Esa obra se estructura,
según las tres etapas bien delimitadas de la vida del insigne intelectual
venezolano y los distintos aportes que en ellas hace el polígrafo y
publicista. La etapa venezolana, que abarca desde su nacimiento en Caracas,
hasta su salida hacia Londres, en misión diplomática acompañando
a Simón Bolívar y a Luis López Méndez, en 1810, a los 29 años;
la etapa londinense, que abarca 19 años, donde contrae matrimonio en
1814, con Mary Anne Boyland, y nacen sus primeros hijos, viudo, vuelve
a casarse con Isabel Antonia Dunn, en 1824.; y la etapa chilena, la
más productiva, que abarca 36 años, hasta su muerte, en Santiago,
a la provecta edad de 84 años. En su larga vida, Bello ve nacer y crecer
sus hijos, tres con Mary Ann y doce con Isabel, quince en total; pero
también ve morir a ocho de ellos, tres infantes y cinco adultos.
Los tomos organizados
abarcan las distintas temáticas a que dedicó Bello su pensamiento,
y están cada uno precedido de un prólogo, que es un profundo estudio
sobre la respectiva materia versada, por tratadistas de distintas nacionalidades,
que han estudiado en profundidad el pensamiento de Bello, según sus
especialidades. La reunión de los prólogos es un rico venero interpretativo
de la obra de Bello, y un aporte significativo para la comprensión
y estudio del pensamiento de tan insigne pensador.
Aunque su etapa caraqueña
es la menos conocida, se sabe, sin embargo, que en ella ya Andrés Bello
era un intelectual reconocido por sus dotes y por la calidad de sus
estudios y actividades realizadas. En esta etapa de su vida, despuntaba
ya como un pensador profundo, serio y disciplinado, de vastos conocimientos,
y con clara disposición para el magisterio. Entonces realiza su labor
educativa en su discípulo y amigo Simón Bolívar, futuro Libertador.
En sus años juveniles
en Caracas destacan las poesías de Bello, y sus primeros estudios filológicos,
históricos y periodísticos. De su etapa caraqueña es su importantísimo
estudio “Análisis ideológico de los tiempos de la conjugación castellana”,
publicado en Chile años después, pero que revela la calidad de pensamiento
que ya Bello ostentaba en Caracas.
Evidencia del reconocimiento
ya como intelectual destacado que era es la recomendación o mejor
exhortación que le hace su amigo Juan Germán Roscio a los pocos días
de su partida a Londres: “Memorias a los compañeros. Consérvese
Usted. Ilústrese más para que ilustre a su patria".
En Londres continúa
sus estudios y conduce profundas investigaciones, cuyos primeros resultados
publica, entonces y basamentan, además de las políticas y diplomáticas,
sus actividades docentes, que le permiten su subsistencia. Deseando
vivamente el regreso a Venezuela, y seguir al servicio de Colombia,
sin embargo, empujado por las circunstancias orienta sus pasos a Chile,
pero con la firme esperanza de regresar. Era natural que pensara que
si después de una larga permanencia en Londres ocurría su partida,
lo mismo ocurriera después de una estadía en Chile. A José Rafael
Revenga le escribe el 1o. de diciembre de 1828: "... Ambos (él
y su mujer) tenemos desde ahora mucho placer en ofrecernos
a las órdenes... sea en Londres, sea en Chile (adonde pienso me dirigiré
muy en breve), sea en Colombia adonde no es imposible que me arrojen
tarde o temprano los vaivenes de mi fortuna. Esto
último sería lo más conforme a mis deseos, pero no puedo elegir"
(O. C. t. XXV p.407).
En Chile, la más amplia
y conocida de las etapas de su vida, es su total dedicación a su labor
civilista y educativa, donde destaca como jurista, político, consultor,
científico, historiador, gramático, filólogo, lingüista, educador,
internacionalista, legislador. Se proyecta entonces como paradigma intelectual
de Hispanoamérica, y Chile lo ostenta como uno de sus preclaros connacionales.
