Bush: aislado y en cueros

Esta ha sido una semana de intensos antagonismos. Por un lado, en
la Asamblea General Ordinaria de la OEA, el emperador Bush
intentaba conminar a los países de América Latina y el Caribe a
aceptar el libre comercio como la varita mágica para alcanzar
democracias estables y prosperidad. Por el otro, la profunda
crisis política en Bolivia se agudizaba al extremo. Crisis
gestada precisamente por la aplicación a rajatabla de las
políticas de liberalización económica y comercial propugnadas por
Washington. La situación fue muy bien sintetizada por el líder del
MAS, Evo Morales, cuando afirmó que el problema de Bolivia no es
entre el oriente y el occidente, sino entre una mayoría muy pobre
y una minoría muy rica. Contrariamente a la arenga de Bush en Fort
Lauderdale esa mayoría exige la nacionalización de los
hidrocarburos y una refundación del país porque ha comprendido
que las privatizaciones y el reino del mercado son las causas de
su empobrecimiento. Pero Bolivia, pese a la singular
radicalización de sus movimientos sociales -o por eso mismo- no
es un caso único en América Latina. Hay que ser ciego para no
darse cuenta que el modelo neoliberal es gestor de crisis
sociales sin precedente por su esencia misma. De modo que el
movimiento popular en el país andino es el espejo de un proceso
indetenible en nuestra región. Y es que el neoliberalismo hace
inviable a la postre el funcionamiento hasta de la forma más
elitista y excluyente de democracia, como es la llamada
representativa. Sin embargo, estamos viendo que muchos pueblos no
se conforman ya con esa democracia y aspiran a una popular y
participativa. Se han percatado de que los asuntos políticos son
demasiado serios como para dejarlos al exclusivo arbitrio de
políticos profesionales cada vez más alejados de sus intereses.
Es una verdad de Perogrullo que Washington sólo acepta la
democracia representativa cuando le conviene. Para no ir más
atrás en la historia ahí tenemos el secuestro por fuerzas
especiales estadunidenses y el golpe de Estado contra el
presidente haitiano Jean Bertrand Aristide. En la reunión de la
OEA lo que pretendía la potencia del norte, utilizando como
operador al nuevo secretario general del organismo José Miguel
Insulza, era crear dentro de la organización un mecanismo de
"monitoreo" de la democracia que le sirviera para sentar a
Venezuela en el banquillo de los acusados y así enmascarar bajo
un manto colectivo sus planes intervencionistas en ese país. El
tiro le salió por la culata porque no obtuvo siquiera el apoyo de
los gobiernos más serviles. Con mayor o menor énfasis en sus
posturas los gobiernos de América del sur y el Caribe hicieron
imposible que pasara la propuesta injerencista estadunidense. Fue
categórico el canciller brasileño Celso Amorín cuando en réplica a
la secretaria de Estado Condoleezza Rice afirmó que "la democracia
no se puede imponer" y abogó por su consolidación mediante una
"mayor inclusión y justicia social". Amorín argumentó al respecto
que los conceptos básicos "tienen que ser la cooperación y el
diálogo, más que mecanismos intervencionistas". La diplomacia
estadunidense -si es que puede llamársele así- quedó totalmente
aislada en Fort Lauderdale en las personas de Bush, Rice y el
golpista Noriega, connotado operador de la subversión contra el
gobierno de Hugo Chávez. El documento finalmente aprobado excluye
todos los elementos de la propuesta de Washington, insiste en la
necesaria interacción entre inclusión social y democracia y en la
no intervención y la autodeterminación como principios normativos
de la OEA. Venezuela ha sido objeto de todo el odio de la
pandilla instalada en la Casa Blanca, que se proponía convertir
la reunión del desprestigiado organismo hemisférico en un foro
antivenezolano. Con esas miras Bush -quien nunca se ha reunido
con Chávez- recibió días antes a la aristocrática María Corina
Machado, líder de la organización contrarrevolucionaria Súmate.
Estados Unidos no se resigna a la conducta independiente de
Caracas. Y la solicitud venezolana de extradición del terrorista
Luis Posada Carriles ha llevado a la histeria a la cúpula
imperial porque desenmascara el verdadero trasfondo de la llamada
guerra contra el terrorismo. El caso Posada ha propiciado que
Venezuela y Cuba pongan al desnudo el pretexto con que Washington
ha intentado justificar sus guerras "preventivas" y las más
groseras violaciones a los derechos humanos.

aguerra12@prodigy.net.mx

http://www.jornada.unam.mx/2005/jun05/050609/033a1mun.php



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Angel Guerra Cabrera. La Jornada

Periodista, profesor en Casa Lamm, latinoamericanista, romántico y rebelde con causa. Por una América Latina unida sin yugo yanqui. Vive en México, D.F.

 aguerra21@prodigy.net.mx      @aguerraguerra

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