Lecturas de papel

País de eslóganes

Esto de los lemas o consignas (slogan = grito de guerra) como carta de presentación de la vida política es una práctica que cada vez resume lo que es nuestra sociedad venezolana: un enrevesado catálogo de malos gustos y peores desempeños.

De los tantos eslóganes que recuerdo uno de ellos, particularmente, me parece de lo más obsceno y racista. Era la campaña de Rafael Caldera, aparecía en grandes afiches la imagen de un niño negro, pobre, mal alimentado y todo harapiento. Debajo de la foto se leía: ¨Por mí, vota verde¨. Ya en esos años se usaba la imagen de la pobreza vinculada con la práctica política para ganar votos.

Después recuerdo cuando el candidato de la izquierda, José Vicente Rangel usó su parecido físico con el beato José Gregorio Hernández, con traje negro y de corte ¨prêt-à-porter¨ (listo para llevar) para atraer a la ortodoxia derechista y curera. Después se inició el ciclo con los candidatos y su vinculación con los animales, como El tigre Eduardo Fernández, o El gato Briceño, quien fue gobernador de Monagas, o aquel zamurito del sur de Guayana. Lo cierto es que cada ministerio, cada gobernación, cada alcaldía y cada institución del Estado venezolano se le conoce por un lema o consigna.

Es tan obscena y ridícula esta práctica que toda, absolutamente toda construcción de infraestructura, sea desde una simple cancha de bolas criollas, en la época del presidente Luis Herrera Campíns, hasta las escasas edificaciones de este gobierno, pasan por la colocación de un eslogan, que, como estribillo de una mala canción, se intenta que se quede grabada en la mente de quien la lee. Sobra decir que a la entrada de cada estado de este país existe una valla, un cartel, un pedazo de trapo, con la consigna que identifica la gestión del mandatario regional.

Los vehículos oficiales, las sedes de las instituciones y hasta en las identificaciones que usan los funcionarios en las oficinas públicas, tienen la consigna que supuestamente otorga, como por arte de magia, la capacitación gerencial al individuo.

Pareciera que los lemas o consignas son una especie de talismán, de escapulario, de sagrada protección contra malos augurios. El acto de mayor esfuerzo e intensidad intelectual que un mandatario puede generar, cuando se instala en su nuevo cargo, es escribir su lema o consigna…y cambiar el mobiliario de la oficina que debe usar. Del resto, usted puede corroborar cómo pasan los días, las semanas, meses y años escuchando y leyendo por todo su ámbito geográfico, la sagrada escritura de su consigna que se lee y escucha permanentemente, sea por prensa, radio, cine o televisión.

No creo que a los políticos de este país se les pueda pedir más de lo que pueden dar, más allá de generar una consigna o lema. Los hay vinculados con las realidades de la ingeniería cibernética, como sinónimo de actualización y progreso o aquellos vinculados a la gerencia.

El uso de los eslóganes otorga a los políticos que asumen posiciones en el gobierno del Estado venezolano, una especie de capacidad ¨virtual¨ según la cual, por el sólo hecho de mencionar determinadas palabras (pueblo, revolución, patria, progreso, gerencia, dignidad, capacidad, integridad, etcétera) les asiste, no tanto la razón, como el poder de solucionar los problemas de los ciudadanos y sus comunidades. Triste engaño para esos políticos que creen tener la solución en palabras.


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Juan Guerrero


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