La atípica navidad venezolana fue sin duda la mejor de todas las que he
vivido hasta el momento. Una navidad plagada de colas, de silencio, de
austeridad. Una navidad donde no se asomó por ninguna parte la emblemática
CocaCola con sus tradicionales promociones, incitándonos a consumirla y
donde brillaron por su ausencia los majestuosos adornos de los centros
comerciales, que son evidentemente, la parada obligada de todo consumista
regalador navideño. Mc'Donals tampoco pudo ofrecer un regalo sorpresa en la
Cajita Feliz que grandes y chicos coleccionan; y ni Subway ni Pizza Hut
pudieron experimentar el bajón tradicional en sus ventas que produce la
época decembrina.
Sin embargo, nuestra madre, la gran patria Venezuela, dio grandes regalos a
sus hijos, quienes por cierto, ya pasan de niños a adolescentes y deben
entender que mami ha de trabajar duro para comprar los obsequios de la
época. Venezuela, nuestra mami nos regaló una bella navidad. Aunque mami
Venezuela es muy rica, joven y hermosa, esta navidad nos obsequió el regalo
maravilloso de la verdad y la libertad ante los ojos atónitos de sus hijitos
al observar y vivir que ya no tendríamos a la Cola, a Mc´Donals o al Sambil,
a quienes nos tenía bastante acostumbrados. Ahora la tenemos a ella, en su
dimensión real: La patria más grande, más noble y más recia de este mundo.
Una mami que nos demostró porqué unos pocos eran muy ricos y otra gran
mayoría tan pobre. Una mami que nos está enseñando que el más valioso tesoro
no está en lo externo, lo banal, lo superfluo sino que está en la felicidad
de compartir y vivir en armonía con los demás. También nuestra mami nos ha
dado una gran noticia: preñada de sueños y esperanzas por muchísimo tiempo,
se acerca el momento de dar a luz a una nueva sociedad. Como la soñó
Bolívar, Sucre, Miranda, Zamora, y tantos otros. Como la anhelan los eternos
amantes de la libertad que han dado más que sus vidas, sus almas y sus
sueños. Esta nueva sociedad que está por nacer, es absolutamente original;
nueva en valores, principios y formas de vivir. Una nueva sociedad que tal
vez algunos cataloguen de comunista, socialista o que sé yo, pero sin duda
una sociedad más justa y equitativa donde reine la paz y la igualdad.
Tal vez uno de los más importantes regalos fue el comprobar que la unión y
el amor forman una fuerza indestructible; que en verdad el pueblo es
soberano, tiene voz, tiene presencia y su opinión ha de valer; que debemos
buscar en nosotros mismos la razón del descontento, la escasez y el
malestar, porque mami Venezuela, lo tiene todo y todo nos lo da. Llegó el
momento real de aprender a amarnos como comunidad, de respetarnos, de
escucharnos y de abrir espacios para la convivencia al margen de nuestras
diferencias. Es sin lugar a dudas la atípica navidad más hermosa, más
versada en lecciones, que tal vez como niños no podíamos entender, pero que
siendo adolescentes ya podemos al menos analizar.
Como en toda gran familia, algunos no se sentirán igual: habrá hijos
descontentos, llenos de odio e irreflexión. Por suerte para mami Venezuela,
la mayoría de sus hijos sí entendió, y por ello seguiremos luchando por y
con ella, ayudándola en estos momentos en el que el parto se le acerca y la
debemos auxiliar. Mami, es sabia, paciente y nos dará la fuerza para
perseverar. La mitad del camino ya está andado, sólo falta consolidar.
La protagonista de la época fue nuestra hermosa mamá: Venezuela, con sus
negros, sus blancos, sus indios, sus gochos, sus llaneros; con sus
escuálidos enfurecidos y sus chavistas alegres; con sus selvas, sus
montañas, sus ríos, sus calles; con sus llantos y sonrisas, la madre, la
patria, es hoy el centro de nuestro corazón y la razón de nuestro andar. Es
la que nos espera cada mañana reposando en su aposento para darnos el
impulso necesario a seguir avanzando. Ella, nuestra madre, nos ha regalado
la mejor navidad.
¡FELIZ AÑO 2003 PARA TODOS!