¿Qué se puede hacer con el Psuv, camarada Diosdado?

Murió el MVR, cundido como estaba de todos los aluviones universales desde los tiempos bíblicos, hasta la última batalla del golpe del 2002 cuando sacaron al mafioso de Luis Miquilena.

Recuerdo que Miquilena se dedicó a llenar ciertos cuadros del MVR con arribistas abominables, y se opuso fieramente a que la bases para nada decidieran dentro de la estructura de aquel movimiento. Fue así como se instalaron personajes como Luis Velásquez Alvaray, aquel ex ministro catastrófico de Arnoldo Márquez, aquel Rubén Ávila y su cohorte de logreros entre los cuales encontramos al mismísimo Florencio Porras. La lista es para provocar vértigo, si recordamos también al Ernesto Alvarenga y al Alejandro Armas, etc., etc.

El Comandante Chávez nada podía hacer con aquel pelotón de tortuosos camaleones y carcamanes que se le habían colado en el movimiento y que por ser los más audaces y atrevidos, los más inescrupulosos, llegaron a copar casi todos los altos cargos del movimiento. Entonces se optó por crear el Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, con un congreso, con principios, ideales y proyectos de cambios radicales. Se habló luego de la Misión Moral y Luces, para la formación ideológica que nunca funcionó. Y el partido no pudo casi nada contra la vieja burocracia enquistada en el MVR, y el mal dentro de la estructura partidista quedó prácticamente intacto. Nunca tampoco se llamó a las bases para discutir ni decidir nada. Muchos de los valiosos dirigentes de los barrios, de las comunidades quedaron desplazados. Y comenzó una guerra sorda por cogerse los cargos, por crear parcelas de poder, de formar cada dirigente su propia sección de comando personal, y la organización se fue por los suelos. Entonces ocurrió un fenómeno de desintegración espantoso. Los grupúsculos personalistas se entregaron a una guerra interna que produjo un cisma debilitante, pavoroso, que jamás les permitió enfrentar a la derecha y a los enemigos de la revolución, sino que todas sus energías las utilizaron para permanecer eternamente en el poder con sus compadritos, amiguetes y con sus cargos, y entregados a la vil intriga, a la zancadilla y al negocio del escarnio contra sus propios camaradas. Y casi todos los buenos, los mejores, fueron espantados de la organización.

Y se vino a dar el caso entonces que muchos redomados escuálidos comenzaron a colarse en los cargos de la administración pública, ante la mirada indiferente y cómplice de esos mismos compañeros de partido. Ante aquel doloroso caos, ingresaron a la organización horribles empresarios ladrones (de maletín). Y fueron recibidos como dioses. Nadie podía osar criticarlos porque te exponían a ser señalado de infiltrado y de criminal enemigo del proceso, de contrarevolucionario.

El Comandante Chávez no podía estar en todo, y mientras tanto esta gente fue progresando en sus métodos perversos y en sus felonías, y llegaron a niveles insólitos en los estamentos del poder.

Y toda la ocupación de la maquinaria se dedicó única y exclusivamente al asunto de los procesos electorales con el consabido método de las promesas típicas del puntofijismo. Luego de los triunfos, se olvidaban del pueblo y se entregaban a sus negociados. Y todo aquello el pueblo lo sufrió y lo toleró por inmenso amor al Presidente Chávez, aquel líder oceánico, sideral, sublime y supremo que todo lo arrostraba y que todo lo vencía a su paso. Sobre las espaldas de este poderoso y amado líder se aferraron alcaldes, gobernadores y diputados.

Pero ese líder, esa es la realidad, ya no se encuentra entre nosotros. El cambio de la realidad nacional es tremendo ahora. El papel de aquel líder sublime no lo puede sustituir el respetado y admirado Presidente Maduro.

De modo que el PSUV debe ser reestructurado totalmente, a menos que nos expongamos a una desintegración moral sin remedio de la revolución bolivariana. Ese es nuestro mensaje, amigo y camarada Diosdado. Es urgente lo que se nos exige para provocar cambios positivos en el movimiento, en vísperas de las elecciones municipales y ante el avance bestial de la derecha en el país. No es tanto el mal que enfrentamos contra nuestros enemigos seculares del fascismo como los que nos devoran por dentro en nuestra organización.

Pues a provocar los cambios. No hay otra, o la derrota y el crimen nos devorará.



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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