Venezuela: un ejemplo a seguir

¿Por qué Venezuela y Cuba son continuamente atacadas por el imperialismo estadounidense? Muy simple: porque representan un real modelo alternativo al mundo capitalista, porque son un ejemplo para todos los países sojuzgados.

La República Bolivariana de Venezuela, uno de los grandes productores de petróleo con la primera reserva probada aún sin explotar, es un país tremendamente rico; pero hasta hace muy poco era tremendamente pobre e injusto. Aunque en realidad, como todas las naciones latinoamericanas, Venezuela no es pobre sino que es –o en este caso, está dejando de ser– injusta. Es injusta, al igual que todas las repúblicas de la región, porque pese a tener una gran riqueza natural, a producir alimentos y presentar una geografía generosamente dotada, mantiene una estructura social completamente desbalanceada: una pequeña minoría con casi todo, y una gran mayoría paupérrima con casi nada. Esa, no otra, es la causa de sus padecimientos.

Definitivamente algo ha empezado a cambiar en la patria de Simón Bolívar. Y la magnitud del cambio no es poca; de ahí las luces rojas de alarma que se han encendido entre la aristocracia vernácula, y en Washington.

Con dificultades, con infinitos tropiezos, pero sin detenerse, el proceso bolivariano que se ha abierto con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia está cambiando radicalmente la historia del país. Se trata, lisa y llanamente, de una revolución. Y como tal, entonces, hay una agenda de cambios enorme.

En el relativamente corto tiempo en que se viene desarrollando la Revolución Bolivariana, se perciben ya importantes transformaciones.
Enumerarlas exhaustivamente excede con mucho las pretensiones de este escrito; pero como mínimo pueden mencionarse algunas cosas básicas que dan ya el talante del proceso en juego. Para decirlo con pocas palabras: "La pobreza se acaba dándole el poder a los pobres", según lo expresó sintética pero palmariamente el presidente Chávez. Y eso es lo que se está construyendo en Venezuela: poder popular.

La revolución socialista, en definitiva, en eso puede resumirse: es la construcción de un mundo nuevo donde el poder comienza a repartirse más equitativamente, donde la gente empieza a ser dueña de su destino. Con las dificultades del caso, tremendas dificultades, eso está sucediendo en Venezuela.
Los logros de toda esta efervescencia ya comienzan a verse. Con reservas internacionales en el orden de los 26,393 millones de dólares, el país tiene una enorme riqueza. La diferencia con años anteriores es que ahora esa riqueza va directamente a los sectores populares, mal que les pese a la aristocracia local y al gobierno estadounidense.

La Comisión Económica para América Latina –CEPAL– indicó recientemente que Venezuela es uno de los países que más contribuyó a bajar los índices de desempleo en Latinoamérica y es el lugar donde se registra una de las menores brechas en la distribución del ingreso. La referida organización indica que Venezuela se ubica detrás de Uruguay y de Costa Rica entre los países con menos diferencias entre los ingresos de ricos y pobres.

Como dijo el pensador Scalabrini Ortiz: "Nuestra ignorancia ha sido planificada por una gran sabiduría"; es por ello que los índices de analfabetismo de todos los países de la región se mantienen altos, escandalosamente altos. Venezuela no era la excepción a la regla. Pero desde el inicio de la Revolución Bolivariana esto ha cambiado radicalmente; hoy por hoy el presupuesto dedicado al sector educativo representa el 7 % del PIB, llegándose así a los valores recomendados por UNESCO (y que pocos países tienen). Con todo esto, Venezuela ya está en condiciones de poder declararse en breve "libre de analfabetismo". No es ninguna novedad que la educación es la clave básica para el desarrollo, y así lo ha entendido y puesto en práctica el gobierno revolucionario.

También en el campo de la salud se evidencian grandes cambios. Con el concurso de brigadas de médicos cubanos, pero no sólo por ello sino fundamentalmente por la voluntad política del Estado, a partir de esquemas sanitarios de atención primaria y cobertura universal, la población venezolana tiene acceso a un derecho que, hasta ahora, se le hacía un lujo.

El acceso a servicios básicos va transformándose a pasos agigantados; hoy, por ejemplo, casi el 90 % de toda la población dispone ya de agua potable, servicio que en años anteriores a la Revolución estaba negado a las grandes mayorías. Hay un importantísimo aumento del crédito hipotecario, de la participación de las mujeres, de la juventud. La nueva Universidad Bolivariana ha abierto sus puertas a los sectores que anteriormente no podían ni soñar con llegar a una casa de altos estudios.

Existe una reforma agraria en marcha, la cual beneficia, naturalmente, a los grandes sectores populares, ilustres desconocidos en la repartición histórica de la riqueza de la nación. El movimiento cooperativo se fortalece. En otros términos: la economía en su conjunto crece; de hecho, según estimaciones objetivas, a partir de un crecimiento del 5 % registrado en el primer semestre del presente año, para todo el 2005 el desempeño económico esperable podría llegar a un 10 % de aumento, valor realmente espectacular. Por cierto es el Estado el principal motor de esta reactivación; pero la libertad económica y las posibilidades del sector privado también están plenamente reconocidas en el Capítulo VII de la Constitución: De los derechos económicos, artículo 112, y por el artículo 114: "se garantiza el derecho a la propiedad", independientemente que esos mismos sectores de la iniciativa privada levanten la voz contra el proceso popular en curso porque, a largo plazo, ven su pérdida de privilegios irritantes. Venezuela ha dejado de ser más que petróleo barato para el Norte y Miss Universos.

Incluso en lo recreativo se presentan cambios: por primera vez en muchos años los deportistas venezolanos están recibiendo apoyo económico puntual por parte del Estado, sumado a un plan de entrenamiento de alta competencia, lo que ha traído como consecuencia excelentes resultados en los eventos internacionales.

El crimen de la Revolución Bolivariana es precisamente todo eso, como lo ha expresado con descarnada sinceridad la revista estadounidense The Economist: "ha expropiado tierra mediante decretos-ley, ha elevado los impuestos a los inversores extranjeros", y lo peor de todo: "ha procurado el control de Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa petrolífera estatal". ¡Pecado capital para los sectores tradicionales de poder! Ha permitido el anatema de "darle el poder a los pobres".

Sí, sin dudas; ese es el meollo de la Revolución Bolivariana, del socialismo del siglo XXI: está construyendo un mundo nuevo, donde los excluidos de siempre tienen lugar. ¿Pero es pecado eso?

En todo caso, aunque hoy no esté "de moda" hablar de revolución socialista y el aturdimiento post guerra fría aún nos tenga algo desorientados, la Revolución Bolivariana es el espejo donde deben mirarse los pueblos del Tercer Mundo. Venezuela y su Revolución son, a no dudarlo, un hermoso ejemplo a seguir.


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Marcelo Colussi

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