Farruco y el izquierdismo: tomo partido por Farruco

¡¡¡Revolución, ya. Participación total ya. Justicia social ya. Consulta a las bases sobre todo ya. Todo ya!!!. ¡Esa es la posición izquierdista! Como si la revolución fuera un decreto y no un proceso. Se parecen a los escuálidos más recalcitrantes: ¡¡¡“Chávez vete ya, referéndum ya, elecciones ya”!!!

Con todo respeto, considero que la batalla de las ideas que está dando Farruco en este medio es con las posiciones “izquierdistas” erróneas. Y a pesar de que en efecto hemos notado otros contenidos en esta “lucha”, lo fundamental es eso, el “izquierdismo” de algunos compañeros bolivarianos, que no por ello descalifica su posición en muchas otras cosas que podemos hasta compartir. Pero sobre este tema queríamos debatir, y me fui por el camino fácil de citar textos y no escribir uno propio, por cuanto creo que son mas sabios y mas completos que los que yo pudiera hacer.

Para el debate haré citas textuales con subrayados hechos por mí, de dos personas: Francisco Sesto, porque soy uno de sus viceministros, comparto su visión política y porque soy su amigo por otras razones personales. Y Juan Miguel Díaz, por casi las mismas razones y porque creo que su análisis es correcto. De “Farruco” citaré pocas cosas, por cuanto su artículo completo ya circuló en este medio, y se “defiende solo”. De Juan Miguel si cito mucho más, porque es parte de un largo trabajo que no tiene desperdicios. A ninguno he pedido permiso para hacer este arbitrario “collage”, espero que me sepan perdonar.

Francisco Sesto (Ministro de la Cultura)

“¡Ah, si la revolución pudiera hacerse por decreto! Si uno pudiera instituir por medio de la voluntad un modelo de la realidad imaginada. Si uno pudiera parcelar la realidad como se parcela un latifundio para trabajarla solo con buenas intenciones”.


“Hace años que aprendí de un amigo llamado Alfredo Maneiro que había tres maneras de aproximarse a la revolución. Una, decía él, era la de acercarse a la revolución como oportunidad. Esta es la forma en que algunos escritores y artistas suelen conectarse con ella: ven allí un campo propicio para ganar méritos, establecerse un territorio y lograr determinadas relaciones. (A la hora de la verdad, cualquier rabieta o contratiempo los hace abandonar el campo. Hay muchos ejemplos). No es útil para nada. La otra es el acercamiento a la revolución como simple elección de vida personal. Esta es una opción casi religiosa, o religiosa. No tiene que ver con el poder. No se mancha, no se arriesga. Es la opción de los puros. En ella no importan los tiempos ni los hechos. La satisfacción la da el sentir que se está haciendo lo adecuado. Al individuo que la asume le basta con ello. Es un poco más útil que la anterior, pero no mucho más. La tercera forma, decía Alfredo, es aquella que ve a la revolución como objetivo: esta es la interesante para un revolucionario. La que se propone construir el sueño, hacerlo realidad (y no se contenta con menos que eso) y mantenerlo y defenderlo”. “Recordando que los pobres de la tierra están ahí y que nadie tiene el monopolio de su representación”.


Juan Miguel Díaz (profesor titular de la Universidad Simón Rodríguez)

“Una de las tentaciones más comunes que han debido enfrentar los procesos revolucionarios pasados, que ha sido causa de graves errores y grandes derrotas, lo constituye el “izquierdismo” o sea, el exceso de radicalismo de izquierda, el doctrinarismo revolucionario esquemático y con tendencia a estar fuera de contexto en su enfoque de la realidad objetiva”.

“Todos los procesos revolucionarios nos enseñan esa lección. Por no ir muy lejos, tenemos el ejemplo de lo que pasó en Granada, cuando dirigentes ambiciosos se aprovecharon de la ingenuidad de los “izquierdistas” y los arrastraron a un acto de extrema gravedad, que culminó con el fusilamiento de Maurice Bishop, que lo consideraron “no ortodoxo”, la pérdida del proceso revolucionario y la invasión imperialista norteamericana”.

“Y en Venezuela ya aparecen ciertas opiniones “izquierdistas” que cuestionan el carácter “poco ortodoxo” de Hugo Chávez.”

