El nomadismo del Capital

Advertimos nuevamente sobre el peligro de algunas inferencias económicas apoyadas en muchos artículos internacionales. Estos podrían formar parte del paquete de la mediática imperial. Modestamente, les paso a resumir cómo se mueve el capital internacional.

De partida, todo capital es volátil, nómada y rastrero por excelencia. No tiene paz en su incesante y vital búsqueda de mercados, primero locales, vecinos, luego regionales, continentales y ahora trasnacionales.

Suele decirse que ningún capital tiene patria propia, que todas les son ajenas. Es un apátrida en el más amplio sentido del vocablo. Consecuencialmente, poco le importa a cuales vecinos se lleva por delante, simpre que su capital salga airoso. Esto lo hace a través de mercancías convencionales y hasta morbosas porque sencillamente los valores de uso sólo interesan al consumidor, y el vendedor se limita a producirlas o intermediarlas por reiteradas y periódicas comparaventas.

Cuando decimos que el *euro* está desplazando al *dólar*, decimos simplemente que algunos capitalistas están cambiando de medios de pago. Podríamos hablar en el mismo sentido de, porgamos por caso, letras de cambio, de fideicomisos, de oro, plata, peróleo, hierro, cobre, manganeso, bananas. Los medios de pago no son lo relevante en la problemática burgocapitalista, sino el mecanismo social mediante el cual el capitalista puede embolsillárse para sí una buena porción de los medios convenidos en sus cotidianas transacciones.

En el caso concreto de las transmutaciones de caja que experimentan actualmente los empresarios del Mercado Común Europeo, con un circulante medido ahora en euros, y cuyos principales factores están dando preferencia a esta moneda frente al alicaído dólar, es el mismo fenómeno comercial que confrontamos a diario cuando un consumidor cualquiera le exige al vendedor cualquiera que le dé más sencillo, o que no le dé billetes de tal o cual denominación, sino de otra en particular, pero hasta allí.

Otro punto necesario para entender el nomadismo del capital, es que los inversionistas del mundo, al no tener patria propia, están simultáneamente del lado de allá y de acá. La concepción de ubicuidad que le atribuyeron a Dios, al parecer y muy probablemente, es una concepción judía por excelencia y fincada en el nomadimo del dinero sin importar para nada el signo monetario que la disfrace.

Entonces, cuando vemos que Europa decide transarse en euros y marginar al dólar, debemos entender en primer lugar que estamos en presencia de los mismos inversionistas del dólar que ahora están reconociendo que se trata de una moneda devaluada, fofa, que ya no entusiama a ningún compardor, a ningún vendedor, porque sencillamente el respaldo y la fuerza que otrora le daba la producción económica de los EE UU ahora e irreversiblemente se tamabalea.

Como las arcas de EE UU están tasadas en dólar, sus tenedores y popietarios saben que contabilísticamente su capital se evapora en cada segundo, sienten en pelleja propia que también las monedas son perecederas. Obsérvese que ellos, los industriales de USA, están subevencionando a sus productores domésticos para baratar sus costes de competencia internaconal, hoy por hoy superinflados por baja productividad técnica interna, y una pobre competitividad económica. Están paradójicamente subvencionando con un dólar que es producto de un ilimitado e irreparable endeudamiento público, procedente del mismo financista y tributario que ahora subvencionan , todo lo cual nos permite inferir que EE UU está engañando a sus propios empresarios sitos en ese país, porque sus reservas internacionales y su capital monetario se ve constreñido por una moneda carente de respaldo endógeno y propio, y como no tienen patria optan por las migraciones al voleo.

Ahora los capitlsiatas de punta se han ido para Europa, como en los viejos tiempos de postguerra, y allí están ya reemplazando la desprestigiada moneda norteamericana por este nuevo y no menos desconfiable medio de pago que está facilitando el cambio de ropaje burgués, de un capital que por ser nómade se está yendo de Norteamerica para residir en la Vieja Europa.


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Manuel C. Martínez M.


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