Derecha en VTV conspira contra La Hojilla

El día viernes 4 de marzo nuevamente fue interrumpido de manera abrupta e inconsulta el programa La Hojilla (sin el consentimiento de Blanca Eckouth ni ninguna de las autoridades de VTV). A pesar de la importancia del programa especial (conferencia del presidente Chávez en la Universidad Nehru de la India), recordemos que el mismo estaba previamente grabado, por lo cual ha podido ser transmitido en otro horario, además de que ni siquiera se nos permitió despedirnos de la audiencia. Ya en el canal se están haciendo las averiguaciones de rigor, pero no hace falta ser muy suspicaz para inferir que se trata de otro de los ataques contra La Hojilla proveniente de un sector reaccionario, derechista, enquistado en el Departamento de Prensa de VTV. Algunos periodistas de ese departamento saldrían corriendo desbocados si los llamaran de cualquier canal golpista, cosa que difícilmente va a suceder, dada la baja calidad de ese personal. Claro, no hablamos de todos nuestros periodistas, gracias a Dios. Pero sí de una parte de ellos que se la tienen jurada a La Hojilla. Aunque hablaré con más detenimiento de esa conspiración en un libro que estoy preparando (“¡No ocultaremos nada!” como dice aquel tristemente célebre personaje), puedo adelantar algunas razones de tal actitud. Comenzaré por las más superficial, mezquina y propia de los pequeños seres, para después ir al fondo del problema. En muchos de estos pichones de periodistas priva, simple y llanamente, la cochina envidia. Resienten la permanente presencia en La Hojilla de espectaculares tubazos periodísticos investigados o detectados por tres personajes que no somos periodistas. Les disgusta que muchas veces altos funcionarios del gobierno nos den las exclusivas directamente a nosotros. Claro, esto último es así no por nuestras caras bonitas, sino por la forma animada, descarnada, frontal, políticamente aliñada y televisivamente correcta en que La Hojilla trata los problemas. Algunos del Departamento de Prensa no son más que una manga de aburridos, no pocos de ellos escuálidos embozados, sin formación política y carentes de cultura general. Unos cuantos parecen haber encontrado el título, como se decía antes, en una caja de cereal. Menos mal, ya lo hemos dicho, que no son todos.

Pienso que los buenos periodistas del canal, que son numerosos, deberían deslindarse abiertamente de esos tontos. Tengo un amigo que ha escrito un excelente libro de aforismos (A solas y consigo mismo, de Jorge Ramírez “Tagua”) donde asienta: “el éxito ofende”, y es verdad. Pero esas pequeñas miserias humanas no son sino el instrumento de algo mucho más grave, auspiciado por gente más inteligente y clara en sus objetivos, algunos de los cuales han estado o están en el canal, y otros actúan desde afuera. Se trata del pensamiento político y cultural de derecha “dentro” del proceso revolucionario. Todos los conocen, son aquellos que viven haciendo chistecitos de mal gusto en torno al Comandante Chávez y sus políticas y que se crispan si se les habla de Salto Adelante, participación protagónica del pueblo, cogestión de los trabajadores y todo aquello que pueda desplazarlos de sus posiciones de poder, donde ejercen a sus anchas los conceptos burocráticos que ignoran al pueblo y sus intereses. Pero en todo ello me detendré en un trabajo más largo que estoy preparando. Es ese pensamiento lo que ha dado ínfulas al sector más mediocre del Departamento de Prensa para que actúe permanentemente en actitud de sabotaje contra el mejor programa político del canal después de Aló Presidente. Porque así como este último lanza las líneas generales de la Revolución Bolivariana a lo interno y a lo externo, presenta la obra de gobierno, anuncia proyectos y otros movimientos gubernamentales, se comunica con gente del pueblo, les escucha y les responde, La Hojilla, por su parte, enfrenta de manera eficiente, todos los días, a los dos únicos sectores activos de la oposición venezolana: los politiqueros de oficio y los grandes medios privados de comunicación. Ambos programas tienen una gran audiencia, sobre todo entre los sectores más pobres, la vanguardia social de la revolución.

