Reflexiones en positivo: La campaña electoral que yo quiero


Estamos en plena campaña, la cual siento que está suave, sin mayor participación. Pareciera que los candidatos saben que deben invertir significativas cantidades de dinero para sufragar los costos que se asocian a la campaña, tales como volantes, afiches, pancartas, perifoneo, etc., y que a lo mejor no contarán con patrocinadores que les financien los gastos… y cuando se trata de erogar los propios recursos, algunos darán la impresión de tener el bolsillo lleno de alacranes, como dice un amigo mío. Pudiese ser que me equivoque y que se estén reservando para los finales de campaña, porque dos meses de campaña es mucho tiempo al contabilizar los gastos, y si no administran los recursos se quedarán como novia de pueblo…

A pesar de eso a mi me gustaría una campaña de altura, donde los candidatos den la cara y puedan ver a los ojos a los electores en el momento en que hacen sus ofertas electorales, lo cual para muchos será muy difícil porque no saben cuales serán las funciones del cargo al cual aspiran; muchos sólo saben cuanto devengarán de salir electos y quien sabe que otro ingreso asociado al cargo, pero no saben nada más de las funciones que deberán desempeñar a excepción de levantar el brazo… eso es una ventaja relativa, y digo relativa porque tendremos la ocasión de seleccionar a quienes en realidad tenga la capacidad de poder ayudar al pueblo en su búsqueda de solución a su problemática social; pero si esos candidatos que carecen de la capacidad están respaldados por una buena campaña, con apoyo de una buena organización y un equipo de trabajo electoral que nos convenza de la bondad de su candidatura, podremos engañados darle el respaldo a los menos capaces… y luego, como en muchas ocasiones a llorar al valle.

Yo deseo que quienes hagan la campaña sean capaces de entender que se deben ajustar a una nueva ley del poder público municipal, y a todo un cuerpo de leyes de la nación, y que sus actos deben estar de acuerdo a toda esa normativa, pero muchos de ellos no sabrán que se ha promulgado una nueva ley que rige sus funciones, deberes y derechos. Yo desearía que los electores pudiésemos comprometer a los candidatos y estos adquirir el compromiso de atender al pueblo, entender sus necesidades y frustraciones y coadyuvar a la búsqueda de soluciones factibles a su problemática. Me gustaría que se pudiera establecer un diálogo entre candidatos y electores donde la conversación permita, en un clima de altura, decencia y respeto mutuo, un flujo de las ideas y compromisos en los dos sentidos, que no sean monólogos donde una sola de las partes se crea poseedora de la verdad y como una oración, nos repita un mensaje aprendido aunque no conozca su contenido…

Me gustaría, al estar frente a un candidato, y tener la sensación de estar hablando con alguien que comprende las funciones que desempeñará y que es capaz de tratar a la gente como personas que merecen respeto y a quienes no se les debe mentir. Desearía tener la impresión que esta vez no nos equivocaremos llevando a la cámara municipal o a la junta parroquial a alguien que no sólo no trabajará por la comunidad, sino que se va a olvidar de las comunidades y sus problemas hasta dentro de cuatro años cuando deseará repetir en el cargo… algo que le dará un vuelco a esta campaña será el alto costo de la campaña publicitaria a través de los medios de comunicación masivos, lo cual obligará a los aspirantes a procurar el contacto cara a cara, mientras que el elector podrá verlo a los ojos mientras trata de convencernos que vale la pena darle nuestro respaldo.

Claro que habrá quien siempre aspire que le den algo de dinero o algo de comida durante la campaña, y aunque eso le pueda ayudar a paliar su situación por algún momento, no la resolverá de manera permanente, si le dan algo recíbalo pero no por ese hacho debe darle su respaldo.

También me gustaría que aquellos que construyen su campaña acompañados del negativismo, aquellos que no ven nada bueno en nadie, aquellos para quien todos los candidatos son ladrones, mafiosos, oportunistas, etc., pero que no tienen ningún otro mérito que despotricar de los demás, de mentir de cualquier manera a fin de destruir la imagen de los adversarios y contendientes, desaparezcan del mapa político y deban irse con su música a otra parte. ME GUSTARÍA QUE SÓLO SE ESCUCHASE LOS MERITOS PROPIOS Y LOS COMPROMISOS QUE CADA UNO DE LOS CANDIDATOS PUEDE CONTRAER CON LOS ELECTORES…




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Sigfredo Leal Levy


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