De nuevo Dudamel, el sudaca y sionismo

La Europa envejecida, necesitando trabajadores, en un momento coyuntural favorable a su capitalismo, abrió sus puertas a mano de obra que esperaba abarataría los costos al capital y diese mayor vigor a su avizorado crecimiento. También esperaba encontrar trabajadores que realizasen tareas que los originarios o nacionales no gustaban hacer, demasiado ocupados en cosas “más importantes, productivas y dignas de su prosapia”. Empezaron atraer gente que se ocupase de labores en el área de servicios “menores”.

Como el hambre y la necesidad se juntan, tanto como la acumulación y la explotación, mientras Europa resplandecía, el despectivamente llamado “tercer mundo”, se hundía en la contracción económica y miseria, los excluidos, marginados o montones de desempleados de éste, empezaron a emigrar en masa hacia donde esperaban encontrar una nueva vida. Europa, por efectos de nuevos espejismos, se trastocó ahora en “el nuevo mundo” y la corriente migratoria de siempre, de la época del mal llamado “descubrimiento”, conquista y colonización y luego de cuando las guerras desbastaron al “viejo” continente, cambió de sentido.

Africanos y latinoamericanos, empezaron a partir hacia EEUU primero, en busca del modo de vida americano, soportando el desprecio y trato despectivo y racista. Últimamente hacia Europa se encaminaron con el mismo fin y quizás con iluso espíritu conquistador.

Los nietos de los americanos que le tendieron generosamente la mano a los aventados de Europa por las guerras, y también nietos de éstos mismos, que han ido a Europa, sobre todo a España, en busca de una vida que les dé satisfacciones y placer, en los últimos años no han sido recibidos ni siquiera con dignidad y menos con agradecimiento. Los “sudacas”, llamados así los latinoamericanos por el desprecio de parte del universo español, donde la xenofobia se ha fortalecido y el nazismo franquista vuelve por sus fueros, sobre todo y particularmente en los círculos de poder, suelen ser víctimas de atropellos y tratos despreciables. Por supuesto, no debemos pasar por alto que la crisis de ahora, a esos círculos tiene de capa caída y pareciere que la corriente migratoria tiende a revertirse.

Ya es un lugar común que a cualquier venezolano, por hablar sólo de las experiencias de los nuestros, en aeropuertos españoles se les trate de modo discriminatorio, se le veje y hasta por razones que nunca llega a conocer, se le devuelva a su lugar de origen. Han sido varios los casos de grupos culturales venezolanos o individualidades artísticas, que aun siendo invitados de alguna institución española, han sido devueltos porque el ojo racista del funcionario que les correspondió en suerte, les calificó “indignos” de visitar a su país, el mismo que saqueó a nuestros pueblos originarios.

Ahora mismo, en un aeropuerto israelí, el destacado director orquestal venezolano Gustavo Dudamel, de visita en ese país, atendiendo una invitación por lo que significa y para dirigir unos conciertos, fue tratado de manera indigna e indecorosa. Tanto que se le detuvo para “averiguaciones” más de lo que dictan las nomas, tratándose de un personaje de su significación y siendo un invitado de instituciones que uno supone respetables de ese país.

De acuerdo a lo que se desprende de las informaciones provenientes de los centros noticiosos, lo que importó a las autoridades sionistas fue la nacionalidad del visitante. Quienes intentaron justificar aquel acto no ajeno a lo abusivo, dijeron que todo se debió a que el afamado músico, no mostró a las “autoridades” que le importunaron, el documento donde constaba que había sido invitado para que allá regalase muestras de su exquisito arte.

De ese hecho, uno debería derivar que Dudamel, con todo lo que ahora significa, es un símbolo de la patria y una referencia de la actual historia venezolana.

No obstante, uno sabe bien que, las autoridades de ese país, donde se forman los más acuciosos espías del mundo, estaban al tanto que por ese aeropuerto llegaría el archí conocido personaje y los fines de su visita. Como también sabe, “perro que come manteca mete la trompa en tapara”, o lo que es lo mismo, para un policía sionista, un venezolano, aunque se llame Gustavo Dudamel y sea un lujo para ese país que nuestro compatriota allá vaya a dar muestras de su arte, siempre será un “indigno” y hasta “peligroso personaje”. Porque el guerrerista, sionista, siempre verá en cualquier indefenso, pacífico y hasta meritorio ciudadano del mundo, sobre todo si es latinoamericano, a alguien a quien hay que destruir o por lo menos intentar humillar.

Para el cazador, toda cosa que se mueva es cacería.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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