De la ética de Gloria a la cuenca de la estolidez

La profesora de Ética de la Comunicación de la Universidad Central de Venezuela, Gloria Cuenca, mostró una vez más ante sus lectores, como lo hace religiosamente en su columna dominguera, un estado crónico de disociación psicótica.  Es que no puede ser otra la causa de su rara conducta que ya nos mueve a la conmiseración. Es muy evidente que tiene sembrada en su subconsciente  una realidad ficticia en la que todos los males, todo lo que considera negativo o lo que le sucede en sus cuitas proviene de una sola causa: Chávez.

Pareciera no tener seriedad rebatir lo que dice una persona disociada, pero lo que nos mueve a escribir estas líneas es la especie propalada por la columnista el pasado domingo, la cual no tendría mucho impacto sino la siguieran repitiendo de manera irresponsable otros opinadores del oficio opositor. Esta profesora de ética, sin prueba alguna, sólo aferrada a la creencia en un mundo ficticio que le han inoculado en su cerebro, acusa a los que están del lado de la revolución de profanar la imagen de la Divina Pastora. Nos señala de  violentos, de portadores del odio y de intolerantes. Que sólo nos motiva el deseo de hacerle daño al manso corderito del gobernador del Estado Lara; que estamos acicateados por ignorar lo de la trascendencia de la Virgen María en sus diferentes advocaciones. Nada menos. Todo eso, según la profesora de ética, nos hace cometer locuras al sabernos en minoría. Lean esta perla (JVR dixit) sacada de la cuenca de la estolidez:

“La agresión perpetrada en Barquisimeto contra la Virgen es una evidencia de lo que piensa ese grupo de personas que se ubican del lado de la revolución. No tienen ni sienten temor de Dios, puesto que no creen en su existencia.”

Para sustentar esa afirmación la profesora de periodismo sacó de su chistera, cual la maga Gloria, la muy manoseada y poco comprendida (por ellos) cita de Marx: “la religión es el opio de los pueblos”. ¡Eureka! ¡He allí la explicación de la maldad de los chavistas! sí, la de esos mismísimos que pregonan la teoría marxista, la revolución socialista en pleno  siglo XXI, los ateos. De verdad, lo vuelvo a repetir, si no fuese porque esto que nos provoca risas es coreado por los medios de la derecha con uno u otro matiz, diría con el recordado Mario Moreno “yo ni siquiera te ignoro”.

Por eso, ahora, voy a sacar provecho de la oportunidad que nos brinda toda esa cuenca de la estupidez ilustrada de la oposición venezolana. Intentaré desmontar el mito creado por esos sesudos en torno a la mentada cita del querido Moro: “la religión es el opio de los pueblos”:

No hay acuerdo entre los traductores, algunos también dicen “la religión es el opio del pueblo”; en el original en alemán: “Die Religion … Sie ist das Opium des Volkes”, así lo escribió Marx en un trabajo titulado Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel que []publicó en 1844, en el periódico los Anales Franco-Alemanes dirigido por él. Antes que Marx pensadores como Kan, Herder, Feuerbach y otros, compararon a la religión con el opio. Para tener una interpretación lo más próxima posible de lo que quiso decir el padre del socialismo científico, debemos ubicarnos en el contexto histórico de mediados del siglo XIX, y eso es lo que ignoran o tratan de ignorar los ideólogos de la derecha al sacar con pinzas, en abstracto, la cita. Hay que tomar en consideración que el opio en esa época no se veía como la droga que se ve hoy en día. Estaba legalizado. Era considerada una medicina muy importante, aunque su uso comenzaba a salirse del control y, en consecuencia, tendía a ser un problema de salud pública, e igualmente fue la causa para justificar algunas guerras coloniales como lo fueron las guerras del opio. Si el opio era una medicina de mucho uso para terribles dolencias pudiéramos interpretar la cita con una de un contemporáneo de Marx, Moses Hess, “La religión puede hacer soportable … la infeliz conciencia de servidumbre… de igual forma el opio es de buena ayuda en angustiosas dolencias”

Si buscamos por toda la obra de Marx no encontraremos por ninguna parte que la religión es el enemigo a vencer, al contrario, podemos ver muchas críticas a quienes limitaban su pensamiento a la crítica de las ideas religiosas, como lo hacían algunos desde la filosofía alemana. Los ideólogos de la derecha contemporánea (entre ellos los criollos) por ignorancia o por deshonestidad intelectual, no dicen que en el mismo trabajo Marx señala:

“la crítica del cielo se transforma así en crítica de la tierra; la crítica de la religión en crítica del Derecho, la crítica de la teología en crítica de la política”

Ni Marx ni Engels cambiaron jamás el objetivo de su obra: transformar las condiciones sociales reales de vida. No se diluyeron en una lucha unilateral contra la religión. Explicaron de manera genial las formas históricas y sociales concretas de religión. Nos legaron una visión dialéctica de los fenómenos religiosos; criticaban el papel ideológico en favor del orden, del sistema económico y político burgués,  que cumplen y han cumplido las grandes religiones como instituciones y de manera particular las jerarquías religiosas (si hay cierto parecido con el papel CEV es pura casualidad), pero igualmente, y de ello hay abundante bibliografía, apreciaron el potencial explosivo de algunas aspiraciones religiosas y la forma como una y otra vez se convirtieron en factores de resistencia y lucha de los oprimidos por la liberación.

Creo que aclaré bastante esto. Pero donde si no hay duda es en que los intelectuales opositores, hijos de la IV república, tienen en sus tuétanos el pecado original que les enrostró Manuel Vicente Romerogarcía en el Cojo Ilustrado (enero de 1896) “”…Venezuela es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas…”

(*) Iran Aguilera Abad: Licenciado en educación por la Universidad Central de Venezuela (UCV), durante años fue dirigente estadal del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Actualmente es miembro y dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) en Anzoátegui. Fue ex presidente del Consejo Legislativo del Estado Anzoátegui (Cleanz) y actualmente es diputado de ese órgano legislativo. 



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Irán Aguilera Abad (*)


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