Después de 40 años colocan a Assata Shakura en la lista de terroristas más buscadas


Reseña de "Assata Shakur, Una autobiografía"
La autobiografía (imprescindible) de una admirable activista afroamericana internacionalista

Assata Shakur, Una autobiografía. Capitán Swing, Madrid, 2013, 390 páginas, prefacio de Angela Davis, traducción de Ethel Odriozola y Carmen Valle (edición original 2001), 390 páginas.


Assata Shakur [AS], nacida en 1947, fue uno de los objetivos centrales de Edgar Hoover. Se trataba de difamar y criminalizar las organizaciones negras de liberación, a los Pant eras Negras y al Ejército Negro de Liberación en particular, y a sus líderes. AS pasó cuatro años en la cárcel antes de ser condenada por el asesinato del policía estatal Werner Foerster y del compañero activista Zayd Shakur en 1977, con pruebas muy poco sólidas. AS fue acusada del asesinato del policía a pesar de haber recibido un tiro en la clavícula que la inhabilitaba para disparar. Tampoco se encontró ningún rastro de pólvora o arsénico en sus ropas. El juicio contra ella, como ha explicado Lennox S Hinds, su abogado, autor del prólogo del libro, se celebró sin respetar ninguna garantía procesal. Los miembros del jurado, todos ellos, eran blancos, y los medios de comunicación habían diseñado y realizado una intensa campaña previa de criminalización. Sin ninguna evidencia contra ella fue condenada.
Dos años después de la condena, AS escapó de la cárcel. Pidió asilo político y lo obtuvo finalmente cuatro años después. Anteriormente, enjuiciada por seis causas distintas, había sido golpeada y torturada durante su encarcelamiento en varias prisiones federales. En mayo de 1973, por ejemplo, mientras estaba en estado crítico y esposada a la cama, las autoridades locales y la policía federal trataron de interrogarla acerca del tiroteo en una autopista de Nueva Jeysey en el que murió el policía

Sirva lo anterior de breve preámbulo. Lo esencial de esta reseña se puede decir en apenas dos líneas: la autobiografía de AS, nacida como JoAnne Deborah Byron Chesimard, lectora de Hesse, Castro, Marx, Guevara y Ho Chi Mi nh, es uno de los textos más imprescindibles que el firmante de esta nota ha leído en estos últimos años. No se la pierden. Ni es exageración ni es pasión ciega, ni siquiera devoción sentida, afirmar, como se apunta en la contraportada del volumen, que su libro debe ocupar, ocupa ya, un lugar destacado junto a la Autobiografía de Malcolm X y las obras de Maya Angelou

Una autobiografía está compuesto de 21 capítulos, un epílogo, un glosario, una cronología, un magnífico prefacio de Angela Ivonne Davis (actualmente profesora Filosofía en la Universidad de California en Santa Cruz, liberada en la década del 70 gracias a la enorme ola mundial de protestas que provocó su encarcelamiento) y un prólogo no menos excelente de Lennox S. Hinds, y está escrita con fuerza y prosa excelente. Dos historias distanciadas en el tiempo confluyen poco a poco en un mismo punto. No se pierdan los poemas con los que AS finaliza la mayoría de los capítulos del libro ni la maravillosa fotografía de la página 25. Empiecen, si así les parece, por el poema –“Afirmación”- de la página 24, da sentido al libro y a la vida de su autora: “[…] Creo en vivir/ Creo en el nacimiento./ Creo en el sudor de amar y en el fuego de la verdad. / Y creo que un barco perdido/ guiado por marinos exhaustos, mareados/ aún puede ser dirigido para que regrese/ a puerto.”

El prefacio de Angela Y. Davis se abre con estas palabras: “En los años sesenta, mientras Assata se encontraba a la espera de juicio acusada de complicidad en un asesinato, yo participé en un acto benéfico en la universidad de Rutgers, en New Brunswick, Nueva Jersey, con el fin de recaudar fondos para su defensa. En aquel moment, ella se encontraba en la cercana cárcel de hombres del condado de Middlesex”. Se cierra con estas otras: “Assata nos habla a todos y cada uno de nosotros, en particular a aquellos de nosotros que están recluidos en una red global creciente de prisiones y cárceles. En un momento en que el optimismo ha retrocedido en nuestro vocabulario político, Assata nos ofrece regalos de valor incalculable: esperanza e inspiración. Sus palabras nos recuerdan, como una vez comentó Walter Benjamin, que la esperanza se nos ha concedido sólo por el bien de aquellos que no la tienen” (p. 11). Que Angela Davis, que la admirable compañera Davis donde jamás podrá habitar nuestro olvido, haya reparado en este aforismo de Benjamin es más que significativo.

Luis Martin-Cabrera –“La doble pedagogía del Imperio. Assata Shakur y Cuba en la lista de terroristas más buscados”- ha recordado las palabras que AS escribió en una carta abierta dirigida al Papa Juan Pablo II con motivo de su visita a Cuba en 1998 y a raíz de la petición de extradición del gobierno de Estados Unidos: “Me llamo Assata Shakur, nací y me crié en los Estados Unidos. Soy descendiente de africanos secuestrados y traídos a las Américas como esclavos. Pasé mi primera infancia en el sur racista y segregado. Más tarde me mudé al norte del país y me di cuenta de que allí los negros eran igualmente víctimas del racismo y la opresión. Crecí y me transformé en una activista política, participé en las luchas estudiantiles, en el movimiento contra la guerra y, sobre todo, en el movimiento de liberación de los afroamericanos en Estados Unidos. Después me afilié al Partido de las Panteras Negras, una organización que fue perseguida por el programa COINTELPRO, un programa creado por el FBI para eliminar toda oposición a las políticas del gobierno estadounidense, destrozar el Movimiento de Liberación Negra en los Estados Unidos, desacreditar a los activistas políticos y eliminar a sus potenciales líderes…En este momento creo que es importante dejar algo muy claro”. Lo que AS quiso dejar muy claro: “He abogado y todavía abogo a favor de cambios revolucionarios en la estructura y los principios que gobiernan los Estados Unidos. Defiendo la autodeterminación de mi pueblo y de todos los pueblos oprimidos dentro de los Estados Unidos. Abogo por el final de la explotación capitalista, la abolición de las políticas racistas, la erradicación del sexismo y la eliminación de la represión política”. Añadió finalmente: “Si esto es un crimen, soy totalmente culpable”

