Rupturas y secuencias

El fariseismoincubado en la Revolución



Otra vez el Presidente Chávez acusó las deficiencias que presenta el proceso revolucionario venezolano con acritud y cierta frustración al darse cuenta cómo todas las cosas parecieran descansar exclusivamente sobre sus hombros sin que sean compartidas por aquellos que, declarándose revolucionarios, observan una conducta reformista y contrarrevolucionaria al frente de instituciones públicas y partidos políticos. De allí que éstos hayan optado por acallar y descalificar las opiniones y señalamientos que hurgan en esta realidad –siguiendo la línea crítica del Presidente- y revelan las deficiencias, desviaciones y fallas cometidas, en un intento por que todo se mantenga encubierto.

Muchos están de acuerdo en que Venezuela vive un proceso de transformación en plena etapa de desarrollo, impulsado por el auge de las masas populares en sintonía con el liderazgo de Chávez, pero hay oportunistas que buscan catapultarlo en su único y personal beneficio simplemente adoptando la retórica “revolucionaria” y así hacerle creer al pueblo que trabajan activamente por la revolución, siendo todo lo contrario. Como lo diría Marcelo Colussi, psicólogo y filósofo, “el lenguaje políticamente correcto tiene sus raíces en posiciones de izquierda, pero el discurso conservador puede también apropiarse de él con intereses de maquillaje”. Esto es lo que ocurre comúnmente con una parte de la dirigencia “chavista” que no abandona sus viejos hábitos adeco-copeyanos, aplicando un gatopardismo funcional que deja intactas las estructuras del statu quo cuartorrepublicano. Por ello mismo baten palmas delante del Presidente Chávez, pero cuando éste les impone el salto cualitativo para hacer la revolución, se escudan tras cualquier excusa para no alterar el orden establecido y continuar el usufructuo del poder. Es el fariseísmo incubado en la revolución.

Es evidente que tales fariseos, al igual que los del Israel antiguo, maniobran constantemente para no perder los privilegios adquiridos. De cualquier manera hacen causa común para frenar las acciones de los verdaderos revolucionarios. Esta circunstancia, evidente a los ojos del pueblo, representa un desafío a vencer por los revolucionarios, algunos confiados en asaltar algún día futuro los cogollos de los partidos políticos “chavistas” y, desde allí, dirigir entonces la revolución, entretanto son víctimas de las arbitrariedades de estas minorías antidemocráticas y, definitivamente, contrarrevolucionarias. En lugar de ello, debieran plantearse seriamente la constitución de un amplio frente de lucha que le permita al pueblo desorientado disponer de una guía político-ideológica para la lucha que deba librar en procura de sus múltiples reivindicaciones socio-económicas y trazarse, al mismo tiempo, la conquista del poder político. Es imperativo destruir por completo esos diques mentales que le hacen creer a alguna gente que la revolución se dará gradualmente, sin saber distinguir, por ejemplo, entre lo que es la lucha pacífica y lo que es la vía pacífica, de modo que el hecho revolucionario cuente con una plataforma ideológica y teórica templada en el fuego del coraje político y la seriedad teórica.

No es posible hablar de revolución, menos aún de socialismo, mientras su conducción esté en manos de fariseos reformistas que coartan sus posibilidades. “Si el hombre –en afirmación de Germán Sánchez Otero, politólogo cubano, al referirse al hombre nuevo que conceptualizó el Che Guevara- no es motivado por los nuevos valores, el cambio estructural y el desarrollo económico, además de ser insuficientes, pueden derivar en un híbrido social cargado de contradicciones y peligros”. Esta realidad pareciera cernirse sobre el proceso revolucionario bolivariano, a pesar de Chávez mismo. El asunto parece estribar en la falta de direccionalidad revolucionaria y ésta sólo puede dársela una dirigencia auténticamente revolucionaria, no reformista o farisaica como la que se halla presente en algunos partidos, movimientos sociales e instituciones públicas. Es necesario revertir tal situación porque de otra forma se estaría señalando la desviación, corrupción o final de una revolución que prometía mucho. Y esa tarea le compete a los revolucionarios. A los auténticos.-


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Homar Garcés


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