La obra de Bello fue
prolífica, y la interpretación de ella por diversos pensadores del
pasado y del presente ha dado lugar al bellismo. En nuestro país, entre
muchos, hombres como Fermín Toro, Juan Vicente González, Arístides
Rojas, Cecilio Acosta, Gonzalo Picón Febres, Antonio L. Guzmán y Antonio
Guzmán Blanco, Lisandro Alvarado, Mario Briceño Iragorry, Luis Correa,
Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri, Luis B. Prieto, Rafael Caldera,
Pedro Grases, Fernando Paz Castillo, Pedro Pablo Barnola, por sólo
mencionar esos, han fundamentado valiosos aportes al bellismo.
La obra de Bello en
su amplitud y profundidad comprende: Sus poemas y silvas, El análisis
ideológico de los tiempos de la conjugación castellana, su Gramática
castellana, “destinada al uso de los americanos”, en su propio decir,
y reputada por Amado Alonso “como una de las mejores gramáticas
de los tiempos modernos en cualquier lengua”, su Gramática latina,
su Filosofía del entendimiento, Código civil, Derecho internacional
o de gentes, Derecho romano, Cosmografía, y sus estudios filológicos,
gramaticales, educativos, históricos, políticos, su vasta obra periodística,
y su rico epistolario. Y su labor docente, enriquecida con su tarea
rectoral al frente de la Universidad de Chile, desde la fundación de
la institución en 1843 hasta su muerte en 1865, a lo largo de 22
años, dedicados al desarrollo de una tarea educativa de gran aliento
y significación, que enriquece en sumo grado su labor pedagógica que
contribuye en grande a proyectarlo como “el gran Humanista de América”.
Las temáticas, variadas
y ricas, comprenden, además de su valiosa actuación periodística
como editorialista y columnista, diversos aspectos, que unida a su labor
entre otras, en el campo jurídico, administrativo y gubernamental,
expresan su valiosa actuación chilena, cuyo inventario se revela
copioso. A la hora de su muerte, Don Ignacio Domeyko, junto al
cadáver de Bello, en el cementerio, expresó: "No es dado enumerar
fríamente los inmensos méritos y servicios de Don Andrés Bello, que,
si pudiéramos recordarlos todos, dudaría la razón que en una sola
vida, un solo hombre, pudiera saber tanto, hacer tanto y amar tanto".
(Citado por Prieto Figueroa en su discurso de instalación del “Congreso
Bello y Chile”, en Caracas, el 20 de noviembre de 1980).
Contra sus deseos Bello
no regresó a Venezuela, pero en su epistolario dejó muestras
de amor filial a su madre, e identificación con sus hermanos y sobrinos;
su hijo Carlos Bello pudo viajar a Caracas, y de él escuchó Bello
vivos testimonios de su gente, que aún lo recordaban con inmenso cariño,
a pesar del tiempo y la distancia.
Y aunque Bello no regresó,
y Chile le ofreció los atributos y cariños de una nueva patria, supo
plasmar en su poesía la más hermosa expresión que de nacionalismo
y amor al terruño natal se haya escrito jamás (O. C. t. I, p.604):
Naturaleza da una madre sola
Y da una sola patria...En vano, en vano
se adopta nueva tierra; no se enrola
el corazón más que una vez; la mano
ajenos estandartes enarbola;
te llama extraña gente ciudadano...
¿Qué importa? ¡No prescriben los derechos
del patrio nido en los humanos pechos!
Era el tributo estupendo
a la tierra natal de quien la había cantado en prosa y verso
y nunca la apartó de su corazón.
Podríamos abundar más en señalamientos relativos a los distintos aspectos sobre la obra de Bello y su significación; pero creemos es suficiente con lo hasta aquí señalado, para tener una idea bastante cabal de la asombrosa tarea intelectual desarrollada por Don Andrés Bello. Suficiente, para verlo como el más alto valor del pensamiento latinoamericano hasta nuestros días.
gijospe@gmail.com