La Real Academia Española de la Lengua define el despecho como malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos en la consecución de nuestros deseos o en los empeños de nuestra vanidad, sinónimo de desesperación. La Enciclopedia Visor le añade la significación de encono y posiblemente otros diccionarios sean más pródigos al asignarle otros significados.
El caso es que la “oposición” venezolana, después de haber fracasado en sus ataques contra el Presidente Chávez en diferentes flancos, cada uno a cargo de un sector que trataba de mostrar su imagen como la de un dictador; la de un promotor de movimientos guerrilleros en otros países; o de un “capo” de la droga, parece haberse dado cuenta de lo infructuoso de esos ataques que tenían como denominador común el uso de la calumnia descarada para tratar de descalificar nacional e internacionalmente al Presidente más legítimo que ha tenido Venezuela y lograr que fuerzas extranjeras hicieran el trabajo que ellos son incapaces de hacer. Pero esa minúscula oposición es tenaz, aunque totalmente ineficaz y no ceja en su empeño de mostrar su presencia, lo cual es perfectamente legítimo en un régimen democrático como el que tenemos en Venezuela. Es así como, en vista de que por falta de apoyo popular no pueden hacer manifestaciones de masas significativas, por más apoyo externo que tengan, parecieran haberse replegado a los medios de comunicación buscando un nuevo cuerpo de su ejército que consideran más “intelectual” para lo cual se apoyan en ciertas individualidades, algunas de las cuales son académicos de la historia o de la lengua, cuyos méritos no se ponen en duda, pero que tienen una tremenda carga de frustración porque durante la mayor parte de su vida militaron en la extrema izquierda, siempre metiendo la pata, sin lograr su objetivo de conquistar el poder y, de repente, se encontraron con un hombre que sin apoyo alguno, salido de la cárcel después de un frustrado golpe de estado, por su propio esfuerzo se gana el apoyo del pueblo, llega al poder y trata de poner en práctica y realizar lo que ellos proclamaban. ¡Coño!, eso fue un golpe muy duro al ego no sólo de esos teóricos de la revolución que ya estaban apoltronados en los sillones de la Academia que les ofreció el sistema, o más bien el “stablishment”, palabra que ahora es más de su gusto, sino también para los políticos de los partidos tradicionales que se repartieron el poder durante más de cuarenta años.
Estos académicos creen ser más sutiles que los mercenarios que atacan por otros flancos y generalmente se basan no tanto en su conocimiento de los temas a que se refieren, sino en un manejo avieso de los mismos, tratando de confundir a quienes leen las columnas que tienen en distintos diarios de circulación nacional rumiando su despecho. Estos individuos piensan que los venezolanos carecen de memoria y no recuerdan lo zalameros que se mostraban con Fidel Castro y la revolución cubana en sus extensos comunicados laudatorios. Ahora, bien sea tratando de manipular la historia, en el caso de los historiadores, o tratando subliminalmente, y hasta abiertamente, de vincular cualquier palabra, en el caso de los académicos de la lengua, con actuaciones o comportamientos del Presidente, se solazan pensando que sus ataques son más efectivos que los de los mercenarios que disparan desde otros flancos, sin pensar que la gente que los conoce desde hace años desearía que así como ellos analizan palabras como: eficacia, eficiencia, megalomanía, prodigalidad, etc., todas dirigidas a un objetivo muy preciso, también desearía que, pensando en ellos mismos, analizaran, por ejemplo, las palabras: despechado, amargado, tránsfuga, desertor, saltabarda, reconcomido (¿o reconcómico), las cuales son fiel reflejo de su comportamiento.