Cambiémosla por desprestigio social

La Cárcel Castiga, pero no Cancela la “Deuda” Social

Hasta ahora y en todas partes, donde los delitos son castigados con privación de libertad durante años, décadas y más, el delincuente paga dos (2) veces por una misma causa y delito: durante su encarcelamiento con toda su carga de peligros para su vida allí, y fuera de ella luego de salir en libertad. Pensamos que esta vieja modalidad se originó en los tiempos medioevales cuando los delitos por robo y crímenes eran cometidos por gente de la clase más pobre contra comerciantes en general.

Los términos “pagar” con prisión, cárcel o presidio, “saldar deudas” sociales y afines, responden a un argot estrictamente comercial. Las deudas económicas se cancelan y ya, no dejan rastros pendientes, con la secuela de pagador moroso, y posiblemente la “mora” de los ex convictos actuales se traduce en que, por ejemplo, los crímenes son “irrecuperables”, se tiran a “pérdidas”, cosas así.

En Venezuela, se ha colado la contraproducente estrategia sociológica, según la cual, al reo no debe sometérsele al escarnio público; se le tapa el rostro para que nadie lo identifique en las pantallas de TV ni en periódicos, mientras a la policía que lo detiene se la muestra con perfecta nitidez y con ello sea posible y fácil presa de represalias por parte de los afectados con dicho apresamiento.

Es un hecho que el ex convicto queda indeleblemente marcado para el resto de su vida, con todas las indeseables consecuencias familiares y económicas que eso arrastra. Muy probablemente se vea obligado a reincidir y tal vez lo haga con mayor saña y desenfado.

Su encarcelamiento se traduce en una pesada carga presupuestaria estatal, y su hacinamiento y deficientes condiciones internas, por ejemplo, son causas de frecuentes reyertas y derramamientos de sangre dentro esas cárceles, motivo de zozobra para sus familiares y de las consecuentes desgracias para sus hijos principalmente. Un hijo concebido en los salones de intimidad carcelaria no debe ser el más apropiado para una correcta salud del infante.

Proponemos que se ensaye todo lo contrario: pagaría con una amplia divulgación del delito cometido y de la identidad de sus autores, de frente, perfil, parado y agachado, con todos sus pelos y señales. Se mantendrá en observación policial durante varios meses o semestres. Se informará de su detención sin mencionar ni exhibir a los funcionarios involucrados directamente. Con los reincidentes se volvería al sistema en curso.

marmac@cantv.net


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Manuel C. Martínez M.


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