(A propósito de la convocatoria del Polo Patriótico)

¿Cuál debe ser la actuación correcta para la consolidación del proyecto bolivariano?

La actuación de quienes pretenden llevar a feliz término un Proceso Político Revolucionario, debe inscribirse dentro de un modelo de actuación que se corresponda con la visión según la cual, se debe actuar de un modo distinto a quien no es Revolucionario. Lo contrario, ocasiona desviaciones hacia el resto de las personas que ejecutan las acciones tácticas quienes al no “comprender” las particularidades del Proceso mismo o de lo estratégico de éste, generan daños irreversibles. En otras palabras, sin obviar lo particular y sin constreñir lo individual creativo, existen reglas que marcan la diferencia entre la actuación de quien se subroga la condición de revolucionario vs. Quienes no lo son y actúan en consonancia (pese a que pudiese ser honesto) con una visión diametralmente opuesta a la Vía Popular. Por ello, debe estar claramente definida la idea de Revolución en atención al modelo societal (económico-político-social), que se desea implementar respecto del existente o inconveniente.

No basta que seamos honestos en el sentido lato del término. Es necesario comprender, para actuar debidamente, el devenir histórico y las categorías del análisis que acompañan a la Corriente del Pensamiento Revolucionario Universal; aquella, cuyo propósito es, traspasar el Ejercicio del Poder Político y Económico a manos de la mayoría de los ciudadanos mediante los Mecanismos Democráticos que el Soberano a lo largo de su historia moderna, ha desarrollado y perfeccionado.

Por tanto, debe existir una meridiana claridad ideológica de parte del liderazgo, para guiar y orientar a quienes sempiternamente fueron conducidos a través de una corriente del pensamiento cuyo fin siempre fue, dejar todos los recursos de la sociedad al servicio de una minoría elitista y privilegiada.

Frente a este planteamiento es necesario, nuestro compromiso como agentes del cambio. No puede existir ambigüedad. Ello en ningún caso, entra en contradicción con la idea de convocar a la unidad de todos los ciudadanos; pues incluso en el seno de la propia clase media, existen profesionales y técnicos que si comprenden y asumen (pues no están contaminados con el individualismo lúmpen burgués ni comprometidos o sobornados por el capital especulativo), el fenómeno político del cambio. Pero en ningún caso, so pretexto de agrupar fuerzas, debemos mostrar debilidad ideológica frente a quienes en aras de acceder al poder real, utilizan las coyunturas para catapultarse (“trepadores políticos”), buscando “identificarse” con la ideología del proceso o con la Organización que vanguardiza y promueve el Proceso.

Generalmente, tienen compromisos paralelos con representantes del viejo régimen (político y financiero); siendo que con sus actuaciones duales y oportunistas, lo que realmente desean es anotarse –más no comprometerse- con el verdadero cambio, que entre otras cosas conllevaría, una entrega espiritual, sacrificando las apetencias desmesuradas, para empezar a luchar por lo de todo el colectivo. Valga decir, Profundizar la Democracia Participativa y Protagónica hacia el socialismo.

La convocatoria de La Unidad de Todo el Pueblo es correcta (la que no hay que confundir con la de los “dirigentes” de los partidos políticos), pero bajo ningún concepto y en ningún caso, la dignidad debe ser canjeada en aras de lo cuantitativo; máxime si perdemos credibilidad al permitirnos ser acompañados por tránsfugas plenamente identificados por el pueblo.

La calidad de nuestras mujeres y hombres será la garantía de los éxitos en el futuro; por tanto, de la misma forma que nos debemos organizar en un partido único de masas, también lo deberemos ser de cuadros.

Del seno del pueblo (y no de la burguesía o de quienes se conviertan en sus representantes y difusores, mimetizados en el contexto popular), es de donde surgirán los funcionarios de la burocracia del mañana. Por ahora, contemos con quienes sin ambages se desprenden de lo material.

La tarea por tanto, es detectar las necesidades y paralelo, proceder a formar los agentes del cambio que ocuparán los espacios que dentro del Aparato Burocrático del Estado y del Partido para garantizarán la concreción del Proyecto Bolivariano. En el marco de lo anterior, debemos tener mucho cuidado a la hora de dejarnos influenciar u obnubilar por cantos de sirena, “actuaciones simpáticas” o tácticas maniobreras de “aliados” o compañeros de ruta política, quienes buscan crear espejismos de control político, presumiendo ascendencia popular que todos sabemos no poseen no obstante que si saben actuar en forma cohesionada, de manera militante y disciplinados.

Algunos dirigentes regionales (probablemente honestos), son utilizados por esos sujetos, sus adláteres y voceros (infiltrados en el movimiento popular y revolucionario), para presionar y crear condiciones que después les garantizará negociar e imponer sus particulares criterios sobre el Proceso y su Devenir Histórico. Pueden incluso, esgrimir cualquier cosa en contra de sus potenciales adversarios; como por ejemplo, que quienes asumen posturas ideológicas (muro de contención del oportunismo), están equivocados e inmediatamente pasan a descalificarlos, señalándolos de “radicales”, “no tolerante”, o que eso de ser Bolivariano o socialista es una “pendejada”; aun cuando frente al Líder de la revolución asuman otra postura.

Solapadamente, insinúan que deben incorporarse personas “más equilibradas” (ellos serían la viva imagen), de otros estratos integrantes del sistema políticos existente; pues según ellos, no hay militantes químicamente puros. Usan expresiones e ideas Gestos lingüísticas (eufemismos), cuyo fin es soportar su discurso y apartar a quienes puedan ser un “estorbo”, respecto de su pragmatismo actitudinal y oportunista.

Penetran las estructuras y luego, aparecen controlando la organización y el aparato todo. Son hábiles para captar las posibles o eventuales debilidades ideológicas de los dirigentes fundamentales del Movimiento Revolucionario generando sobre la marcha, escenarios de confrontación entre los cuadros populares que los acompañan y los elaboradores de ideas en el grupo. En otras palabras, buscan apartar a los dirigentes ideológicamente preclaros (camuflándose con el mismo lenguaje del cambio), para entrar a contaminar la naciente organización. La práctica política nos advierte, que ésta es una realidad de la cual nos debemos inmunizar. Son promotores de un chavismo sin Chávez.

Sería una equivocación no entender lo político como algo dinámico, pues estaríamos negando la dialéctica. Sin embargo, la ideología es la referencia que le indica al liderazgo hasta donde debe llegar sin perder la esencia de lo concreto. Hay leyes físicas, como la de la Resistencia de los Materiales, que les son útiles a la política. Lo ideológico, sería una suerte de Ley de Resistencia que nos puede indicar el límite sin perder el norte.

(*) Politólogo e Internacionalista venezolano

Magister en Seguridad y Defensa


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Manuel José Montañez Lanza


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