Huele a gas desde diciembre de 1998

Cuando el pueblo venezolano, consternado por la tragedia en la refinería de Amuay, reflexiona en profundidad, es propicio establecer algunas consideraciones que nos permitan avanzar irreductibles en este ahínco por la profundización del socialismo bolivariano, como única vía que tienen los sempiternos excluidos para lograr su redención social y su regeneración moral.

En ese sentido, se hace necesario utilizar la capciosa pregunta que hizo la periodista colombiana Carmen Rengifo, corresponsal de Noticias RCN TV, al presidente Chávez, el domingo durante su inspección a la zona afectada. Cuando trató histriónicamente lo ocurrido, coincidiendo con lo expresado por seudoexpertos petroleros de la oprobiosa cuarta república, quienes en medios de la derecha, alejados y contrarios a las expresiones de dolor y solidaridad de la inmensa mayoría del pueblo venezolano, arremeten contra Pdvsa.

Dicha periodista espetó que tres días antes de la explosión olía a gas en las inmediaciones de la refinería.

Entendiendo que el gas es inflamable y, concentrado en un área sin ventilación, por una ignición se tornará explosivo, es pertinente refrescarle la memoria al oposicionismo antipatriótico y cipayo.

Que no precisamente está oliendo a gas desde tres días antes de la explosión en Amuay. Huele a gas desde diciembre del 98, cuando la oligarquía y la derecha cohonestaron con sectores de la Fuerza Armada para desconocer el triunfo del comandante Chávez; huele a gas cuando la derecha reaccionaria planificó una marcha hacia Miraflores y emplazó francotiradores para que asesinaran a su misma gente y, culpando al presidente Chávez, dieron el golpe de Estado del 11 de abril de 2002; huele a gas desde diciembre de 2002, cuando un grupo de conspiradores queriendo quebrarle el espinazo a la revolución saboteó la industria petrolera; huele a gas cuando un grupo de militares felones deshonrando el honor de nuestra Fuerza Armada nacional se fue a la plaza Altamira, y pare usted e contar cuántas veces han atentado contra la esperanza de nuestro pueblo, y viene oliendo a gas.

Ahora bien, con un proceso electoral presidencial en ciernes, donde la oposición tanto interna como externa sabe que es imposible derrotar electoralmente a Chávez y a esta revolución libertaria, se intensifican nauseabundamente los olores a gas, cuando arremeten inmisericordemente contra el CNE y nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, el Metro de Caracas, el sabotaje eléctrico y Pdvsa.

Huele a gas desde hace tiempo, cuando los medios de comunicación y periodistas tarifados perdieron la ética. Definitivamente, desde que Chávez y el pueblo venezolano llegaron al gobierno, está oliendo a gas de desestabilización, gas de desinformación y gas de saboteo que, ineluctablemente, debemos extinguir el próximo 7 de octubre.


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Pedro Carreño


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