Los ataques a La Hojilla de los sectores derechistas del proceso tienen distintas manifestaciones. Una, entre las más importantes, es la que critica el “estilo” del programa, emparentándose por supuesto con críticas similares al presidente Chávez. Aquí debo detenerme, con el perdón del lector, en un extracto de mi libro Antichavismo y estupidez ilustrada donde abordo este asunto del “estilo” y el lenguaje en sus fundamentos históricos, culturales y clasistas (me ahorro la indicación del origen de las citas, que puede verse en mi libro ya señalado):

“Una de las expresiones más clásicas del supremacismo de cierta clase media ilustrada es la que se refiere a la consideración del lenguaje como factor diferenciador. Para referirme a este tema quiero comenzar citando esta perla de la periodista Milagros Socorro: "...el estilo cerril del gobierno, y el discurso portuario del Presidente, manifestaciones de arrabal, cuya natural consecuencia debería ser la discordia de la nación y su cortadura en dos gajos. Si del centro del poder emanan mensajes propios de la periferia de las galleras, lo natural sería que la nación, encrespada por mandatos de odio hormonal, se escindiera en dos facciones compactas azuzadas por las consignas botiquineras que enuncia el sector oficial". En verdad, uno de los elementos que le han valido el éxito entre los desposeídos a Hugo Chávez es el uso de un lenguaje directo, frontal, sin subterfugios, plagado de frases y giros que suena mal a los oídos refinados de las élites, pero que establece una alta sintonía con los más pobres, que siente que está hablando uno de los suyos. Pero analicemos todo lo que puede desprenderse del agresivo párrafo de Socorro: en primer lugar, asimila con desprecio el lenguaje presidencial a expresiones que refieren, todas, a los lugares frecuentados por los pobres, a las plazas de la miseria y el abandono: "cerril": propio de los cerros donde habitan los descamisados; "portuario": propio de los puertos, se refiere al lenguaje que usan los obreros, los estibadores de los puertos; "manifestaciones de arrabal"; "de la periferia de las galleras": se refiere a los sitios donde asiste el pueblo a divertirse con las peleas de gallos: "consignas botiquineras": se refiere a los botiquines, donde los pobres beben cerveza y ron, a diferencia de los bares del este de Caracas, donde Milagros Socorro bebe whisky con gente que habla muy bien, muy cultivadamente, y por lo tanto, según ella, debe ser gente mejor. No hay duda, señora Socorro, que estamos en un país en "discordia", lamentablemente cortado en "dos gajos". Pero es que su "odio hormonal" por el lenguaje de los desposeídos está lleno de antecedentes, porque sin duda la diferenciación por el lenguaje ha sido permanente en las sociedades clasistas.

