Una sociografía del espectro político: Quiénes son los amigos del pueblo y quiénes sus enemigos

Antes de comenzar, he de advertir que la palabra sociografía no se encuentra registrada en el Diccionario de la Real Academia Española. En su lugar aparece el término sociometría, que es mucho más técnico (www.rae.es). No obstante que otras fuentes sí la registran, aparentemente como un término equivalente pero más amplio, al definir la sociografía como la: técnica y práctica de representar gráficamente hechos o rasgos sociales: fenómenos de grupo, relaciones, situaciones particulares o parciales, riesgos, tendencias (www.lasalle.es). Entonces, más a tono con el concepto de sociografía, se intenta aquí realizar un estudio descriptivo (fotográfico) de los contornos y características más resaltantes de ciertos grupos sociales y sus relaciones con la política; Esto con el propósito depoder identificarquiénes dentro del espectro político pueden ser considerados como amigos, o en contrario como enemigos del pueblo. Si bien creo que en todas partes es igual, se puede señalar que el espectro político de nuestro país está compuesto fundamentalmente por los siguientes grupos y tendencias:

  1. Los progresistas y el progresismo

Según la Enciclopedia libre Wikipedia, los conceptos de progresista y progresismo nacieron, en el contexto de la Revolución Liberal del siglo XIX, para designar a los partidarios de la idea de progreso, el cambio social y las transformaciones económicas, políticas e intelectuales, frente a los partidarios del mantenimiento del orden existente (tanto los reaccionarios partidarios de la vuelta al Antiguo Régimen, como los conservadores o moderados partidarios de distintas formas de compromiso lampedusiano entre lo viejo y lo nuevo).

Mientras que el término opuesto a reaccionario es revolucionario, el término habitualmente contrapuesto a progresista es conservador. En cuanto a la relación entre los conceptos revolucionario y progresista, si bien eran plenamente identificables en la primera mitad del siglo XIX, fueron alejándose a medida que se imponía la Revolución industrial, el capitalismo y la sociedad de clases presidida por la burguesía (revolución burguesa). De hecho, a partir de la revolución de 1848, en que se define con claridad la nueva oposición social entre burguesía y proletariado (organizado en el movimiento obrero), los antiguos progresistas van dejando de ser revolucionarios para identificarse con el término reformista (www.wikipedia.org).

En la actualidad, lo que se entiende por progresismo en Estados Unidos, Europa y Latino América no es exactamente igual. Como en particular se señala que el grado de progresismo latinoamericano varía de manera importante: desde la versión más tímida y conciliadora de la concertación chilena, hasta la aparentemente más radical del chavismo bolivariano en Venezuela.

En términos generales, se considera que el progresismo, junto a las ideas de cambio, progreso y modernidad, sin dudas contribuyó en los siglos XIX y XX a la evolución política, social y económica de la humanidad. Sin embargo, también hoy es considerado por muchos de sus críticos más radicales como un invento, una idea falsa, o por lo menos como una vía incierta y agotada un sus fundamentos y propuestas.

Por ejemplo, desde sectores de la ultra-derecha se atribuye el concepto de progresismo como parte de las cavernas ideológicas de la propia izquierda, de donde supuestamente habrían sacado la marca o el nombre con el que han rebautizado su ideología (Véase: Edurme Uriarte en http://librosgratis.net/book/desmontando-el-progresismo-86560.html). Y esto gracias a la inmensa capacidad que tendría la izquierda para manipular el lenguaje poniendo en circulación ciertas palabras-mito (Véase: Francisco Rodríguez Barragán en http://www.conoze.com/doc.php?doc=7613). Así, pues, como sucede con frecuencia y en muchos otros temas, para la derecha el progresismo no sería un asunto de realidades histórico-sociales, sino de simple propaganda.

Por otro lado, desde sectores de la izquierda radical se señala que el progresismo encierra postulados inciertos o ambiguos. En el caso de los gobiernos progresistas latinoamericanos, por ejemplo, James Petras afirma que estos han mantenido un doble discurso de múltiples caras: Entre otras cosas, una retórica antiimperialista, nacionalista y populista de consumo interno, al mismo tiempo que ponen en práctica una política de fomento y expansión del papel del capital extractivo extranjero en iniciativas conjuntas con el Estado y una creciente burguesía nacional nueva. Los gobiernos progresistas, además, articulan una narración de socialismo y democracia participativa pero, en la práctica, desarrollan políticas que vinculan el desarrollo a la concentración y centralización del capital y el poder ejecutivo (Ver: James Petras  en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=149207).

