Del verbo enchufar y sus derivados


En el principio del odio también fue el verbo. O el anti-verbo. Todas las oligarquías que en el mundo han sido generan un léxico para fustigar tanto o más que el látigo y el fuete del castigo físico. El desprecio y la subestimación del prójimo son fuentes inagotables de adjetivación discriminatoria y supremacista. Para no irnos tan lejos, los adecos del 45 la padecieron hasta que metieron a Juan Bimba en el IESA y lo convirtieron en yuppie. Los chavistas de hoy son su objetivo.

Hugo Chávez siempre fue un zambo intragable para la high. O como escribía Aníbal Nazoa: “la jay”. Un historiador ex comunista y masista se devanó los sesos para crear el vocablo compuesto “mico-mandante”. En las marchas de los primeros odios llevaban enjaulado un mono ataviado de verde oliva y gorra roja de paracaidista. Los titulares mediáticos desempolvaron palabras como chusma, turbas, marginales, lumpen, negros, mestizos, desdentados, resentidos y patas en el suelo. Hoy le agregan: “enchufados”, “tropi-pollos” (cosechas caprileras), “autobusero” y “camionetero” (aporte de una miss en trance de canonización vaya usted a saber por qué).

En tiempos electorales, este vocabulario clasista, racista, sexista y discriminatorio se hacía contraproducente. Había que “enamorar a las y los chavistas”. El esfuerzo resultaba agotador, pero no quedaba otra, había que hacerlo. Tenían que tratar como gente a quienes, en el fuero interno, no tienen por tal. Decirle “buenos días, señora” a una chavista exigía un desgaste de energía y disimulo que a la larga no sabían si valía la pena. A la luz de los resultados electorales de los últimos 14 años, parecía un sacrificio inútil.

Pero el instinto de la fábula del alacrán y la rana termina imponiéndose. Es su naturaleza. De pronto, en plena campaña electoral, la oposición saca el remoquete de los “enchufados” para referirse a los que tienen un empleo público, por modesto que este sea, o son beneficiarios de alguna de las misiones. No son cuatro gatos. La cuña golpea y humilla a la gente humilde, desde el que recibe una vivienda, la pensión de adulto mayor o el niño que aprende, juega y crece con su canaimita. Después los sesudos y sempiternos analistas mediáticos se preguntan por qué la oposición no logra conectarse con el pueblo humilde, por ellos denominado y abreviado: “Sectores D y E”. Las escuálidas “chic” suelen comentar entre ellas: “¡Ay, muérete, ayer conocí a un sector E de lo más interesante en la marcha del Flaco”.

El epíteto “enchufado” complementa otro de viejo uso y abuso: “tarifado”. Nadie es chavista por amor a Chávez, conciencia revolucionaria, sentimiento bolivariano o por estar en contra de un sistema y de acuerdo con otro. No, todos son chavistas por ser unos tarifados. A esos millones de mujeres y hombres los mueve el bozal de arepa y el plato de lentejas, el bollo de pan y la carterita de ron, como editorializó Miguel Henrique Otero. Capriles acaba de arremeter furioso contra los artistas que acompañan a Nicolás Maduro. “¿Por qué cobran honorarios profesionales?”, increpa, como si él hubiese renunciado, aun teniendo bienes de fortuna, a su sueldo ayer de diputado o alcalde y hoy de gobernador.

“Los enchufados” votarán el domingo 14. Si fueran cuatro gatos, poco debería importar a quienes los tildan de tales. Son millones, desde el bedel de la escuela, el portero del hospital hasta el pensionado del seguro. Cuando cuenten sus votos, la oposición quedará en tal estado que habrá que enchufarla in extremis a una bombona de oxígeno.

Filológicamente, quien menos debería hablar del verbo enchufar y sus derivados, de enchufados pasivos, enchufadores sin escrúpulo, tomas en la pared, sócates y enchufes de alta tensión debería ser el candidato antichavista. Pero es obvio –y todo refrán es una exquisita obviedad- que el que va caer no ve el hoyo, ni el enchufe.



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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

 earlejh@hotmail.com

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