En la antigua Grecia era común el uso de dos lenguas, una culta, como en el caso del dialecto ático, reservado a las clases dominantes, y otra popular. Más tarde existió una "koiné" culta y otra vulgar. En el siglo XIX se dio una lucha entre los que promovían la expansión del dialecto popular, el demótico, y quienes se oponían a esta "vulgarización", defensores del kazarévusa, que eran básicamente académicos y letrados. El kazarévusa pervivió como lenguaje dominante hasta 1917, cuando finalmente se impuso el demótico como lengua oficial. Uno de los detonantes de la rebelión del 4 de mayo de 1919 en China fue la existencia de dos lenguas bien diferenciadas, la lengua escrita y la lengua hablada. La lengua escrita se usaba tanto en la literatura como en lo administrativo y su conocimiento estaba reservado a los letrados, privilegiados de la cultura a la usanza feudal, de manera que la lucha por imponer la lengua hablada (kuan joa ó pai joa, que significa "lenguaje claro" o "lenguaje diáfano") era una lucha antifeudal. Apenas en el siglo XX, las reformas lograron imponer la lengua hablada en la redacción de los textos administrativos y literarios. En la Edad Media europea la lengua culta era el latín, cuya escritura estaba reservada a los letrados. En la época en que dominó el imperio romano, en las colonias se fueron generalizando dialectos vulgares del latín, cada vez más diferenciados de la lengua imperial original. Estos dialectos seguramente "cerriles", "portuarios", "de arrabal" dieron origen a las lenguas romances, el español, el francés, el italiano, el portugués, el rumano, el sardo, el catalán, el gallego, el mozárabe, el romanche, el ladino, el friulano. Estas lenguas, nacidas en los empobrecidos vecindarios del habla popular, dieron origen a una familia lingüística a la que pertenecen hoy cerca de 500 millones de seres humanos. Esto es una demostración palpable de que el habla de los desposeídos no es en absoluto inferior al lenguaje de los académicos y los ilustrados, sino que más bien constituye una poderosa fuerza creadora que a menudo termina por imponerse sobre los usos elitescos de la palabra. Erasmo de Rotterdam, refiriéndose a estas diferenciaciones lingüísticas, refirió alguna vez que "muy pocos cristianos conocen el cristianismo, como si la verdad de la religión estuviera reservada a los teólogos y monjes. Pero el Cristo ha hablado para todos y es necesario que todos lo puedan escuchar". Cornejo-Polar nos da noticia de que "dos decenios después de la independencia del Perú, el ingenio aplebeyado de Manuel Ascensio Segura se burlaba de que en las solemnes honras fúnebres del mariscal Gamarra se hubiera utilizado el túmulo que antes sirvió para rendir homenaje póstumo a virreyes y otros dignatarios coloniales, pero escarnecía especialmente, que los epitafios hubieran sido escritos en griego y en latín, idiomas incomprensibles para casi todos los participantes en las exequias. En el fondo, si bien se mira, lo que irrita a Segura no es tanto la reiteración de ornamentaciones coloniales cuanto la persistencia de una discursividad que se dice a sí misma y no considera para nada su comunicabilidad a los asistentes".
En América Latina, por cierto, ha existido de hecho una lengua escrita inaccesible a la mayoría, por los altos índices de analfabetismo absoluto o funcional. Además, los materiales culturales como libros o entradas a espectáculos tienen un costo prohibitivo, a la vez que se impone toda una subliteratura y una subcultura mediática destinada a mantener a los desposeídos en la incultura.

A estas alturas del debate en torno al párrafo de Socorro, debo recurrir una vez más a la agudeza de Ibsen Martínez: "Lo que los ricos, las pervivencias del régimen de Punto Fijo, los politólogos madrugadores e "independientes", los frailes del 12 de marzo como el padre Velazco, los voceros de ese empresariado criollo que cree en las leyes del mercado sólo si puede designar al ministro de Fomento y Comercio Exterior y las matronas de ambos sexos que conducen los programas de opinión le exigen a Chávez no es en realidad que "modere" el lenguaje "violento" y "pugnaz" (...) lo que en verdad quisieran es que no se nombre la soga en casa del ahorcado, quisieran apartarnos a todos de un estado de consciencia que ya venía ganando terreno y que definitivamente potenciaron los resultados electorales y la catástrofe natural. Un estado de consciencia que cobra expresión en el aserto de que sí somos un país pobre e irremisiblemente dividido". Creo que con esta visión incontestable de Martínez podemos dar por cancelado este segmento de la discusión. El discurso de Chávez mantiene, por supuesto, su índole clasista, ya que su proyecto tiene como objetivo principal el combate a la pobreza, y los pobres son su sustento social y su principal apoyo ante las múltiples maniobras y manipulaciones opositoras, y los evidentes signos conspirativos que exhiben algunos. Su frase de campaña de las elecciones del 2000 es elocuente: "con Chávez manda el pueblo". ¿Significa este carácter clasista que el gobierno comandado por Chávez tiene que ser excluyente con la clase media y aun con los ricos? Por supuesto que no. La lucha de intereses entre las clases es inevitable mientras existan clases superiores e inferiores desde el punto de vista socioeconómico, pero al mismo tiempo dentro de las condiciones de Venezuela y mundiales es igualmente conveniente ir marchando hacia una alianza de clases que sólo puede ser producto de un proceso que en la medida de su éxito vaya desbrozando los prejuicios y obstáculos que se oponen a la unidad mínima de intereses entre las clases, para contribuir a que el país salga del foso donde fue hundido, y además para evitar que la lucha de clases degenere en enfrentamientos violentos” (Néstor Francia, Antichavismo y estupidez ilustrada)

