Chávez: “Nos quedamos cortos en el contraataque...”

Es urgente fortalecer la gestión comunicacional del Estado

Es intenso el esfuerzo que la inmensa mayoría de los medios radioeléctricos y escritos del país hacen día a día para generar la matriz de opinión de que el gobierno es incompetente a extremos inconcebibles y además de ello arbitrario, violador de los derechos humanos, de la propiedad privada por su decidida voluntad política de exterminar el latifundio y, entre otras acusaciones más, sin prueba alguna, auspiciante de la caída de los gobiernos de Sánchez de Lozada en Bolivia, de Gutiérrez en Ecuador, proveedor de armas a la guerrilla colombiana y, en fin, el mayor desestabilizador de la región, dentro de la inmodificable estrategia que han seguido desde que Chávez asumió el poder en 1998 para erosionar su gobierno y provocar así su derrocamiento.

Ciertamente, es atroz la arremetida mediática muy bien concertada con los factores más retrógrados de la sociedad en procura de ese objetivo. La mentira, la manipulación y el ocultamiento de la información es una constante en casi todos los medios de comunicación del país, lo que, por paradójico que parezca, les ha causado inmensos daños económicos a las respectivas empresas que los manejan, simple y llanamente porque han perdido credibilidad y con ello la audiencia y los lectores que en épocas pasadas les garantizaban una importante y fabulosa cartera de anunciantes.

Pero no es nuestra angustia el descalabro que ha llevado a la quiebra a algunos cuantos diarios (Así Es la Noticia, El Globo, etcétera) o que algunos han se han visto en la obligación de agenciarse nuevas asociaciones con miras a evitar quiebras que se hacían inevitables (caso El Nacional), sino insistir en nuestra prédica de que se hace urgente e impostergable diseñar una política de Estado ágil y efectiva para contrarrestar tanta ferocidad mediática, pues a la fecha nuestro proceso revolucionario ha fallado, es decir, no ha dado la talla y aun cuando podamos jactarnos de decir, con toda propiedad, que quienes están detrás de esa campaña ya no tienen o tienen muy poca audiencia, el asunto reviste, desde nuestra óptica, relevante importancia a la cual hay que prestarle muchísima atención, pues la misma ha sido concebida, sin que tengamos dudas al respecto, para venderla en el exterior, en donde sí es posible articular un plan de desgaste y de apoyos cómplices de muy diversos matices que haga posible una agresión armada contra nuestro país y de esa manera dar al traste con el gobierno revolucionario, tal y como ocurrió en los casos de Afganistán e Irak.

Hay quienes aseguran que las condiciones objetivas del momento son las menos favorables para que Washington se atreva a dar semejante paso, pero no olvidemos que sus actuales gobernantes (y pasados también) han dado infinitas muestras de que sus planes de dominar y controlar el mundo no será alterado bajo ninguna circunstancia. Podrá haber cambios de estilo, diferentes modos de enfrentar tal reto, pero no será posible, mientras el imperio sea tal, pensar que nuestra decisión de manejar nuestros propios asuntos de manera soberana no tendrá sobresaltos y la amenaza latente de sus esfuerzos por impedir que seamos libres. Y es por esto que una política acertada en materia comunicacional se hace imprescindible para que esa posibilidad de agresión directa contra nuestro país se haga cada vez menos posible, contrarrestando con la mayor contundencia tanta infamia y tanto descaro.

La decisión de salir de Chávez de cualquier manera ha sido tomada desde hace mucho tiempo por el gobierno de Bush y en nuestro país el poder mediático y la oposición toda, con algunas muy contadas excepciones, no solamente la avalan, sino que son parte de la estructura diseñada para implementar y llevar a cabo todas las acciones que sean necesarias para que la misma tenga éxito. Hasta el momento han fracasado estruendosamente, como les ocurrió con el golpe de Estado de abril/02, con el paro terrorista de enero/02 y febrero/03, con la toma de la Plaza Altamira por militares de alto rango y sus llamados a la sublevación durante largos meses, así como con los actos vandálicos y guarimberos aupados por la llamada “sociedad civil”, pero no han desistido de seguir la misma ruta, convencidos de que en algún momento lograrán el objetivo.

Basta con leer la prensa diaria y escuchar y ver los espacios informativos y de opinión de los canales privados de radio y televisión, para apreciar la magnitud de tal campaña sin que podamos sentir y palpar del lado del gobierno una acción rápida para contrarrestarla y no sólo eso, sino que buscamos los portales de nuestros organismos públicos en la red para encontrar las respuestas a las grandes mentiras que nos venden como verdades y resulta que, en su inmensa mayoría, tienen un atraso que nos resulta increíble y, lo que es peor aún, las opciones interactivas que ofrecen (los llamados “links” en la jerga informática) para que los usuarios hagan las sugerencias que estimen necesarias o para encontrar respuestas a cuanta inquietud les genere curiosidad o gran angustia, nadie las atiende, lo cual pone en evidencia, al menos, una total indiferencia de parte de las más altas instancias de las gerencias respectivas frente a tan fabuloso adelanto tecnológico comunicacional, aun cuando no hay razones para no pensar que los funcionarios encargados de atenderlas o son quinta columnas al servicio del esfuerzo desestabilizador de la oposición o, a todo evento, son unos irresponsables de marca mayor.

El domingo pasado el Comandante Presidente reiteró sobre el tema su gran inquietud, tanta que dijo, luego de referirse a esa agresión mediática bárbara de la oposición golpista: “Nos quedamos cortos en el contraataque...”, no hemos sido, agregó, palabras más, palabras menos, capaces de desmontar esa avalancha de falsedades, muchas de las cuales rayan en la mayor ridiculez.

Ojalá y esa nueva advertencia que ha hecho el Presidente sea rigurosamente atendida por quienes tienen en sus manos la altísima responsabilidad de adecuar la política comunicacional del Estado a la defensa permanente de la institucionalidad de la democracia, como única opción para que la revolución continúe su tránsito victorioso hacia la conquista de una sociedad de justicia y libertad plenas, donde los venezolanos podamos decidir nuestro propio destino sin tutelajes de ninguna índole.

Pero más allá de implementar óptimos mecanismos para enfrentar sin dilación alguna las falacias de la guerra mediática, aupada al máximo por Washington, se impone igualmente diseñar y poner en marcha espacios informativos sobre sucesos nacionales e internacionales que le hagan, con audacia revolucionaria, una real y efectiva competencia a Globovisión y a CNN, monstruos gigantes que mienten sin límite alguno todas las 24 horas del día porque tienen como objetivo único y específico alterar la realidad, confundir y generar la mayor zozobra en beneficio de una política de control y dominio absoluto de nuestros pueblos.


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Iván Oliver Rugeles


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