El rumor de las piedras

Yo no sé dónde han matado mas gente si en el aeropuerto de Porlamar o en las oficinas de Conferrys; como tampoco podría saber si un pasajero tiene licencia para matar, incluso varias veces, a sus seres mas queridos con tal de conseguir un pasaje que lo saque de la isla después de una fuerte temporada.

Si así como existen captadores de prospectos para los deportes rentables, existieran también cazadores de talentos para el teatro, el cine y las telenovelas, el mejor sitio para montar esa cacería sería indudablemente el mostrador de una línea aérea. Lloran, suplican, juran y ofrecen lo que sea con tal de lograr ablandar el alma de la dependiente que en el mejor de los casos lo que anda es azarada con tanto pasajero y tan pocos asientos.

Pero si las expresiones faciales y corporales de los pasajeros en esos trances son una demostración de que los casting solo sirven para consumir presupuesto, las expresiones orales son la prueba máxima de que las escuelas de teatro se irán pronto a la quiebra si sus alumnos no hacen aunque sea una pasantía corta por las taquillas para la venta de pasajes primero, por los stand de lista de espera después y finalmente por la propia puerta de abordaje.

Son tan buenos artistas que hasta los agentes de seguridad abandonan sus funciones para acercarse a ver la actuación de la señora que quiere contarle a la muchacha hasta los síntomas del infarto que le dió a su abuelita o los detalles del accidente donde pereció su único hermano, sin temor de que alguien en la cola la reconozca y le pregunte si su hermano ya se vino de estados unidos o si su abuelita no es la que está esperando en la fila de Aeropostal.

No sé de dónde sacan tanto moco ni qué se untan en los ojos para que se le pongan como dos metras mojadas. Mientras las mujeres hacen su trabajo matando sin compasión a medio núcleo familiar, los maridos o los hijos les dan apoyo con una estrategia distinta pero digna también de una actuación de Andi García en la película Asuntos de Familia. Se colocan el celular en el oído y a gritos comienzan a hablar con la funeraria, el hospital, el cementerio, la floristería y todos los entes asociados con un velorio, para que no quede dudas que el entierro es impostergable y por ende el viaje.

Acaso alguno dude de la buena función de esos artistas natos, déjenme decirles que estos ojos han visto pasajeros formándole un peo al gerente de la línea, no por un cupo para él, sino para la pobre señora que está allá en la taquilla rogando un puesto porque la firma del documento de su vivienda tiene que ser ese día a las dos de la tarde o si no pierde la opción de compra y por supuesto los riales.

Fredy Salazar. Salazarfu@pdvsa.com Puerto La Cruz


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