Metamorfosis de la casa que vence las sombras al aguantapatras

En la década de los setenta del siglo XX, los abuelos nacidos en los noventa del siglo XIX, entre sus fabulosas historias contaban la espeluznante aparición de un ser extraterrenal que andaba por los caminos en noches oscuras llamado el “aguantapatras”. La historia decía que cuando los jóvenes se aventuraban por esos caminos, esta figura enigmática se colocaba a su espalda, y era tal su poder que no era posible voltear la mirada, libre de aquel osado que lograra con su ímpetu de juventud mirar a la cara de este ser. Cuando por el miedo, más aprisa quieras caminar, el poder fantasmal será mayor, como la ley de acción y reacción, no corras, busca la luz… Sin embargo, hoy en la primera década del siglo XXI, esta historia trasladada al contexto cultural y socio político, pudiera entenderse como la estrategia perfecta para inculcar miedo en quienes llenos de juventud soñaban con descubrir el universo más allá del horizonte.

De niño, cuando llegó el agua, el asfalto y sobre todo, la luz eléctrica, pensamos en un mejor vivir, la tecnología y el progreso llegaron a Macondo. Al poco tiempo, resultó que la luz alejó la pesca y la caza de los alrededores. Pescadores y cazadores se vieron en la necesidad de internarse mar y monte adentro, lejos de la civilización. Con el tiempo y la lejanía unos se convirtieron en contrabandistas otros en guerrilleros y juntos, en comunistas. Llegó el comunismo, las Universidades Venezolanas vivieron su mejor y más grande momento histórico, político y social. Eran el centro de atención donde se defendía con grandes ideas la libertad, la independencia, la soberanía, la Patria. Sin embargo, el aguantapatras surgió desde las esferas del poder político nacional e internacional y se adueñó de los recintos universitarios.

Así llegamos a la primera década del siglo XXI. Durante estos diez años he visto con tristeza la pobreza moral y ética a la que llegó la directriz de la universidad venezolana, sumida en una lucha por el poder y control político de la Nación más que por la formación de aquellos macondianos a los que el progreso, la ciencia y la tecnología desarrollada en estas casas del saber, como luz torrencial que vence las sombras, nunca llegó.

Desde 2002 he sido testigo de cómo la FAPUV y las directivas de los gremios profesionales fueron y siguen siendo actores de primera línea en el intento de derrocamiento de un presidente electo una y otra vez democráticamente por esos hombres y mujeres dejados durante años a la buena de Dios. No contentos por el resultado, se sumaron junto con las elites petroleras del momento a un paro indefinido, hasta que se vaya el dictador, decían eufóricos a través de toda la tecnología posible. Nunca antes en la historia los dueños del conocimiento, del saber, habían hecho tanto daño en tan poco tiempo a este país. Así de derrota en derrota, las elites que se adueñaron de la universidad en el siglo XX, hoy nos muestran una cara fantasmal de inmenso e inimaginable poder. Por un lado, el Gobierno Nacional dice que, por motivos de seguridad y tranquilidad social las clases deben empezar a partir del 4 de Octubre, los Rectores se lanzan al ruedo en defensa de la academia, de las clases y del bien de los estudiantes, del progreso. Dos semanas después estos mismos Rectores y gremios profesionales llaman a un paro de 24 horas, 48 horas, tal vez hasta que se vaya el dictador. Ya no importa si hay clases o no. Aquí está el aguantapatras.

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Felipe Marcano


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