En fin, a pesar de que algunos autores señalan tanto diferencias como semejanzas estructurales entre los gobiernos progresistas y los gobiernos neoliberales del pasado, es indudable que el progresismo resulta una opción mucho más sana y democrática que la dictadura de los gobiernos gorilas y neoliberales a los que ha remplazado. Sin embargo, también se debe reconocer que sus tesis y prácticas, aunque bien intencionadas, también resultan ser inciertas. Pues hablando metafóricamente- tal parece que los progresistas pretenden conducir sus gobiernos con un pie en el acelerador y otro en el freno simultáneamente, lo que no garantiza una marcha sin pausas hacia el futuro deseado, como tampoco se alejan lo suficiente de la posibilidad de retorno al antiguo estado.

  1. Los revolucionarios y la revolución

Una revolución (del latín revolutio, "una vuelta") es un cambio fundamental en la estructuras de poder o la organización que toma lugar en un período relativamente corto. La revolución pretende (al contrario que la revuelta, la insurrección, el golpe de estado, etc., algunas veces catalogadas erróneamente como revoluciones) un cambio consciente, total y definitivo de las circunstancias políticas, económicas y sociales. Por esto, las revoluciones son consideradas los puntos de inflexión de la historia, de los que parten la mayoría de sistemas políticos y sociales actuales. Revoluciones decisivas en la historia mundial serían la Revolución de las Trece Colonias, la Revolución Francesa, la Revolución de Octubre, o las revoluciones independentistas y anticoloniales del llamado Tercer Mundo. Cada una de las revoluciones mencionadas significó una superación de las anteriores condiciones de vida de la sociedad. Lo que quiere decir que hoy, en las condiciones de generalización y hegemonía del capitalismo globalizado, una verdadera revolución significa y se define por la superación y no por la regresión al capitalismo.

Ahora bien, ¿por qué hay hombres y mujeres que se hacen revolucionarios o revolucionarias? Para el historiador Eric Hobsbawm (Los revolucionarios, Crítica, 2000), la entrega a la revolución depende de una mescolanza de motivaciones objetivas y subjetivas, que incluyen tanto las expectativas relativamente modestas de mejora en la vida material y cotidiana, como aquellas demandas que hacemos para nosotros mismos o para las comunidades de las que nos consideramos miembros: respeto, consideración, unos determinados derechos, un trato justo y otros por el estilo. Tales motivaciones (no satisfechas), mescladas en distintas proporciones, pueden dar lugar a una multitud de situaciones históricas diversas. Así, según Hobsbawm, lo que empuja a la gente hacia un revolucionarismo consciente no sería lo ambicioso de sus objetivos, sino el aparente fracaso de todas las vías alternativas para alcanzarlos, por lo que sienten que se requiere un cambio fundamental en la sociedad.

Por supuesto, junto a las condiciones materiales de vida de una sociedad, los orígenes de clase y familia, y el tipo de ética que ha construido el individuo son elementos importantes a tomar en cuanta. De allí la clásica división entre los revolucionarios por su origen de clase o estamentos (p. e.: entre intelectuales y proletarios), a las que tradicionalmente se les han atribuido determinados niveles de conciencia y grados de compromiso. Pero también las circunstancias y los momentos en los cuales y por los cuales una persona decide incorporarse en los procesos revolucionarios pueden mediar en tipos de conducta diversas.

Así tenemos, en primer lugar, los revolucionarios tempraneros o noveles, radicados fundamentalmente en los movimientos  juveniles/estudiantiles. Estos movimientos sin dudas aportan una carga importante de vitalidad, espontaneidad y radicalismo a las acciones políticas contestatarias, por las cuales sufren al igual que los adultos la misma feroz acción represiva de los aparatos de seguridad del estado burgués. No obstante, estudiosos como el citado Hobsbawm han hecho algunas observaciones generales sobre estos movimientos: La primera es la observación trivial, sin embargo, significativa de que tales movimientos son por naturaleza no permanentes y discontinuos. La juventud y la condición de estudiantes son el preludio de la edad adulta y de la necesidad de ganarse el sustento: no se trata en sí de ninguna carrera. Y puesto que la mayor parte de ellos son pronto absorbidos en empleos propios de la clase media, su espíritu revolucionario raramente sobrevive a la obtención del título universitario.