“En su tiempo, el gran maestro de revolucionarios, Vladímir Ilich Lenin, calificó al “izquierdismo” como una enfermedad infantil en el seno de la Revolución. Por cierto, todos aquellos que se sienten revolucionarios, deberían buscar la obra de Lenin, “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”, un buen análisis de esa obra sería una magnífica medicina contra el “izquierdismo”. Incluso el más radical de los revolucionarios de todos los tiempos, Lenin, fue a veces acusado, de “traidor”, “reformista” y “procapitalista” por sectores “izquierdistas”, dentro del propio Partido Bolchevique.

“Ser revolucionario de ninguna manera implica hacer lo que me venga en ganas, supuestamente en aras de la Revolución, eso sería traicionar a la Revolución. Por tomar un solo ejemplo, hoy después de 14 años, con una mayor madurez revolucionaria, los compañeros dirigentes de la Revolución Sandinista en Nicaragua, no dejan de reconocer con auténtica modestia y humildad revolucionarias, que aunque su derrota electoral en 1990 estuvo determinada principalmente por la bestial arremetida del imperialismo yanqui, también influyeron muy negativamente en aquella derrota, los actos de abuso de poder, de arbitrariedad, de soberbia, privilegio e impunidad que muchos revolucionarios “izquierdistas” y otros en realidad arribistas y oportunistas infiltrados con fraseología revolucionaria cometieron contra su propio pueblo. Precisamente los peores eran aquellos que exhibían mayor fanatismo por la simbología externa revolucionaria, eran los más “rabiosos” en expresar consignas revolucionarias y en su vestimenta, llenándose de cuanto atributo revolucionario externo eran capaces de encontrar, franelas, gorras, pañuelos, etc.,”

“El “izquierdismo” está muy emparentado con otras tentaciones revolucionarias como son el anarquismo y el aventurerismo. Como tendencia los “izquierdistas” son propensos a caer en errores de anarquismo, como por ejemplo, la negación del papel del Estado, el desconocimiento de la necesidad de la autoridad y la jerarquía aún dentro del proceso revolucionario, pueden creer que la Revolución es sólo una gran aventura, donde basta con la voluntad para forzar e imponer los cambios revolucionarios a contrapelo de si existen o no condiciones, y si las masas están lo suficientemente preparadas, desdeñan la paciente labor educativa entre las masas, rechazan cualquier reforma, pues sólo reconocen un solo método revolucionario legítimo de hacer las cosas en la Revolución, “la toma por asalto”. No entienden el concepto de proceso, ni de acumulación, sólo toman el momento del salto. No comprenden la dialéctica de la Revolución, cuando en ocasiones es necesario hacer primero un paciente rodeo, como decía Lenin, antes de lanzarse a tomar la fortaleza. Son los que rechazan las tácticas de maniobras, de acuerdos y compromisos. Identifican simplista y linealmente, en cualquier situación concreta, radicalismo con Revolución, sin tomar en cuenta que a veces en un momento dado, lo revolucionario es ser reformista, y que ser radical sería imprudente. Son aquellos que muchas veces cuando es necesario ser reformista son radicales, pero cuando llega el momento de ser verdaderamente radicales, terminan siendo reformistas. Lenin advertía de este error en su obra sobre la “enfermedad infantil del izquierdismo”

“Pero a los “izquierdistas” sólo les atrae de la Revolución su lado romántico, son los fundamentalistas del “puritanismo revolucionario”, los maestros de la tribuna inflamando a las masas con frases revolucionarias. Por eso en su discurso ocultan sus carencias analíticas, mediante el abuso de la frase revolucionaria. Sobre el particular Lenin decía: “La frase revolucionaria suele ser, en la mayoría de los casos, el mal que sufre los partidos revolucionarios cuando realizan directa o indirectamente la ligazón, la asociación y el entrelazamiento de elementos proletarios y pequeñoburgueses y cuando el curso de los acontecimientos revolucionarios experimenta cambios importantes y bruscos. La frase revolucionaria es la repetición de las consignas revolucionarias sin tener en cuenta las circunstancias objetivas que se dan en un cambio concreto de los acontecimientos, en un estado de cosas determinado. Consignas magníficas, atrayentes y embriagadoras, pero desprovistas de base: ésa es la esencia de la frase revolucionaria”. (O.C., t. 35, pág. 343)”

“Los “izquierdistas” en tanto que no comprenden bien que una Revolución es un proceso, y que como todo proceso se desarrolla por etapas, creen que se puede lograr una democracia participativa por decreto, con violencia o con marchas, como un acto de simple voluntad, violentando cualquier etapa. Identifican todo Estado con burocracia, la autoridad con dominación, la subordinación y la disciplina consciente revolucionaria con sumisión. Contraponen pueblo y Gobierno revolucionario, partido y movimiento popular. Creen en una especie de anomia social cuando llaman a las masas a realizar “actos espontáneos” sin someterse a ninguna norma. No entienden el concepto de “disciplina consciente” de Gramsci”.

