Insólito, pero tuvimos el peor gobernador en toda la historia universal

El tipo nunca imaginó que algún día podía llegar a ser gobernador. Ni en sueño.

Él no sabía qué era eso ni para qué servía. Pero ocurrió que una de esos comentarios de alto nivel, alguien con mucho peso lo nombró en Caracas como una pieza clave de la revolución en la región, y lo ponderaron mucho diciendo que el susodicho era “un buen muchacho”. Repentinamente, de la noche a la mañana al Buen Muchacho lo ungieron con el título de revolucionario, de chavista y de bolivariano, y por todo el cañón apareció como candidato a la Gobernación de Mérida.

El Buen Muchacho se reía en sus adentros porque él toda la vida había sido copeyano.

No obstante, aquel “buen muchacho”, con la pura y perfecta representación del Diente Roto elevada a la enésima potencia, se vino a Mérida a coger el soberbio juguete de su Gobernación. Y se engolosinó de lo lindo aquel “buen muchacho”, y ya en el solio de la Gobernación comenzó a divertirse como nunca jamás lo había hecho en su trastocada vida. Se creyó de veras Gobernando como Sancho Panza su ínsula. Entonces de verdad verdad se hizo revolucionario y se inscribió en el PSUV y comenzó a dar alaridos en las Plazas Bolívar de los pueblos, cosas que a todos aturdía y que nadie nada sacaba en claro.

Y comenzó a vestirse de rojo.

Y comenzó a colocar entre sus más íntimos colaboradores a la plana mayor de los más grandes comecandelas de toda la región. El más grande comecandela se llamaba El Espectro, un personaje que había tardado en graduarse 24 años, porque se había dedicado a ser “revolucionario” y jamás tenía tiempo para estudiar. Y el Gobernador lo necesitaba a su lado como el bastión más grande de su entorno. Y aquel Espectro (el hombre con el rostro más demacrado del hemisferio) que era muy bravucón, muy temible y valiente de pronto se achicopaló y se volvió un fanático seguidor del Buen Muchacho. El Espectro para dirigirse al Buen Muchacho, lo llamaba “Mi Mayor”.

Con el apoyo de aquel Espectro, el Sancho Panza de la ínsula de Mérida, creyó tener el proceso cogido por los cachos y se entregó a las disipaciones más horribles, en nombre de la mismísima revolución. Comenzó a conducir motos de altas cilindradas y pasearse por la ciudad haciendo difíciles piruetas; no se perdía un solo sarao ni de la ultra-derecha como tampoco de la izquierda. Amaba con frenesí todo lo que tuviera que ver con ferias, cabalgatas y carnavaladas. Piloteaba con escasa pericia helicópteros de los grandes empresarios. Se desplazaba por la ciudad, por campos y aldeas con una nube descomunal de guardaespaldas. Recibió al obispo Baltazar Porras con honores en la Gobernación y dijo que Chávez y el vicepresidente Carrizales así se lo habían ordenado.

Vivía de locura en locura, pero nadie se lo podía criticar porque eso dañaba la unidad del partido. Y él era en sí mismo la máxima representación de esa unidad, y como además lo apoyaban tipos terriblemente comecandelas como el propio Espectro, pues entonces tenía las puertas abiertas para hacer cuanto desmanes le viniese en gana.

Un día se le ocurrió coger un platal del presupuesto de la Gobernación para montar una línea aérea, y aquella vaina fue un desastre total. Contrató un vuelo charter y metió a un montón de palangristas y se los llevó a pasear a Brasil. Qué feliz se sentía aquel Buen Muchacho jodiendo y bebiendo de lo bueno y de lo caro con aquella caterva de sinvergüenzas.

Pero él se la pasaba feliz en todas las metía de pata que hacía.

En otra de las múltiples barrabasadas, cogió otro platal del presupuesto de la Gobernación y construyó una manga de coleo y comenzó a decir que Chávez le había ordenado que hiciera esa vaina.

Y nadie lo criticaba porque eso era ir contra la unidad del partido y de la revolución. La gente ni siquiera se atrevía a hablar aquellas cosas en voz alta porque era un pecado horrible contra la revolución. Y aquel tipo se movía en todas las barbaridades que emprendía como pez en el agua, feliz, diestro, sereno, impasible. Y como además contaba con apoyo que le daban tipos terriblemente comecandelas como El Espectro, pues él iba adelante con los faroles en todas sus locuras.

Con tantos revolucionarios en todas partes nadie pudo ponerle coto a las locuras de aquel badulaque. Hoy ha caído en desgracia y El Espectro ya casi ni lo saluda.

De cosas como estas esta hecha lamentablemente nuestra revolución.

Colorín colorado esta verga ha terminado.

¡CONTINUARÁ?

jsantroz@gmail.com


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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