¡La que no nos abortó!

¡LA QUE NO NOS

ABORTÓ!

Su amor por el hijo que llevó en su vientre, o mejor aún, el que crió, estuvo, está y estará siempre más allá de la verdad y de la mentira, más allá del Bien y del Mal, más allá de cualquier circunstancia. Ella fue y es la hembra de la especie capaz de sacrificar todo, hasta su vida, por el hijo bienamado.

No sólo fue la que nos parió con dolor, sino la mujer que no nos abortó a pesar que éramos el fruto prohibido del pecado; quien respetó nuestra vida cuando todos los hipócritas pecadores arrojaban sobre ella la primera piedra. Se sintió orgullosa de inscribirnos en el libro de la vida, cuando la estupidez humana la señalaba por llevarnos en sus entrañas y por habernos parido.

No sólo fue la que nos parió con dolor, sino también aquella que trayéndonos al mundo, nos crió con cariño y ternura. Procuró que fuésemos mujeres y hombres de bien y saliéramos de las tinieblas de la ignorancia con sus sacrificios, esfuerzos y duros trabajos. Ella lloraba ante nuestras tristezas y fracasos; velaba ante nuestros lechos de enfermos e hinchaba su corazón de gozo ante nuestras alegrías y triunfos. Nos iluminó el camino recto y justo siendo recta y justa; nos dio el consejo y el consuelo oportuno; nos enseñó a ser tolerantes y a oír a los demás, ya que practicaba la tolerancia y oía. De ella aprendimos con su ejemplo a sacrificarnos por el prójimo que sufre y padece, a compartir lo nuestro con los más necesitados, y ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

No sólo fue la que nos parió con dolor, sino el ser humano que nos enseñó a “temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo”, a justificar nuestra existencia por ese gran amor y dedicación que debemos tener por el prójimo: ¡los pobres!, porque temblaba de ira ante la iniquidad, y justificaba su vida por el amor y dedicación a los menesterosos. Estuvo siempre al lado de los que tienen hambre y sed de equidad, al lado de los perseguidos por la causa de la justicia.

Ella vive y vivirá en nuestra mente, aunque su presencia ya sea inexistente; es de nuestra vida lo más valioso. ¡Qué no hiciéramos por ella! Si ella hizo y haría cualquier cosa por nosotros, debido a ese inmenso amor que nos profesó, y nos profesa en esta y en cualquier realidad posible en la cual se encuentre.

¡Madre! Seguros estamos que, si fuéramos los asesinos y criminales más terribles del género humano y nos llevaran al patíbulo a causa de nuestras maldades, sólo tú intentarías detener la mano del verdugo; si nuestros cuerpos estuvieran cubiertos de llagas, escaras, y pústulas malolientes y supurantes sólo tú nos curarías sin repugnancia, ni asco.

¡Mamá! Seguros estamos que en cada uno de nosotros amasteis y amas a todos los hijos del mundo, ya que la hembra que tiene un hijo, no es solamente madre de éste, sino también de todos los niños del universo.

¡Madre inolvidable! “Guardamos tu amor como el ensueño santo y le consagramos el más puro y luctuoso canto”, porque así como la vida es de la muerte; ya que el morir es parte del vivir y el vivir es parte del morir, así siempre por toda la eternidad hemos de recordarte y quererte.


(*)Director de Desarrollo Social y Educación de la Alcaldía Socialista y Bolivariana del Municipio los Taques, Falcón


jesusfreites11@hotmail.com




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Jesús Muñoz Freites

Filósofo. Docente. Cronista Oficial del Municipio Los Taques en el estado Falcón

 jesusfreites11@hotmail.com      @camaradatroski

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