y Honduras, entre otros.

El escritor judío Robert S. Wistrich en su libro “Hitler y El Holocausto” (Editorial Mondadori/2002), afirma que “Los alemanes no llevaron a cabo el Holocausto en solitario...” y, agrega, ”bajo el dominio nazi, constituyeron la punta de lanza y la fuerza del mismo entre los lituanos, los letones, los húngaros, los rumanos, los croatas y (en) otras nacionalidades europeas encontraron muchos colaboradores y ayudantes bien dispuestos, en especial cuando se trataba de matar judíos.” La Francia colaboracionista del régimen del Mariscal Petain en Vichy jugó un papel relevante en aquello de facilitar la captura por la SS de los judíos con las deportaciones hacia Alemania, como igualmente lo hicieron la España del Cuadillo por la Gracia de Dios, Francisco Franco Vaamonde y la feroz dictadura portuguesa de Oliveira Salazar.

De manera que el Washington Post cuando dice con acierto que encuentra en esas prácticas que denuncia una semejanza con la Operación Cóndor de los años setenta y ochenta en Latinoamérica, plan criminal diseñado y coordinada por la CIA en estrecha vinculación con los regímenes dictatoriales de Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Brasil, nosotros queremos agregar que también guarda mucha similitud con las que adoptó el Tercer Reich.

El investigador y destacado miembro activo del instituto israelí sobre el Holocausto David Giman llegó a la conclusión de que: “...el presidente Roosevelt , pese a que se hallaba bien informado del asesinato de judíos, no estuvo dispuesto a correr ningún riesgo por ellos, y que esa indiferencia constituyó el fracaso más grande de su historia”. Cabe agregar para apreciar aún más de cómo esa posición antijudía no solamente la mantenía y la practicaba el alto gobierno norteamericano, sino que la compartían personajes como Henry Ford, así como otros igualmente influyentes en la vida política y económica de ese país y destacados líderes fundamentalistas cristianos, como los evangelistas Gerald L. K. Smith, Gerald Winrod y Charles Coughlin, este último predicador radiofónico católico que logró alcanzar una audiencia de millones de personas “con sus diatribas contra los judíos” (obra citada).

Es la hora de ponerle un freno a esa política del imperio yanqui de terror y de muerte incesante contra miles de seres humanos en cualquier lugar del orbe fundada en la lucha contra el terrorismo.

No olvidemos que así comenzó lo que sería pocos años después la barbarie del nazi fascismo en Europa que condujo a la espantosa muerte de millones de judíos calificados como seres vivientes causantes únicos de los mayores males del mundo, porque según la concepción teórica del nazismo no eran otra cosa que: “un fermento de descomposición, desorden, caos…” y, en fin, “el ácido disolvente del racionalismo crítico y la relajación moral…el enemigo mundial”, todo lo cual hoy Bush lo sintetiza en tres palabras: “el eje del mal”, para reasumir como argumentos salvadores de la humanidad, la guerra y la muerte, como únicas opciones para lograrlo.

oliverr@cantv.net


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Iván Oliver Rugeles


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