Trincheras de Ideas

El Bicentenario de la Independencia y las dos Caracas

Hemos estado viviendo todos estos días julianos lo que en justicia pueden considerarse las festividades que rememoran aquella gesta del ya épico 5 de julio de 1811, cuando se declarara la independencia de Venezuela. Como nunca antes, bajo ninguno de los gobiernos que desde entonces tuvo la república, se le dio tanta fuerza y proyección a la magna fecha y nunca se había producido una movilización y participación popular de tanta magnitud como la que se dio durante toda la jornada y las festividades patrióticas.

Sin dudas que la exaltación del patriotismo y la nacionalidad estuvo presente como sustento fundamental de toda aquella larga jornada, porque julio fue el mes de la independencia. Y no puede considerarse como el impulso de un patrioterismo barato, de un nacionalismo de frontera, sino el afianzamiento de un sentimiento mucho más arraigado del hecho popular y no al superficial –por no decir inexistente– patrioterismo de la oligarburguesía, la que utilizó siempre, oportunistamente, a Venezuela como comodín, cuando les convenía, pero consuetudinariamente la vendieron y entregaron sus riquezas y soberanía a los poderes extranjeros, imperiales.

Si algo ha sido notorio y trascendental en estas celebraciones y ha marcado una diferencia abismal, de clase popular ha sido la enorme inversión que hizo el gobierno revolucionario remodelando, rescatando y embelleciendo a Caracas, la Caracas de Chacaíto hacia el Oeste, esa Caracas bolivariana que fue abandonada en buena medida por la incuria y la apatía de los gobiernos de la Cuarta República, adecos y copeyanos que para nada les dolía esta ciudad, al contrario, infinidad de monumentos históricos, plazas, casas de próceres como Miranda, Bello y otros fueron derrumbadas y de ellas no existe ni el recuerdo; pero ello igualmente obedecía a un perverso plan de borrar la memoria histórica, de dejar que la parte histórica de la ciudad, el centro y las principales parroquias, se deterioraran, afearan el epicentro de la independencia americana.

Cuando se hace un análisis de toda la problemática arquitectónica de la ciudad salta a la vista, además de la perversión mercantilista, la malsana intención de dañarla en su génesis histórica, así toda las manzanas que componían la Plaza San Jacinto, donde se ubica la casa natal del Libertador, sufrió sensibles mutaciones, en plena esquina de San Jacinto fue construido una enorme edificación que nada tiene que ver con el carácter colonial de las estructuras que a duras penas se salvaron de la demolición por el peligro de crisis política que hubiese significado demoler la casa natal de El Libertador. Otras edificaciones más contemporáneas, como la gigantesca mole que constituye el Nuevo Circo, sufrió el deterioro progresivo del deliberado abandono por parte de los oligarcas dueños que buscaban su demolición para “urbanizar” aquel costoso terreno, cosa que felizmente no ocurrió y el coso taurino fue rescatado por la revolución como regalo a Caracas y convertido en centro cultural, por iniciativas de las dos Alcaldías, la Metropolitana (de Juan Barreto) y la de Libertador (del alcalde Bernal).

Pero en estos días podemos disfrutar de la belleza del remodelado Teatro Principal, del Correo de Carmelitas, del Teatro Nacional, de la Escuela de Música José Ángel Lamas, de la Iglesia de Santa Capilla, de la Plaza Diego Ibarra, el Hotel León de Oro, del rescate de los sótanos del Centro Simón Bolívar transformados en un macro terminal de transporte público para descongestionar a Caracas. El espacio es pequeño para mencionar las decenas de obras que se han hecho y que quedan para presentar a Caracas con un nuevo rostro y una conciencia ciudadana mucho más fortalecida y robustecida. Ir por las calles y toparse con los héroes del pasado, los líderes que hicieron posible aquella gesta libertaria, acompañada de una voluminosa producción periodística, revistas y libros de enjundiosas investigaciones que le han dado un giro fundamental a la visión tradicional, burguesa, de todo cuanto ocurrió de 1810 y 1811, “descubriéndose” la masiva participación del pueblo llano en aquellas lucha emancipadoras.

