Yo leo, él lee, nosotros leemos ¿Tú lees?

Recordaba al Gabo en su cumple esta semana. Pensar en él es emocionarme, es regresar al asombro de la muchachita que era cuando descubrí a Macondo, pueblo  movedizo, mil veces leído mil veces distinto. Pensar en Cien años de soledad es sentir una cosa que me estruja el pecho, más que el pecho, el alma.

Y con el alma estrujada he vivido desde entonces, persiguiendo frases que me pongan la piel de gallina, que me obliguen a hacer una pausa, cerrar los ojos y sentir profundamente ese estrujón que provocan las palabras cuando las palabras están bien escritas. Mis libros, mis libros adorados, mis escritores, mis amigos.

Es que no puedo no sentir que quiero mucho quienes llenaron mi vida de ideas, de ganas contar cosas y contarlas, y encontrarme comprendiendo al Gabo cuando afirma que escribir por el puro placer de narrar es quizá el estado humano más parecido a la levitación. Y levitar… 

Y levitando voy a Caracas a la octava edición de la Feria Internacional del Libro. Parece mentira pero mientras gobernó la gente decente y pensante de este país, en todos esos años, a nadie le importó hacer un evento de este tipo, y menos tan accesible, tan... -¿como decirlo sin que le de un patatús a los que, por no dejarnos nada, también secuestraron a la cultura?- un evento tan popular.

Nunca como ahora se leyó tanto en Venezuela y es que claro, si mi Presi es un lector y ha sentido el alma estrujada, y a quien se le estruja el alma de esa manera no puede menos que querer que otros sientan el placer del estrujón, del chispazo del saber, la mirada clarita del entendimiento. Un presidente lector es un presidente de ideas. Lo mismo pasa con un pueblo que lee.

Un pueblo de ideas es un atentado contra el (des)orden establecido, lo que convierte a los libros -¡susto!- en armas de construcción masiva, que habilitan neuronas antes tullidas a punta de tele, revistas de moda y “La culpa es la de vaca”. Voilá! “Un pueblo ignorante es el instrumento ciego de su propia destrucción.”

Y así nos querían: ignorantes, y hoy resienten furibundos que no lo seamos. Que abarrotemos la Feria, que los libros estén al alcance de todos, que las ideas se rieguen, que la gente entienda y ya no se deje. Chaburros nos dicen quienes -“instrumento ciego de su propia destrucción”- votarán por un candidato que considera polémico e inapropiado hablar sobre los libros que está leyendo, porque no los está leyendo, no leyó nada nunca. Lo que confirma nuestra sospecha de que el autobús del progreso no hará parada en FILVEN.

En lo que fue un espacio exclusivo -que viene de exclusión, mire usted- donde la cultura era para “entendidos” -que hoy, mire usted otra vez, no entienden nada-; hacemos una fiesta libros de para todos. Cuando lo extraordinario se hace cotidiano… Culpechavez

tongorocho@gmail.com



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Carola Chávez

Periodista y escritora. Autora del libro "Qué pena con ese señor" y co-editora del suplemento comico-politico "El Especulador Precóz". carolachavez.wordpress.com

 tongorocho@gmail.com      @tongorocho

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