Control de divisas y develación del secreto comercial

Este artículo fue elaborado el 02/03/2013, aunque su publicación se haga ahora cuando ya apareció el mecanismo complementario de CADIVI que en cierto modo recoge parte de estas consideraciones.

Los descarados aumentos de precios de la divisa libre y de nuestras importaciones seguirán vigentes mientras el Estado no minimice el secreto comercial, vale decir, mientras no nos aboquemos a un seguimiento exhaustivo, detallado y constante del destino y cargo contable de cada dólar entregado al importador y/o fabricante a precio subsidiado.

Las penas a los violadores amparados en ese secreto comercial deben ser definitiva y rigurosamente aplicadas con una contundencia tal que cesen en sus funciones fabriles o comerciales. No puede seguirse tolerando 1 día más que el Estado otorgue divisas privilegiadas para que sus receptores las utilicen según manejos financieros especulativos, dediquen las mismas divisas recibidas al precio regulado para estimular cambios alcistas en la paridad cambiaria que refuerce las subas en el llamado mercado libre o paralelo. Si en algo sigue endeudado el Estado revolucionario bolivariano es en la severidad de las regulaciones del quehacer productivo y mercantil de parte de esos comerciantes del dólar.

Un freno para ese seguimiento del dólar regulado responde al hecho de que la contabilidad burguesa ha sido uno de los secretos comerciales mejor guardados. Las oficinas contables son de acceso reservado a personal de confianza, o sea, sólo para los trabajadores especializados en esa actividad contadora del patrimonio burgués, de su movimiento diario, semanal, mensual y anual. Con ello se marca una clara división proburguesa entre la masa de asalariados, una desconcientización que resulta motivo de orgullo para los beneficiarios de semejantes “privilegios”, al punto de que podría hallarse muchas personas y profesionales de izquierda en todos los oficios y profesiones, pero menos en los dedicados a la custodia del patrimonio empresarial. Digamos que el personal contable tiende a ser “escuálido” por naturaleza propia.

Algunos contables mejor especializados en tan corriente custodia proburguesa se convierten en asesores de la empresa para que esta alcance un mayor grado de explotación de los trabajadores, y mayores ganancias comerciales de su clientela, inclusivas de ellos mismos a cambio de recibir dosis salariales compensatorias. Con ello convalidan su curioso y contradictorio carácter de “capital constante”. Sobre este tema trata mi obra “en imprenta” y próxima a ser publicada: PRAXIS de El Capital, y para cuya adquisición, los interesados podrán consultarme vía eMail.

La elaboración de los estados financieros siempre escapa a la supervisión del Estado por aquello de los fulanos secretos comerciales en cuanto a tecnología, ya que a través del asiento contable se podría inferir en qué se aplica el capital destinado a medios de producción, reposición de activos y a determinadas categorías de personal especializado. Pero tal secreto no puede ser óbice para amparar malos usos de las concesiones cambiarias que con tanto gusto les otorga el Estado.

Las divisas privilegiadas preconvenidas sólo deben entregadas contra facturas debidamente satisfactorias y concordantes con el destino argumentado en las solicitudes correspondientes. Es intolerable que el Estado le permita a la banca que esta mantenga un control poco humano con minusválidos y ancianos, a los efectos de cobrar sus pensiones, mientras se muestra tan elástico con estos comerciantes del dólar.

El autor es: Economista

ramcam@cantv.net


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Manuel C. Martínez M.


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