De sorpresa en sorpresa

“Sorpresas tiene la vida”, dice la letra de una canción. A cada paso recibimos gratas o ingratas sorpresas. Para los luchadores de la izquierda venezolana, Latinoamerica y del mundo, comprobar en los hechos la posición revolucionaria del presidente Chávez, ha resultado ¡grata sorpresa! En cualquier país, de las academias militares sólo salen oficiales para defender intereses de la oligarquía y reprimir las aspiraciones populares. La visión represiva del general Juan Vicente Gómez es la medida para crear el ejército venezolano (1908). Visión represiva ampliada y reforzada por la “Escuela de Las Américas”. El papel de la Fuerza Armada venezolana consistía en ser gendarme, para impedir todo intento popular por el cambio social. Ante esta realidad ¿cómo abrir un proceso revolucionario sin primero liquidar la fuerza militar?. De esta necesidad revolucionaria surge la guerrilla como forma de lucha armada que encuentra adalides en Zapata, Sandino, Marulanda, Fidel, “Che” Guevara, Argimiro y todos quienes en el siglo XX, en América Latina y el mundo, empuñaron las armas para cambiar el orden capitalista y llevar justicia social a las mayorías nacionales.

Revolucionario es quien se forja en las luchas sociales y adopta la ideología revolucionaria. Como exponente de esta concepción aparecía el presidente de Brasil, Lula da Silva. Por esa percepción, 75 millones de brasileños lo eligieron para que abriera el proceso de cambio. ¡Ingrata sorpresa! En dos años y medio como presidente tan sólo cosecha elogios de la burguesía. Ya ha de estar preguntándose “¿qué hago mal para que los enemigos me elogien; para que el Movimiento de los sin Tierra me hagan marchas; para que mi Partido de los Trabajadores se divida; para incumplir mi promesa de lucha contra la pobreza?” ¡Ojalá! dentro de unos meses el presidente Tabaré Vásquez no tenga que hacerse preguntas parecidas. ¡Sería otra ingrata sorpresa!

Volvamos a nuestro país. Causa ¡sorpresa! comprobar cómo en las academias militares venezolanas hervían concepciones revolucionarias. Oír hablar a los generales Muller Rojas o Luis Prieto o al almirante Cabrera Aguirre sobre el proceso que vive el país o sobre la dignidad y lucha soberana del pueblo cubano ¡causa grata sorpresa! Siempre estuvimos convencidos que de las viejas universidades debía surgir el cambio revolucionario. Pero la realidad enseña que era en las academias militares en donde se gestaba dicho cambio. Ya las viejas universidades, desde tiempo atrás, eran baluartes de la contrarrevolución y cuna de los tránsfugas de la izquierda. Ahora entiendo mejor la aprensión que el doctor Pérez Alfonso sentía por la universidad venezolana. ¿De dónde salió la meritocracia de Pdvsa con la mente tan sucia como para urdir el crimen de lesa patria por el sabotaje a la industria petrolera? ¿Y de dónde salió la oficialidad que hoy acompaña al pueblo en sus luchas? ¡Sorpresas tiene la vida! Gratas unas, ingratas otras.


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Leon Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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