Apresamiento y acaparamiento

Integralidad de los planes económicos

La figura del comerciante detallista involucra al pequeño fabricante, y su espectro se mueve desde la bodeguita de la esquina hasta el agigantado supermercado, malls y afines. Tal vendedor al menudeo representa una de las formas más sutiles y solapadas del acaparamiento que supuesta y utópicamente tanto debe y suele ser perseguido por el Estado burgués.

Ocurre que esa forma de distribución o mercadeo al detal ha sido registrada en la literatura económica, tanto no marxista como marxista, como una imprescindible modalidad de la forma comercial del capital. El dinero y su transformación  en medios de producción y fuerza de trabajo-obviamente prexistentes como mercancías-es un acto de compraventa que convierte al fabricante y demás comerciantes en un acaparador nato de esas fuerzas productivas, independientemente de las fracciones excedentarias del capital productivo-medios de producción + trabajadores[1]-que ese fabricante no termine de transformar en nuevas mercancías con destino a nuevos compradores, así como los depósitos en los inventarios y exhibidores de tiendas y sus correspondientes almacenes. Esto se puede afirmar porque ese capital subutilizado o subtransformado también representa un claro acaparamiento, según hemos señalado en entregas anteriores[2], tema sobre el cual tratamos en neutra obra PRAXIS de El Capital, parte de la cual es ya conocida por algunos de ustedes.

Razonablemente, la propia incertidumbre del tiempo estimado para la plena realización de todo proceso productivo burgués, tanto de fabricación como de comercialización, obliga a los estos y a aquellos a dotarse de agua, materias primas y energéticos, maquinarias, herramientas, así como de galpones y terrenos en barbecho industrial con suficientes volúmenes, a fin de evitarse   algunas detenciones sobrevenidas durante la realización de del proceso de capitalización por causa de sus propia inadecuaciones a la demanda. No obstante, paradójica y curiosamente, lo único que los capitalistas no saben apresar es de cuotas de trabajadores relevistas, a sabiendas de que ninguno de los bienes ya almacenados como reservas productivas tendría sentido si no dispone de mano de obra calificada y cuantitativamente oportuna.

Curiosamente, el proletariado se encarga de mantener elevados volúmenes de mano de obra que no logra utilizar, que no logra venderla en la bolsa de trabajo burguesa. A tales excedentes de mano de obra se les llama ejército de reserva industrial.

El usuario o consumidor final, por ejemplo, que la coja por comprar vestuarios de alta densidad y muchos pares de zapatos, muchos cinturones, más allá de lo racionalmente necesario, también acapara, y aunque lo haga con cargo a su peculio personal, de esa manera está contribuyendo al desvío antisocial de una buen aparte de recursos que merman la oferta de los bienes del caso con cargo al precio de esos mismos bienes cuando las personas con menor poder económico decidan o pueden comprar uno que otro vestido, uno que otro par de calzado.

Lo ideal en un sistema equilibrado sería la constante búsqueda de volúmenes de producción rigurosamente planeados en concordancia con la dinámica demanda, pero sin incurrir en ningún tipo de acaparamiento ni apresamiento de medios de producción ni de consumo final.


[1] El empresario saca sus cuentas: compara sus sobreingresos por concepto de suba de precios y el salario ocioso que paga a su personal subutilizado.

[2] Véase: http://www.aporrea.org/actualidad/a159996.html



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Manuel C. Martínez M.


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