El receso navideño

Estos días navideños y de año nuevo son propicios para que el alto gobierno y la dirección del PSUV, puedan escuchar críticas y opiniones con mayor serenidad, pues el receso navideño es un período de menor demanda de servicios y el ambiente que genera se presta para ello. En estas fechas los institutos educativos cierran, los hospitales dan de alta a sus pacientes, muchas empresas se paralizan, en fin, se desacelera la actividad de la sociedad y se reducen la diatriba y el encono de la lucha política. El tono y el contenido de los discursos se suavizan, se incrementan en forma importante la frecuencia de sonrisas y risas, abrazos y besos, así como las reuniones con amigos y familiares. Ah… Es época de nuevos propósitos, de enderezar entuertos, de comidas y bebidas, de fiestas, de gastos y de olvido de dietas y complejos.

Es la época en que la oposición le desea felicidades al gobierno y éste les retribuye sus buenos deseos. La acidez de los articulistas de opinión se reduce, las luchas laborales se distienden, se producen mucho menos paros, huelgas, protestas, movilizaciones de calle, marchas y concentraciones, pues los demandantes dejan para el año siguiente, la continuación de sus reclamos. Quizás los únicos que no paran son los delincuentes, sean estos de cuello blanco o no lo sean. Las navidades son propicias para ciertos negocios, pues las compras de particulares y del gobierno se incrementan y hay más dinero en las calles por el pago de los bonos y utilidades y porque el Estado busca reducir sus deudas con proveedores y contratistas. Hay entonces un mayor peligro de hurtos, robos, asaltos, fraudes, comisiones y posiblemente más víctimas.

La disminución de las tensiones diarias hacen posible reflexionar sobre lo nuestras actuaciones y planes. El Gobierno en particular, que es quien lleva el timón de la nave, debería aprovechar este período y, despojándose de toda soberbia, prejuicios y pedantería, analizar su gestión, la situación venidera y las medidas tendientes a la unidad nacional. La amnistía de los presos políticos, que sí los hay como los hubo en el pasado, es una medida a considerar. El propio Presidente fue favorecido por una medida de este tipo, luego de estar dos años privado de libertad. Muertos y heridos los hubo, civiles incluidos, en el golpe del 4 de febrero 1992 como en el del 12 de abril de 2002. No hay diferencias en este aspecto, ni debe haberlas en relación al castigo. Ya incluso, las penas cumplidas permiten, en muchísimos casos, terminar con la privación de libertad.

Hay quienes argumentan que los detenidos, al ser liberados, persistirán en su lucha política contra el gobierno. Eso fue lo que hizo precisamente Hugo Chávez al ser liberado por Caldera; era su derecho como lo es también de quienes hoy están detenidos, incluyendo al general Baduel, generalmente olvidado por todos. En los momentos críticos actuales, esta medida ennoblecería al gobierno y al presidente Chávez.

lft3003@yahoo.com



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Luis Fuenmayor Toro


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