Ochoa Antich, relee tu libro, pana

Comprendí de inmediato que el alzamiento de los militares se explicaba, en buena medida en la cabal comprensión de la rebelión de los pobres, que ambos fenómenos estaban íntimamente, históricamente vinculados". ¡Ajá! ¿Adivinan quién escribió esto en un libro? Los más jóvenes pueden llamar a un amigo.

Bueno, fue Enrique Ochoa Antich, el mismo que, con el rimbombante cargo de coordinador de la Comisión de Luchas Sociales de la Mesa de la Unidad (¡eeesoo!), fue a acusar a Chávez con la maestra -la OEA, pues- por "celebrar el 4 de febrero, que fue un golpe de Estado".

Les daré la ficha bibliográfica: Ochoa Antich, Enrique (1992). Los golpes de febrero (De la rebelión de los pobres al alzamiento de los militares). Caracas: Fuentes Editores. Mi ejemplar tiene una hermosa dedicatoria del autor. Es algo personal, pero lo hago público porque refleja las profundas convicciones del joven Enrique: "Para Clodovaldo, con el sueño irrenunciable de una Venezuela de libres y de iguales".

Le mostré el libro al Estrangulador de Urapal, para preguntarle: ¿Cómo alguien puede cambiar tan radicalmente su apreciación sobre hechos de los que fue testigo y protagonista? Me contestó: "Bueno, acuérdate que él es teodorista y Teodoro les dijo a sus seguidores que aquel que no cambiase de opinión era tremendo estúpido". Claro, pero a Ochoa se le pasó la mano: no cambió de opinión, sino de cosmovisión, que es como cambiar de cerebro y de alma.

Aclaremos: no digo que el hombre maduro que es ahora Enrique debería ser chavista. Digo que de aquella interpretación suya del 4F a esta magra actuación como gerente de quejas y reclamos de la MUD (así ve la derecha las "luchas sociales", tú lo sabes, amigo) hay un abismo ideológico y humano que mete miedo. Es verdad, pasaron 20 años, la gente envejece y se envilece. Pero si uno enjugó -junto a las fosas comunes- las lágrimas de los deudos de los asesinados del 27F; si uno luchó al lado de la gente mayor tratada como escoria por aquellos gobiernos, debería tener algo de respeto por ese joven soñador y rebelde que uno mismo fue.

Enrique debería, como se dice, leer en su libro: si no lo tiene a mano, nada más le dejo uno de sus últimos párrafos en los que pide al gobierno de Carlos Andrés Pérez negociar con "los jóvenes oficiales que en un desesperado gesto de rebeldía decidieron sublevarse". Cito: "No hay tiempo para el rencor y la soberbia, que deje el Presidente (Pérez) de llamarlos delincuentes. Que tenga por una vez la serenidad de admitir que ellos representan, objetiva y azarosamente, una ancha y vigorosa tendencia política nacional".

Vuelve a leer tu libro, pana. Te vendría bien.

clodoher@yahoo.com 

(Publicado en El Universal)



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Clodovaldo Hernández


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