En mi opinión, este extracto de mi trabajo apunta hacia un asunto fundamental: quién habla y desde dónde se habla. La profunda sintonía que La Hojilla ha logrado con el pueblo tiene entre sus razones principales el uso del lenguaje. Tal como ha hecho Chávez, nuestro programa ha revolucionado el lenguaje que se utiliza en los medios del Estado, tratando de deslastrarlo del acartonamiento, el tono gris, el academicismo, la formalidad, la exquisitez y, en fin, el estilo del buen burgués (por estas razones fue mencionada La Hojilla positivamente en conversaciones durante el Foro de Porto Alegre). Tanto la oposición mediática profundamente afectada por el programa, tanto el sector burocrático derechista al seno de la revolución, han atacado permanentemente el programa por el lado del “estilo”. Por mi parte, he sido un furioso defensor del estilo del programa, porque una cosa es aceptar que hemos cometido excesos y errores, los cuales deben ser corregidos, y otra muy distinta es que se pretenda que hagamos un programa medio pendejo, modosito, elegante, para así complacer a la mentalidad burguesa que detesta el “estilo” y el lenguaje del pueblo. Sin su estilo punzante, rico en alegorías, dobles sentidos, juegos de palabras y salidas ingeniosas y urticantes, La Hojilla no es La Hojilla, por eso hay que diferenciar las críticas honestas, sanas y solidarias, de aquellas que provienen del pensamiento derechista y que pretenden desdibujar el programa para que finalmente desaparezca.

Otro argumento de la derecha burocrática es que los medios privados se han “moderado” y ya nuestro programa no tiene sentido. Es cierto que las sucesivas y estruendosas derrotas de la oposición han obligado a los medios a cierto repliegue, pero eso no significa que se han rendido ni que ahora nos darán tregua permanente. Bien ingenuo sería quien así pensase. Los hechos son incontestables: ante cada nuevo suceso de importancia en el país, los medios se hacen eco y promueven matrices manipuladoras y desinformadoras para atacar a nuestro gobierno: después del referéndum, promovieron hasta la saciedad la matriz de fraude; en el caso Anderson, se ha tratado de convertir a la víctima en culpable y hasta de justificar su asesinato, inclusive forjando documentos; se difunde con insistencia, con opiniones y entrevistas, las declaraciones de personeros del imperio contra Venezuela; en el caso Granda, se favorecían las opiniones de Colombia y del imperialismo, y la matriz de que Venezuela protege a terroristas; en el caso de Carlos Ortega, se trata de victimizarlo y deslegitimar el hecho de que fuese encontrado parrandeando y no luchando. No señor, ni los medios privados están descansando ni La Hojilla debe descansar. Claro, la derecha dentro del proceso nos pide “control” y “moderación” porque esto además facilitaría su intención ulterior de apoderarse de las instituciones del Estado para desde allí forjar nuevas cúpulas burocráticas que al final darían al traste con los logros del pueblo venezolano, tal como ocurrió, por ejemplo, en la Unión Soviética. La derecha burocrática del proceso quiere conservar y ganar espacios por todas partes y para ello comparte criterios con la contrarrevolución en el sentido de opacar las voces del pueblo, los fastidiosos desaforados que no callan, las ladillas impenitentes que al final los pondrán a ellos mismos en peligro. Afortunadamente, la cruzada contra el espíritu burocrático y de derecha la encabeza el propio Chávez.

La Hojilla está obligada a adaptarse a la Ley Resorte, no hay duda. Lo haremos, y si es necesario usaremos magia –es decir todo el ingenio nuestro y de la gente- para seguir siendo lo que somos: un instrumento de combate del pueblo venezolano en medios de esta lucha revolucionaria que tiene por delante todavía un largo y sinuoso camino.