Pero hay más. En 1979 Shakur escapó de la prisión de Clinton, en New Jersey, y recibió asilo político en 1984. La persecución siguió. En mayo de 2013 -¡2013!- el FBI y el fiscal general del estado de New Jersey han redoblado su agresión situando a Assata Shakur en la lista de los 10 terroristas más buscados. Ofrecían 1 millón de dólares hasta ese momento; ofrecen ahora 2 millones de dólares por su captura. Como en los viejos tiempos del Oeste salvaje: “¡Se busca!”

¿Qué sentido tiene entonces, cuarenta años después, colocar a Assata Shakur en la lista de terroristas más buscadas?, ¿qué tipo de amenaza representa Shakur para la seguridad de los Estados Unidos?, se ha preguntado, nos ha preguntado Luis Martín-Cabrera. Su razonable y sentida respuesta: “creo que en esta decisión hay una pedagogía doble del imperio, un mensaje hacia dentro y hacia fuera, una llamada de atención para paralizar los movimientos de resistencia y emancipación en Estados Unidos y en América Latina que pone en el punto de mira y en una situación de extrema vulnerabilidad a la activista afroamericana.”

En 1984, como se apuntó, le fue concedido asilo político a Assata Shakur en una isla del Caribe. Allí sigue viviendo, allí escribió su autobiografía. ¿Conjeturan el nombre de la isla? Han acertado, el país donde también vivió Ernesto Guevara. Así describe AS su llegaba a la isla: “A medida que el avión descendía sobre La Habana, el corazón se me iba a salir del pecho. Me dolía el estómago. La boca, seca como una alpargata. Me pareció que salió un millón de personas antes de que aquella niña alta de ojos grandes bajara por la rampa. Y ahí estaba mi madre [Un hermoso poema a ella dedicado puede leerse en las páginas 269-271], con aspecto frágil pero decidido. Y mi tía detrás, con aire triunfante. Habíamos pasado tanto… Nuestra lucha había comenzado en un barco de esclavos incluso antes de que naciéramos”. A AS le vino a su cabeza “Venceremos”, su palabra favorita en castellano. “Diez millones de personas se habían enfrentado al monstruo, diez millones de personas a menos de ciento cincuenta kilómetros. Y aquí estábamos, mi pequeña familia, juntas de nuevo en su tierra, abrazándonos después de tanto tiempo. No cabía duda, un día nuestra gente sería libre. El mundo no pertenecía a los cowboys y a los bandidos” (p. 375). Cuba, lo escribe así, es un país de esperanza para ella. ¿Para quién no?

Su abogado, Lennox S. Hinds, señala en su presentación: “Os animo ya a que entréis en el alma y el corazón de Assata Shakur, quien a pesar de todo lo que le ha sucedido, conserva su idealismo original y la confianza en que las personas de principios pueden conseguir juntas el cambo por el bien común de los pueblos del mundo” (p. 22). Las hago mías, como también hago mías -¿cómo si no?- sus hermosas palabras de agradecimiento. “Querida hermana, gracias por enviarnos tu voz tan vital y por compartir con nosotros tu pasión y tu compromiso. Mientras tanto, nosotros en esta sociedad tenemos que recordarnos una vez más como ponemos en peligro nuestros propios intereses y derechos cuando condonamos con nuestro silencio el uso por parte del gobierno de tácticas de vigilancia, ataques contra la legitimidad de los activistas políticos, y el uso del Derecho criminal para suprimir y castigar la disidencia política.”

“Invictus” era, tal vez lo siga siguiendo, uno de los poemas preferidos de la compañera Assata Shakur.

PS: Esta información de La Jiribillla del pasado 4 de junio de 2013 demuestra, una vez más, la grandeza poliética de Angela Davis: “Es escandaloso que hombres que trabajaron para evitar actos de terrorismo fueran acusados de terrorismo. En Cuba esas acciones costaron miles de víctimas”, afirmó la prestigiosa luchadora durante un encuentro ecuménico cultural en la iglesia St. Stephen, como parte de la Segunda Jornada 5 días por los 5, en Washington D.C. La activista señaló que el caso de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René reveló “los patrones de fraude de la democracia estadounidense”. Davis alentó la creación de un movimiento masivo “para que nos escuchen y liberen a los cuatro que continúan tras las rejas”. La prestigiosa intelectual exigió al presidente Obama que levante el bloqueo a Cuba y aseguró que “apoyar la causa de Los Cinco es apoyar también la de Palestina, la lucha contra el sexismo y el racismo, por la salud y la educación”. La manipulación que ha rodeado el caso de los Cinco Héroes fue igualmente denunciada. En opinión de Davis, el encarcelamiento de estos cubanos no es más que una “represalia contra lo que Cuba representa”.


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