Luego tenemos los revolucionarios tardíos o de última hora, representados por aquellas personas que por diversas razones, sea por la crisis del sistema o por el auge de los movimientos de masas populares, deciden sumarse en último momento a los procesos revolucionarios. Estas personas con orígenes de clase y partidos políticos diversos, revolucionadas por las circunstancias, son obviamente importantes porque muchos pueden aportar sus conocimientos y capacidades técnicas para la resolución de los problemas acumulados por la ineficiente gestión capitalista; aunque hemos observado que algunos de ellos lamentablemente también traen a la revolución los malos métodos de trabajo y hasta los vicios de sus anteriores formaciones.

Finalmente, están los revolucionarios de toda la vida, los más íntegros y consecuentes, los que han logrado combinar una decidida y permanente disposición para el combate por la justicia con la ética humanista fundamentada en el sentido de responsabilidad personal y social, el amor al prójimo y la solidaridad con sus semejantes. Pero además, Quienes rechazan cualquier compromiso con el statu quo, cualquier autoridad no destinada directa y exclusivamente a oponerse frontalmente al capitalismo, son ciertamente revolucionarios en el sentido más literal del término (Hobsbawm, ob. cit., p. 348).

  1. Los liberales y conservadores

Enfrentados a la acción de revolucionarios y progresistas están los reaccionarios tanto liberales como conservadores. En política, se denomina conservadurismoal conjunto de doctrinas, corrientes, opiniones y posicionamientos, generalmente de centro-derecha y derecha, que favorecentradiciones y que son adversos a los cambios políticos, sociales o económicos radicales. En lo social, los conservadores defienden valores familiares y religiosos. En lo económico, los conservadores históricamente se posicionaron como proteccionistas en oposición al librecambismo económico. El término «conservador» fue introducido al vocabulario político porChateaubriand en 1819 para referirse a quienes se oponían a las ideas antecedentes y resultantes de la Revolución francesa o, más en general, a las ideas y principios que emergieron durante la Ilustración,  y que en cierta medida planeaban la restauración del Antiguo Régimen.(www.wikipedia.org)

Por su parte, el liberalismosurgió de la lucha contra el absolutismo, inspirando en parte en la organización de un Estado de derecho con poderes limitados que idealmente tendría que reducir las funciones del gobierno a seguridad, justicia y obras públicas y sometido a una Constitución, lo que permitió el surgimiento de la democracia liberal  durante el siglo XVIII, todavía vigente hoy en muchas naciones actuales, especialmente en las de Occidente. El liberalismo normalmente incluye dos aspectos interrelacionados: el social y el económico. El liberalismo social es la aplicación de los principios liberales en la vida política de los individuos, como por ejemplo la no intromisión del Estado o de los colectivos en la conducta privada de los ciudadanos y en sus relaciones sociales. Mientras que el liberalismo económico es la aplicación de los principios liberales en el desarrollo material de los individuos. Al promover la libertad económica, el liberalismo despojó de las regulaciones económicas del absolutismo a las sociedades donde pudo aplicarse, permitiendo el desarrollo natural de la economía de mercado y el ascenso progresivo del capitalismo. (Ibídem)

En efecto, históricamente se ha argumentado que en su origen existían diferencias sustanciales entre el conservadurismo tradicional y el liberalismo clásico. Pero actualmente algunos investigadoresobservanque las diferencias entre las versiones modernas o neos de estas dos doctrinas son menos claras que en el pasado, ya que durante siglo XX la lucha de clases entre proletariado y burguesía obligó a los liberales a ser más cautos y a los conservadores a dar marcha atrás. Así, algunos de los partidos conservadores adoptaron posiciones liberales al fusionarse con partidos de esta tendencia, aliados en la defensa del sistema socio-económico capitalista. En tanto que el liberalismo sufrió a su vez una cierta variación al hacerse de forma creciente conservador en lo político y liberal, como siempre, en lo económico. De tal suerteque hoy las diferencias que se observan entre estas dos corrientes no son propiamente de orden ideológico, sino otras mucho más mundanas o pueriles como las que se manifiestan por rivalidades y competencias en el reparto de cargos en la administración del estado, en los beneficios otorgados por las políticas públicas y los presupuestos de la nación, o por el control de los parlamentos.

