Guatire, Guarenas y sus zonas aledañas en peligro

El crecimiento inmobiliario desproporcionado y alevoso que están ejecutando las empresas de construcción con sus consorcios y los marginales de oficio en Guatire, Guarenas y zonas aledañas es ya intolerable. Las primeras, con la ayuda usurera y afán de riquezas de grandes bancos, los segundos; con la complicidad de gobernadores del pasado y del presente, de algunos alcaldes y funcionarios corruptos que hacen la vista gorda cuando presuntas familias sin techo, invaden zonas verdes de las hermosas montañas aún vírgenes que hasta hace poco rodeaban la mal llamadas ciudades dormitorios. Todos en conjunto están dados a la depredadora tarea de acabar con flora y fauna autóctona, que lastimosamente debe escapar de su hábitat natural, cuando no morir bajo las enormes ruedas de los tractores y pesticidas arrojados sin piedad sobre la maleza. Es sabido que en estas zonas del Estado Miranda el calor es opresivo a causa de su posición geográfica, pueden imaginar cómo se convertirán prontamente cuando acaben con las montañas y su zonas verdes.  El colapso de los servicios vitales se incrementara, a niveles incontrolables, que no es poco ahora lo que se sufre con ellos. El ecocidio es palpable por sus cuatros costados, cada día amanecen carteles promocionando e invitando a comprarse la vivienda de su vida, enormes desarrollos apuntan hacia donde pueda haber un verde espacio. Dentro y fuera de Guatire por ejemplo, los edificios y centros comerciales son más grandes y las calles más estrechas, también los nuevos barrios exigen su inmobiliaria tajada creciendo desordenadamente. Por supuesto que apunto al desarrollo y a la creación de fuentes de empleo, pero ¿por qué ese desarrollo no puede ser controlado y ordenado?

Se debe obligar a los constructores a respetar el medio ambiente, también a los arquitectos y diseñadores a crear amplias zonas de arboles y jardines que rodeen estos grandes conjuntos. Las autoridades respectivas obligar a que se construyan grandes obras de servicios vitales, a detener la construcción invasiva de los rancheadores de oficio, con la ayuda de los concejos comunales y sus contralorías sociales. Por último; al Ministerio del  Poder  Popular para el Ambiente que debe intervenir, pues es como ya dije; insoportable la desidia. El cambio climático es una realidad, “que dios coja confesados”, a los habitantes de Guatire, Guarenas y zonas aledañas.

williamdejesusurbina@hotmail.com

Caracas 10 de septiembre de 2011.




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