“Los “izquierdistas” desdeñan el papel del principio democrático de la representatividad dentro de la democracia participativa, la cual no significa, en propiedad, que se renuncie a lo representativo, sino que se va más allá, no se limita la democracia a lo representativo, pero tampoco se renuncia a ese principio. Federico Engels decía que sería inconcebible el socialismo sin órganos democráticos representativos”.

“Alcanzar una democracia participativa es algo bien complejo. Es un proceso, no un acto único, se puede comenzar a construir en un día, pero es algo que requiere muchos años. No puede alcanzarse de modo aislado del despliegue de otros subprocesos dentro del proceso revolucionario. Por ejemplo, no podría lograrse la democracia participativa sin revolución cultural, con todo lo que implica este concepto y que de ningún modo puede reducirse a las actividades de un Ministerio de Cultura o de Educación, por muy significativas que éstas sean. La revolución cultural es tarea de todos los revolucionarios. Implica no sólo un grado mayor de cultura, de rescate de una identidad, de una mayor instrucción y educación, sino además el cambio de los valores sociales, un cambio radical en la conciencia social del pueblo, el triunfo y desarrollo de la ideología revolucionaria, la creación de una nueva cultura política y finalmente un nuevo tipo de ciudadano en un nuevo modelo de civilización. Tampoco puede lograrse la democracia participativa al margen de otras relaciones sociales, pues la democracia no sólo es política, es también social y económica. Se requiere un cambio en las relaciones de producción, de propiedad, de distribución, cambio y consumo. Se requieren superiores condiciones materiales de vida y un nuevo modo de vida.”

“A propósito, algunos de aquellos que tienen una interpretación “izquierdista” o anárquica del proceso revolucionario han tomado como fundamentación de sus tesis lo que ocurrió el 13 de abril de 2002 en Venezuela. Creen ver en esos hechos la confirmación de la negación de la autoridad, del liderazgo, del principio representativo, de la contraposición entre lo espontáneo y lo normativo. Sin embargo, ese día el pueblo venezolano dio una señal y una lección diferentes. El pueblo salió a la calle y llegó hasta Miraflores no para sentarse allí a gobernar directamente, sino para rescatar a su liderazgo, a su líder, a su autoridad, al Presidente que eligió, al Presidente que lo representa, al Presidente Chávez. No por gusto en el seno de las masas surgió la consigna que “!con Chávez manda el pueblo!” y que “!Chávez no se va!”

“El pueblo no tardó en subordinarse conscientemente y no sumisamente, ante la presencia de las autoridades revolucionarias electas y gubernamentales, que él mismo se ha dado con su voto. No eran autoridades impuestas. El pueblo salió a la calle no para suprimir las normas, sino para defender y restaurar la vigencia del documento normativo más importante de la Nación, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, derogada por la dictadura oligárquica de Carmona el breve”.

“Nunca ha sido un secreto que del lado de los bolivarianos existe una determinada pluralidad ideológica. Pero el verdadero enfoque revolucionario es buscar los consensos revolucionarios. Es utópico pensar que es premisa de una revolución una homogeneidad ideológica. Lo revolucionario es buscar lo que une a los revolucionarios y no insistir en lo que los desune”.

“La vida ha demostrado, que no hay nada peor para los procesos revolucionarios que el marxismo mal aprendido, mal interpretado, dogmatizado o manipulado.”

“Gritar menos y estudiar más, es lo que debemos hacer. Por lo pronto, sí sabemos de muchos errores que no debemos repetir, pues aquellos que no aprenden de la historia, están condenados a repetir los mismos errores. Si sabemos que con nuevas exclusiones “en nombre de la Revolución” no llegamos a ninguna parte, que los revolucionarios sí le abrimos las puertas a todos, sean éstos revolucionarios o no, lo que exigimos es que sean patriotas, honrados y honestos ciudadanos, los que queden fuera y rechazaremos, será porque ellos mismos se autoexcluyen con su actitud antisocial delictiva, antipatriótica y proimperialista. Venezuela sí es de todo aquel que quiera luchar por los intereses de su Patria, que no la venda, que no sea corrupto, que sea un ciudadano digno”.


Viceministro de Cultura para el desarrollo Humano.
hectorsoto45@yahoo.es




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