Catarsis de Asamblea

Sin duda que al observar cuanto y cómo se habla en la Asamblea en lo menos que podemos pensar es que vivamos en una dictadura.

Todo lo contrario, allí lo que se siente es una interpretación, un tanto exagerada de ilimitada y hasta feraz democracia. Valor que por supuesto nunca será suficientemente completo para nadie.

Este escenario mas parece una practica para ver cual actor ejecuta mejor sus juegos de catarsis; en proceso de hiperexpansión en inusuales y extraños modos de expresión. Algunos diputados en sus giros pareciera que perdieran la sensibilidad y se expresaran con espasmos y rictus que casi involuntarios parecieran. De pronto vemos cambios de humor, algunos llamaban estas inimaginables conductas “hipnosis espontáneas” propias de seres a que buscan una cura a través de la palabra. En fin un espectáculo de catarsis colectiva.

Trastorno devenido cuando alguien puede descubrir de pronto el gozo de ser capaz de decirle cualquier cosa a otro humano, de frente y sin freno, por tenerlo como su opositor político; desliz calculado, artero, cuando se sabe que hasta la misma policía protege su condición y nadie lo va llevar a la Digepol al terminar su intervención (que hoy, ya no existe, ni volverá a florecer).

Quien realiza habla asambleística sueña al actuar y siente que casi ocupa el espacio televisivo que perteneció a Raúl Amundarai o se exhibe cual Lupita Ferrer que llora sin que se le corra el rimel ni pierda un ápice de color en los cachetes.

Descubre, OH ensueño, y es capaz de quitarle pantalla hasta el mismo Pedro El Escamoso o sentirse más afincada y popular que Betty La Fea. En fin es mucho el potencial de cuanto descubre en sus ensayos este nuevo diputado, experiencia similar a la de un niñito que explora hasta con su cuerpo y juega con palabras que repite por el mero gozo de sus sonidos.

Aunque también, viene la parte de la utopia, quizás, las sesiones adicionalmente puedan servir para descubrir que existe el otro y que la vida nunca será completa con una “sola historia”. Puede ser, tal vez suceda, en algo se sensibilicen quienes ven esto como mera diatriba o show y comiencen a templar sus conductas, para dejar de aparecer como endemoniados, mordidos de culebra, sino que comencemos a atenernos al gesto y uso de la palabra medida, que sin perder la emoción, ni el tino, o aparecer menos convincente, logra rotunda influencia.

En esos, hasta paroxísticos, vuelcos se puede hasta presentir algo de odio, ¿por que no . No es poca la huella dejada en doce años consecutivos de diarios mensajes emitidos por los medios audiovisuales o sus noventa y tanto medios escritos adonde las acusaciones contra el contrario, han ido en crescendo, desde aquellas racistas, de negros, desdentados, o discriminatorias de borrachos, hasta la muy infantil de tratar de devaluar a alguien llamándolo comunista. Ósea que antecedentes tiene el supuesto rencor.

En la misma sesión de la Asamblea, observamos que algunos, sobre todo los que han saltado la talanquera, son quienes mas furia deben demostrar en el uso de la palabra; se nota que la exhiben como una bandera con la cual piensan tener el reconocimiento de quienes, con no poca sospecha, pretenden recibirlos, torcido, como triste, por conocido, es el destino de los que traicionan su camino. El proceso es sencillo usar el odio para reafirmarse y derrotar el miedo de su endeble e hipotecada posición.

Estamos en estas reuniones de la Asamblea en el periodo del uso del recurso de la cultura del puro “traposucismo”. Sin duda la primera etapa de la patología catártica, pero no hay que desesperarse, esta es sin duda una etapa del proceso hacia una minima búsqueda de una nueva forma de cultura política que debe aparecer. Será sin duda espacio adonde le agresión cese y surja el verdadero rostro de una forma de mirarnos sin odio para entender que el otro existe. No se trata de halagarlo, complacerlo, degradarnos, sino de entender los aparatos y recursos discursivo del otro y sin violaciones a nuestra ética, construir nuevos conceptos y perfilar sistemas de influencia.

La ultima sesión nos permitió saber, - a quien quiera saber- que no todo es tan utópico y emotivo como algunos lo miran ni tan desastroso como otros quieren pintarlo, con fe negadora.

Me emociona saber que hay gente común y corriente que guarda cierta distancia con estos eventos y mira lo que allí se dice, cómo se actúa y cuales gestos se utilizan. En sus esquemas, en amplia y bondadosa paciencia, están comenzando a separar la paja del grano. Así en conspiración con la verdad, mucho debe sacar en claro. El pueblo es un grande y sabio oidor, un terrible testigo, paciente que mucho ha visto y padecido, él sabrá que concluir de esos ejercicios que allí se montan, creo, como Homero, que la paciencia y sabiduría del pueblo no la tapa ni el agua del océano.

Pude apreciar nuevos actores, algunos de gesto y palabra serena y lenta y amable conversa, incluso, los emotivos y resueltos a jugar con mayor fiereza que fundamento, otros que gritan buscando incendiar la pradera, pero infelizmente a esos tigres de tribuna, solo les queda algo de maña, pero escasa pólvora.

También miramos que otros en indomable pelea con la racionalidad tanto se expusieron con frases y datos irreales que solo uno acordes y una canción terminaron sumiéndolos en la correccional de su torpeza. Solo pena producen

Miré una fracción con una propuesta ordenada y un guión bien preparado que diseñó hasta un medido final con espectáculo adonde las voces emocionadas de gente que sufre una temporal sanción social tuvo voluntad, ejercicio y destreza y sensibilidad, hasta para cantar, cuando su alma esta circundada de mucho dolor. Para mí allí debió haber terminado la sesión.

Menos mal que la catarsis es proceso limitado, luego viene el de la transferencia, ojala tengamos suerte ….

tuliomon@gmail.com


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Tulio Monsalve


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