Las democracias

La gente usualmente habla de “la democracia”, así, en singular, como si se tratara de una sola, cuando en realidad “las democracias” son muchas, tanto históricamente como desde el punto de vista de la composición social de la población o del grupo social a que nos estemos refiriendo. Así, se habla de democracia liberal, socialdemocracia, las democracias populares y, dentro de todas éstas, diferentes formas con sus propias particularidades. El término se origina hace unos 2 mil 500 años, en Atenas, Grecia, de las palabras griegas “demos” (pueblo) y “kratos” (poder), por lo que significaría el poder del pueblo. Se trataba en realidad del pueblo libre: los nobles (eupátridas), los artesanos (demiurgos) y los campesinos (geomoros), mientras los esclavos, los extranjeros y las mujeres, no participaban, lo que llevaba al final a que sólo una minoría de la población participara en el gobierno ateniense.

Lo anterior significa que el término democracia está unido al problema del poder político, a su determinación, constitución y funcionamiento, pero, sobre todo, a las bases sociales y económicas de su estabilidad y sustentabilidad. En Atenas, su sustentación estaba dada por la presencia de los productores agrícolas, los fabricantes de todo tipo de utensilios para el uso doméstico, productivo y para la guerra, y los propietarios de las tierras herederos de los fundadores de la ciudad, amos además del poder, de los esclavos y de las mujeres. Se trata entonces de la participación de los sectores “legítimos” de la sociedad en la conformación del poder político, es decir de su gobierno, el cual los representa, rige y administra, así como gobierna también a quienes no tienen la legitimidad requerida para participar en su constitución.

Si lo anterior es cierto, los términos que se refieren a la “democracia” existente en las sociedades primitivas o que hablan de democracia en instituciones religiosas o académicas no se estarían refiriendo a la anterior concepción de “democracia”, sino a derivaciones del significado de la palabra original, en las cuales se minimizó o incluso desapareció su significado original, algo por demás completamente normal en el uso de todas las palabras en todos los idiomas. La cada vez mayor complejidad de las organizaciones sociales a lo largo de los siglos ha ido requiriendo de formas de selección de los gobiernos más complicadas y de mecanismos de representación y participación más elaborados, pero que tienen siempre como propósito esconder que en todas se trata de garantizar la prevalencia de los grupos sociales dominantes.

De allí surgen distintos instrumentos legales y procedimentales: la sustitución del concepto básico de un hombre = un voto, por el de las asambleas de ciudadanos o colegios electorales, que acaban con este principio; la eliminación de la proporcionalidad entre votos y electos, la distribución regional de los votantes y el tratamiento de las minorías.


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Luis Fuenmayor Toro


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