Sociedad civil vs. pueblo

Sin Duda

Hace tiempo el entonces ministro Luis Miquilena, hoy del lado opositor, fue duramente criticado porque un periodista le hizo referencia a la sociedad civil, y su respuesta fue “¿sociedad civil?, ¿qué es la sociedad civil?, ¿con qué se come eso?”. Varios años más tarde, vale la pena hacerse la misma pregunta: ¿a qué nos referimos cuando hablamos de sociedad civil?

¿Con qué se come eso?

La mayoría de los autores internacionales plantean que la sociedad civil es ese grupo social, intermedio e independiente, que se encuentra entre el sector público, conformado por el Estado y sus instituciones, y el sector privado, que comprende el mercado y las empresas comerciales.

Para ellos, la sociedad civil tiene entre sus funciones crear un balance social entre estos dos sectores.

No obstante, cuando uno revisa en la práctica lo que en Venezuela se ha dado a llamar sociedad civil, la realidad es muy distinta. Esta definición generalmente está relacionada con grupos de presión, casi siempre vinculados a los sectores económicos o a las clases sociales con mayor poder adquisitivo. Se agrupan para defender intereses particulares y rara vez en torno de alguna causa altruista.

Clasista y racista

Es raro que los que suelen hablar de sociedad civil, incluyan dentro de este grupo a la gente de los barrios, a los movimientos sociales de los sectores populares, o a los negros, o a los indígenas. Para que aparezca alguien en televisión supuestamente representando a la sociedad civil, tiene que ser blanquito, haber estudiado en alguna universidad del exterior y además, ir vestido con el atuendo de la última colección del mejor de los diseñadores parisinos.

Los que se rasgan las vestiduras en defensa de la mencionada sociedad civil, califican a los grupos de los sectores populares como “hordas”, independientemente que esas organizaciones hayan hecho mil veces más trabajo social que la mayoría de esos grupos socio televisivos.

Un plan, nada inocente, de sustitución del pueblo

El problema que está de fondo es que este concepto de sociedad civil busca desplazar un concepto mucho más amplio, más inclusivo y también, por qué no decirlo, más político, que es el concepto de pueblo.

Los mismos que vociferan a favor de brindar mayor participación a la sociedad civil, rechazan que se promueva la participación del pueblo.

Los mismos que solicitan que se escuche a la sociedad civil, se hacen oídos sordos para escuchar al pueblo.

Los mismos que exigen que la sociedad civil tenga representantes en distintas instancias, mueren de pavor ante la posibilidad de una democracia participativa y protagónica, que ponga el poder en manos del pueblo.

La diferencia con las organizaciones populares, es que estas sustentan su base de legitimidad en el trabajo de calle que realizan y no en las veces que sus aspirantes a líderes salen en televisión. En las organizaciones populares el liderazgo se gana con el trabajo diario y los coordinadores son elegidos directamente, en cambio la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil son un club de amigos, cuyo líder no ha sido electo por nadie y tiene título vitalicio.

Ahora bien, lo importante es que este hecho no es casual, que esta paulatina sustitución es premeditada.

Que mientras en el concepto de pueblo estamos incluidos todos, en ese concepto que se nos pretende imponer, sólo está representado un pequeño grupito, casualmente de los sectores sociales más poderosos.

Que mientras el pueblo exige aplicar la democracia directa y participativa, en donde cada persona puede expresar su opinión, sin intermediarios, a través, por ejemplo, de su voto en un proceso refrendario; en cambio, si se limita la participación a la llamada sociedad civil, son las cúpulas solamente las que pueden estar representadas en los organismos de toma de decisión.

En otras palabras, se trata de imponer el decadente concepto de la democracia representativa, ya no sólo para el sector político, sino también en el ámbito social.

El financiamiento del exterior

Tan no es casual el auge que ha tomado este concepto que existen intercambios millonarios de dinero, casi siempre provenientes de los países industrializados, hacia las organizaciones de la “sociedad civil” de los países en vías de desarrollo, que llegan a nuestros países supuestamente para apoyar causas nobles. Este dinero no es controlado por nadie, ni paga impuestos, rara vez se sabe en qué lo invierten y no está sujeto a ninguna clase de contraloría.

A veces puede terminar siendo jugado en un bingo, por algún sindicalista que decía ser miembro de esa sociedad civil.

No dudamos que ciertamente algunos de estos grupos se muevan por intereses altruistas. Sin embargo, llama la atención que con tantos problemas reales que tienen nuestros países, la mayoría del dinero que se reciba desde fuera sea para la promoción de temas que están más en el campo político que en el social.

Dice el refrán que “quien paga la música elige la canción”, cuando uno revisa el financiamiento que reciben la mayoría de estas organizaciones, se entiende clarito por qué actúan como lo hacen. Es lógico que si la mayor parte de su financiamiento es internacional, pues entonces trabajen en función de los intereses trasnacionales y no a favor de la Patria.

Con esto no queremos decir que todo el que reciba dinero del exterior es un vendido a los intereses imperiales. No obstante, es evidentemente distinto recibir dinero para luchar contra el SIDA, o para realizar una campaña en contra de la violencia doméstica, que recibir dinero para “promover la democracia” o para “instruir a los ciudadanos sobre sus derechos políticos”.

Estos temas son sumamente importantes, y vale la pena que existan ciudadanos que dediquen parte de su tiempo para reforzar estas áreas fundamentales para el desarrollo de una democracia saludable. El problema es que existen muchos grupos que se esconden detrás de estos temas, para desarrollar actividades político partidistas, sin tener que cumplir con las leyes que en nuestro país existen para dichos partidos.

Ser un partido con privilegios de ONG

Aquí entramos también en otro tema importante a analizar cuando se habla de sociedad civil, y es que muchas de estas organizaciones tratan de esconderse debajo del pretexto de que son organizaciones sociales, para no cumplir con la Ley de Partidos Políticos, la cual establece una serie de condiciones que deben cumplir estos para poder actuar como tales.

Las organizaciones civiles, obviamente, no tienen estos requisitos debido a que su misión es muy diferente.

El problema es que existen los que desean lo mejor de los dos mundos, es decir, poder encubrirse con el manto de la sociedad civil, pero actuar como un partido político, sin tener que rendirle cuentas al Poder Electoral ni a la opinión pública.

Respondiendo

Sólo para responder la pregunta que aquella vez hiciera el Ministro, después de este análisis, no nos queda duda de que la sociedad civil se come con mucho clasismo, con una fuerte dosis de discriminación racial, con mucho financiamiento internacional, con falta de escrúpulos patrióticos y con un encubierto asco por lo popular. Eso sí, con finura, mantel de encaje y buenos cubiertos.



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Mary Pili Hernández

Ex-ministra de la Juventud, ex-viceministra de Relaciones Exteriores para América del Norte, y ex-concejal por el Municipio Libertador. Cristiana, Periodista, Socialista, Bolivariana, Antiimperialista y Chavista.

 mphopinion@yahoo.com      @marypilih

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