Otra argumentación de la derecha y sus lamentables procónsules en VTV, es que los conductores de La Hojilla no somos periodistas. Aunque no es lo más importante, debo decirles a estos caballeros y damas, que soy Licenciado en Letras de la UCV y que tengo décadas ejerciendo la comunicación social. He sido por muchos años creativo y productor de comunicación corporativa, redactor de medios alternativos, columnista de El Nacional, del Suplemento Cultural de Ultimas Noticias y de numerosas publicaciones periódicas. Tengo trabajos de investigación social y periodística destacados, tal como el libro Puente Llaguno hablan las víctimas, que mereció el premio del CENAL al libro más vendido en Ciencias Sociales el año 2003. No tengo título de periodista, pero en mi experiencia como comunicador les llevo una morena a todos esos carajitos impertinentes. En todo caso, creo que Mario Silva, por ejemplo, sin tener título de comunicador, comunica más y mejor que cualquiera de ellos (siempre salvando, por supuesto, a los excelentes periodistas que también están en VTV). Vale aquí referir un cuento de la vida real que me ocurrió en una clínica de la ciudad. Tenía yo una dolencia que ameritó mi visita a una sala de emergencias. Mientras yo sufría, un patiquín medio aromado y afectado, que fungía de médico, se paseaba indolentemente por el lugar con unas mariconerías y un desorden, en vez de atenderme. Por supuesto que lo increpé, pues siempre he sido un deslenguado sin remedio, y le reclamé su actitud: “¿Quién te dijo a ti que tú eras médico? ¿Porque tienes un título te crees médico? Médico es alguien que sufre por sus pacientes, que se identifica con ellos, que los cobija con su amor y su solidaridad, que tiene una ética inquebrantable y que se siente comprometido con la salud y el bienestar de los demás. Tú no eres médico aunque tengas cinco títulos, pendejo, tú lo que eres es un mercachifle”

Para ser comunicador de verdad una persona debe ser estudiosa, informarse por todos los medios, tratar de conocer la historia de los hombres y de las ideas, abrir su mente a los cambios incesantes de la realidad. No basta con tener un diploma y sentarse ante una computadora a mal escribir o pararse frente a un micrófono a mal hablar. De manera que ese argumento “profesional” no es más que otra manera de proteger a los mediocres y se enmarca dentro de las solidaridades automáticas que frecuentemente afectan a los gremios. Mucho habría que debatir sobre esta importante profesión tan afectada hoy día por el mundo de la farándula y del espectáculo. Lamentablemente, sobre todo en el caso del periodismo audiovisual, cada día que pasa lo menos importante es la noticia. Ahora los periodistas de televisión, en porcentaje no pequeño carentes de verdadero talento, pugnan por ser ellos (y ellas) las estrellas del show, desplazando a la información. Esto lo digo porque cualquier periodista de VTV debería sentirse orgulloso de un programa como La Hojilla, que ha significado una verdadera revolución en la TV venezolana y que está adscrito a su departamento, tal como me siento yo orgulloso de programas como En Confianza, La lámpara de Diógenes, Dossier y otros.

En fin, la revolución no es un lecho de rosas, requiere de mucha pelea y a estas batallas no les sacaremos el cuerpo. Hemos dicho que La Hojilla es un instrumento de combate del pueblo venezolano. A ese pueblo nos debemos y con él contamos. Si la derecha “dentro” del proceso piensa seguir intrigando y atacándonos, sólo le diremos, con musiquita y todo: “¡Preparensén”!

Finalmente, debo expresar mi solidaridad y mi aprecio a Blanca Eckouth, esta camarada de férrea consciencia revolucionaria, sensibilidad social mil veces demostrada, espíritu solidario y devoción por el trabajo. A veces me angustio por ella, pues debe lidiar con ese calamar con pelos que es el canal 8. En verdad, no la envidio, y al mismo tiempo le deseo lo mejor y le agradezco su comprensión y su confianza.


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Néstor Francia


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