Base de operaciones 241

**** Bienvenida la denuncia de la “ley resorte” ante la OEA por el Bloque Interamericano de Prensa. Ella abre el debate sobre el belicismo del Imperio.

Para un librepensador, la Ley de Responsabilidad Social de la Radio y la Televisión atentaría contra la independencia de la razón individual. Mucho más cuando está revestida de una cubierta moralista. El librepensamiento reclama la posibilidad de ir tan lejos como lo permita la inteligencia humana, no sólo en los procesos reflexivos personales, sino también en la divulgación de sus resultados. No admite las ataduras a poderes sobrenaturales ni fácticos. Sostiene que la máxima autoridad para la indagación sobre la verdad y para el juicio sobre la moralidad de las conductas es, para cada persona, incluyendo los niños y adolescentes, su propio criterio. Solicita la confianza en la capacidad de la ciencia, de la sabiduría y del talento humano para conocer al propio hombre, a la naturaleza y a la sociedad. Pero ese rechazo a las sujeciones a cualquier expresión de poder incluye a quienes, desde el ámbito privado, por el sólo ejercicio del derecho de propiedad, pretenden limitar, encauzar o alienar las ideas de sus semejantes. En ese caso es imperativo para el poder público detener lo que sin dudas es una agresión. En efecto, tal como hoy se conoce, estas presiones psicológicas, conjuntamente con las económicas, configuran el ejercicio de lo que se conoce como violencia estructural. Y esta, tal como la física, provoca conflictos en la población, cuyo control es obligación primaria del gobierno de la sociedad.
De modo que regulaciones como la promulgada que comentamos, obedecen a una razón de estado destinada a garantizar la paz pública. No sólo un derecho sino una condición necesaria para el desarrollo humano. Un proceso que incluye la autodeterminación del individuo y de las asociaciones que configura, abarcando en ellas la comunidad política que le proporciona seguridad. Así, resulta inaceptable la continuación del ejercicio de presiones por parte de los propietarios de los medios de comunicación para evitar su vigencia. Ella arroja una perseverancia de la agresión que en la actualidad esta en consonancia con el ejercicio de la violencia en todas sus formas, que ha adoptado el Imperio en su intento de imponerle a los pueblos del orbe una forma de vida y de pensamiento única, que es la negación a la libertad. Así considerada ni es un ataque contra el gobierno venezolano ni contra el Estado en su conjunto, es una ofensa de “lesa humanidad” pues favorece una nueva forma de colonialismo. Una conducta considerada de esta manera el 16 IX 1972 por la IV Comisión de la Asamblea General de la ONU. Por ello, carece de efectividad la acción aislada de un Estado frente a los propietarios de unos medios, no del espacio público que usan, que están cartelizados e internacionalizados. Lo eficaz es la acción en el ámbito supranacional. El de los órganos que tratan de regular el comportamiento del sociosistema. Es una forma de oponerle a la arbitrariedad del poder puro la lógica de la razón y una prueba para estas instancias ordenadoras de las relaciones internacionales.


alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas


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