En consecuencia, ya son muy escasos los partidos políticos que se confiesan liberales o conservadores, y mucho menos derechistas, por lo que generalmente estos suelen acudir a ciertas marcas copiadas de conceptos genéricos que pueden servir para todo, tales como: Justicia o justiciero; Democracia o demócrata; República o republicano; Nación o nacionalista; Progreso o progresista; Social o socialista;Pueblo o popular. ¿Puede usted tragartamaña ironía de un partido político burgués y elitescollamándose popular? En todo caso, no son las denominaciones caprichosas las que realmente identifican a una agrupación cualquiera, sino los intereses que defiende y las acciones concretas que despliega. De todas maneras un partido burgués liberal, conservador o fascista es fácilmente reconocible. Más inasible, sin embargo, resultan los llamados partidos Social-algo (p. e.: Social-liberal; Social-demócrata; o Social-cristiano),dado que la conducta política de esta gente puede variar desde un declarado liberalismo hasta el más desvergonzado acompañamiento del fascismo.

Entonces, salvo como un ejercicio mental un poco ocioso, en realidad no interesan mucho las teorizaciones de los ideólogos conservadores y liberales sobre la prevalencia del individuo, la libertad, la razón, la tradición, etcétera, si la práctica de sus respectivos gobiernos no muestra diferencias sustanciales entre ellos. Básicamente, sus gobiernos no han cejado en el empeño de posibilitar y proteger la acumulación y centralización del capital; de fortalecer y ampliar la propiedad privada, el mercado y el sistema capitalista en general; de inculcarle a todo el mundo su ética autoritaria basada en un dirigismo político e intelectual; de aplicar políticas públicas elitistas y excluyentes; de desplegar la acción imperial de sus estados policial-militar-tecnológico para espiar, invadir y conquistar a otros países; de reprimir las luchas populares por la independencia y la soberanía de las naciones. En fin, tal como observa el profesor Felipe Giménez Pérez:

Diríase que la burguesía cierra filas en torno a unos valores muy simples que han caracterizado las señas de identidad de sus intereses y falsas representaciones o Weltanschauung. El liberalismo confluye así con el conservadurismo y el tradicionalismo. Es el mismo liberalismo clásico sólo con menos libertad política. Esto es insistir en los intereses básicos de la burguesía esta vez monopolista de Estado: propiedad, libertad económica, mercado, sin insistir en los aspectos emancipatorios políticos del liberalismo clásico, pues ya no está la cosa como para alegrías, además, teniendo el control y el poder como clase dominante, ni qué decir tiene que el interés se centrará en defender sus intereses en el mercado a toda costa, homogeneizando su posición en torno a un programa muy simple: mercado, propiedad y orden. Su retórica anticomunista nos recuerda al conservadurismo reaccionario clásico y al fascismo. En la defensa de sus intereses, la burguesía es esencialmente homogénea (Felipe Giménez Pérez, THEORIA / Proyecto Crítico de Ciencias Sociales Universidad Complutense de Madrid, en http://www.ucm.es).

4.Los instrumentalistas y el sistema político

En uno de sus estudios en psicología social, Herbert Kelman (Trillas, 1997) sugiere que en toda nación existen distintas maneras en las que los individuos se relacionan con el estado nacional y perciben la legitimidad del sistema político. Estas distintas maneras estarían mediadas por determinadas fuerzas motivacionales que son las que permiten movilizar la conciencia nacional y crear las lealtades más altas que la vincula. Las dos fuentes de vinculación o lealtad al sistema serían la sentimental y la instrumental.

Según Kelman, un individuo está apegado sentimentalmente al sistema nacional cuando lo ve como que lo representa y siente que su propia identidad está estrechamente ligada a él. Para el apegado sentimentalmente, el sistema es legítimo y merecedor de su lealtad porque es la encarnación de un grupo en el que está anclada su identidad personal. Los lazos sentimentales se manifiestan en la lealtad que en todo momento  y circunstancias, no importan dificultades o dilaciones, estas personas despliegan en relación con la Nación y su sistema político.

Mientras que un individuo está apegado instrumentalmente al sistema nacional cuando lo ve dedicado a, y capaz de, satisfacer las necesidades e intereses de la población. Así, los lazos instrumentales estarían relacionados, entre otras cosas, con la efectividad que debería lograr el sistema político o el gobierno en la satisfacción de las necesidades e intereses de los ciudadanos.

