Vale para todas y todos

Hemos escrito en varias ocasiones sobre el cambio que se ha visto, experimentado e instaurado en el centro de Caracas. La manera más “eficiente” de recuperar un espacio público, aparte del ornato, el cemento y la cabilla, es que se llene de gente. Hace tres años el centro a partir de las cinco de la tarde era un lugar de paso. Y por supuesto peligroso. La soledad es mala consejera, dice el estribillo de una vieja salsa del grupo Son 14 de Cuba. Tocaba, tocó entonces “repoblar el centro”. Los bulevares caminables, las plazas, las flores, los cafés, los restaurantes, la historia que danza entre los monumentos son atractivos típicos del centro histórico de cualquier capital del mundo. Caracas era una excepción. Ya no lo es más.

Pero lamentablemente no todo es coser y cantar. Falta que la misma gente que retomó el centro, pueblo y autoridades, nos convirtamos en celosos vigilantes de que lo ganado, de que lo recuperado, se mantenga.

Los vehículos de cuatro y dos ruedas siguen haciendo un uso inadecuado o abusivo de los bulevares. Particulares y funcionarios públicos siguen colándose por cualquier rendija no vigilada y osan invadir los nuevos y los viejos espacios. Policías de civil o uniformados se aprovechan de su “condición” para atravesar a altas velocidades la Plaza Bolívar o invadir cualquier bulevar reservado para que la gente camine. Compañeros y compañeras de los medios de comunicación se “posan” con sus carros casi en los cascos del caballo de Bolívar, dizque con la excusa de que están “trabajando”. Ni que formaran parte del equipo de un piloto de Fórmula 1.

La contaminación sónica también es un problema a resolver. La “Esquina Caliente” tiene permanentemente encendidas cornetas a volúmenes invasivos que expelen música y voces que la mayoría del tiempo nadie escucha. O muy poca gente escucha. Y ni hablar de los “evangelizadores” que hablan frente a sólo treinta personas pero para ello se apertrechan de cornetas con tan altos decibeles, que pueden amenizar una fiesta en el salón más grande del hotel Alba. Oradores políticos o religiosos deberían valerse sólo de la fuerza de sus cuerdas vocales para hacer llegar su mensaje. A veces la Plaza Bolívar es un pandemónium.

¿Excesivo orden? Según se vea. Uniformado que atraviese la Plaza Bolívar en una moto debe tener claro que es un espacio peatonal y que si quiere llegar desde la Urdaneta hasta la avenida Universidad debe dar una vuelta. A menos que vaya a auxiliar a un infartado. Vale lo mismo para la gente de los medios. Vale para los funcionarios de la Cancillería que creen que los “dignatarios que nos visitan” están impedidos de caminar. Vale para los camaradas de la “Esquina Caliente”. Vale para los evangélicos, testigos de Jehová y libre pensadores. Vale para todos y todas ¿Sifrinerías? ¿Qué creen ustedes?


mechacin@gmail.com
Twitter: @mercedeschacin



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Mercedes Chacín


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