No se quedó allí la celebración, las inauguraciones formaron un importante componente de las celebraciones, otras fueron las gigantesca actividad cultural que movilizó a miles y miles de habitantes de Caracas. Todo aquello constituyó un baño de patria que ha conmovido las cimientes de la conciencia nacional.

¿Y la otra Caracas, la del Este, esa que va de Chacaíto hasta las prósperas urbanizaciones de la burguesía y de la pequeña burguesía?

En ese sector, donde la oligarburguesía se apropió de las mejores tierras, se concentraron, en los 40 años que van de 1958 a 1998, todos los proyectos desarrollistas de construcción y ensayo arquitectónico precisamente, de la otra Caracas, esa que se encuentra con las urbanizaciones tradicionales, llamémoslas así, como Los Chorros, Dos Caminos y toda la parte Norte del Este de Caracas, la apropiación incluso del cerro Guaraira Repano antes Ávila, como la parte del Sur, donde la terrofagia fue depredando un gigantesco territorio de miles y miles de hectáreas que incluyó la zona boscosa y montañosa para darle paso a decenas de urbanizaciones donde saturaron de edificaciones la “nueva” Caracas.

Desde el punto de vista ideológico, político y emocional un alto porcentaje de sus moradores y habitantes no les interesa para nada esa celebración bicentenaria ni que se fortalezca la ciudad histórica donde nació la independencia, porque la Caracas histórica no es de ellos, de allí su abandono cuando gobernaron, menos ahora que la gobierna un zambo izquierdista y la chusma desdentada que va tras su caudillo y construye su poder popular. Siempre han visto a Venezuela como un negocio, no como una nación soberana, el pragmatismo capitalista y su dominio del poder los hizo ver al país como su corporación, su gran negocio, manejado por potencias extranjeras y poderosos grupos transnacionales, sus “socios” o jefes políticos y empresariales como está más que demostrado. Por eso desprecian con tanto fuerza al pueblo pobre que recibe a raudales los beneficios políticos de la revolución bolivariana: la educación, la salud, la cultura, el empleo, el vivir, vivir, no el vivir, morir como siempre fue.

Lamentablemente sentimos que hay dos Caracas, la más fuerte y poderosa, la del Oeste, la tierra donde batalló Guacaipuro contra el invasor español, la de la gesta independentista, la del 19 de abril de 1810 que fracturó el poder español, y la del 5 de julio independentista que nos dio el poder y el prestigio que hoy tiene Venezuela.

Pero en la medida que avance el proceso revolucionario y el capitalismo vaya declinando su poder ante los avances revolucionarios y el socialismo y se vaya haciendo justicia y la revolución vaya pagando la gigantesca deuda social que se tiene con el pueblo (La Gran Misión Vivienda Venezuela, busca cerrar esa brecha), irá desapareciendo esa odiosa desigualdad de clases entre las dos Caracas.

Porque algo si es cierto, el crecimiento desigual de la ciudad obedece a una indiscutible lucha de clases, donde los grupos dominantes, la oligarburguesía, con sus terrófagos, empresarios malvivientes, tracaleros, la clase media alta, instrumento fundamental de la burguesía y brazo ejecutor de las políticas más entreguistas y anti nacionales de nuestro país, (el paro terrorista petrolero de 2002/2003, de los veintitantosmil entreguistas que al final, cuando pueblo y gobierno derrotaron aquella bárbara y monstruosa huelga de dos meses, que le costó al país 20 mil millones de dólares, fueron despedidos de Pdvsa), construyeron “su” capital donde el Municipio Chacao es la máxima expresión de esa odiosa diferencia de clases sociales.

De cualquier forma, revolución son obras y nadie podrá negar, por temerario que sea, que las celebraciones por el bicentenario fueron no sólo exitosas sino que marcaron un gran salto en la conciencia y el sentimiento nacional.

(humbertocaracola@gmail.com)
(Movimiento Social de Medios Alternativos y Comunitarios -MOMAC-)
(Revista Alternativa Caracola) (Libertad ya para los 5 héroes cubamos)
(Vea la nueva revistacaracola.com)


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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

 humbertocaracola@gmail.com      @hgcaracola

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