Teóricamente, se espera que las dos fuentes de apego al sistema estén presentes a la hora de tomar una decisión política. Sin embargo, también pueden manifestarse versiones extremas de esas dos tendencias: la puramente sentimental y la exclusivamente instrumental. Estas versiones, por ser extremas, generalmente terminan actuando cada una por su lado. De las dos versiones extremas la más problemática sería la última de ellas, dado el carácter inconsecuente e imprevisible en la conducta de quienes la encarnan, pues estos individuos, según la ocasión y los intereses en juego, suelen pasar con la mayor facilidad de un apoyo interesado a la más completa indiferencia y abstención, como también al más impúdico salto de talanquera o traición.

Lo característico en la relación exclusivamente instrumental es la norma Si tú me das, yo te doy. ¿Cómo podemos identificar a estos individuos instrumentalistas? Muy fácil, es el empleado-burócrata que te interroga: ¿Cuánto hay pa eso?; O el desarraigado-damnificado que proclama: ¡Si no me dan una casa, no voto!; O el beneficiario de la asistencia pública que sentencia ¡Como no me pagan a tiempo, yo paso!; Súmese a ellos el sindicalista o el jefe de algún ente oficial, acosado por sus clientes-contratistas, que advierte: ¡Si no me bajan los recursos, yo y mi gente no vamos para el baile!; Ah, y también la señora sicótica que por la escasez del producto refunfuña con ironía: ¡No hay papel higiénico, pero tenemos patria! Como si los dos elementos fuesen equivalentes. Y así por el estilo.

Como se puede observar, estos especímenes instrumentalistas fundan su conducta exclusivamente en la denominada ética de los intereses materiales individuales, lo que los invalida de participar en cualquier proyecto nacional colectivo.

  1. Los ninis en la política

Si bien en su significado original el término ni-ni hacía referencia al sector de la población que por decisión propia o por motivos involuntarios no estudia ni trabaja, en la actualidad este mismo término también se emplea para hacer alusión a los individuos que proclaman su independencia de cualquier corriente ideológica u opción política en pugna.

A pesar de que este último grupo social ha recibido muy poca atención de parte de los investigadores, se estima que la cifra de personas que se autodefinen comonini podría representar aproximadamente el 30 por ciento de los electores. En algunos estudios descriptivos se señala que este grupo, en general, muestra unas características específicas que es importante identificar. A saber:

  1. No es un conjunto uniforme de individuos, pueden ser jóvenes o adultos, y forman parte tanto de las clases media como baja.
  2. A pesar de que aparentemente optan por una posición indiferente a la realidad, en situaciones de crisis casi siempre terminan por inclinarse hacia aquellas opciones que perciben como las más probables de brindarles seguridad, particularmente la seguridad económica.
  3. Por su falta de posicionamiento o compromiso político se convierten en una población muy vulnerable para ser captadas por organizaciones agresivas y con intereses específicos, predominantemente los de la derecha.
  4. En la política doméstica suelen autoproclamarse como democráticos e institucionalistas, pero en la realidad más bien demuestran ser profundamente conservadores al oponerse constantemente a cualquier cambio del status quo.
  5. Una conducta similar muestran con respecto a la política internacional, cuando las preferencias de los ninis se inclinan definitivamente por los intereses y pretextos de los países más fuertes y hegemónicos, en tanto desestiman y hasta critican las luchas de los pueblos y clases sociales menos favorecidos.

Si esto es así, entonces no debe extrañarnos el fenómeno de que en medio de las crisis del capitalismo, que periódicamente azotan a Europa, este sector de la población mayoritariamente vote por el orden, con lo cual siempre han contribuido al triunfo electoral de los partidos de la derecha.

Por nuestra parte, en el reciente acontecer político venezolano, se ha intentado utilizar a este grupo de los presuntos ninis como una cuña para romper la polarización política que actualmente divide el país. Sin embargo, este ensayo no ha tenido el resultado que los alquimistas de la política esperaban, básicamente porque ellos no tomaron en cuenta las características específicas demostradas por este sector de la población electoral. Pues en realidad parece que los ninis están más de un lado que del otro.

Anlapp1@hotmail.com

Noviembre, 07 de 2013



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