Juan José, ejemplo en Maracaibo

Más que pedirle a la vida, da gracias a Dios por haber logrado estar en un aula de clases, luego de 25 años de intentos frustrados. Juan José Campos nació sin piernas ni brazos, pero sus ganas de vencer adversidades lo convierten en un ejemplo a seguir y en el alumno más querido de la Misión Robinson del sector El Milagro de Santa Lucía. Juan José, quien escribe con la boca, también pinta y participa como el más ávido de los aprendices, explicó su maestra Cenobia Galis.
“Pido poco, lo necesario y siempre le doy gracias a Dios por lo que he logrado, espero de Él que me dé mucha vida”, afirma.

Una silla de ruedas, apoyo para su formación y oportunidades lo harán feliz.
Deivis Rodríguez

Dentro de un grupo de 14 personas que recibe clases de la Misión Robinson, en el sector El Milagro, existe un joven de 25 años que se destaca del resto.
Sus ojos marrones, su cuerpo de medio metro, las ganas de estudiar y la perseverancia han convertido a Juan José Campos Sánchez en un ejemplo para toda la parroquia Santa Lucía.

Desde pequeño al joven se le negó la posibilidad de estudiar. Sentado desde su casa veía cómo sus amigos asistían a la escuela mientras él con tristeza espera algún día poder acompañarlos.

“Al principio me llevaban a los colegios y siempre era rechazado por mi condición física. Muchos les decían a mis padres que estudiara en un colegio especial, pero la precaria situación económica del hogar impidió que mis progenitores cumplieran mi sueño”, recordó.

Hoy en día, el joven que carece de piernas y extremidades superiores desde que nació, ve en la misión gubernamental una nueva oportunidad para alcanzar sus metas: “Ser alguien en la vida y un profesional de la República”.

“Nunca me he dado por vencido en nada, a pesar de que algunos dicen que deje de hacer la cosas, yo no les hago caso a sus comentarios y sigo adelante”, aseguró, con una sonrisa.

Lucha

Hace un año, Juan José Campos visitó el cuartel Libertador, la Plaza de la República y el Colegio Simón Rodríguez, con el objetivo de recibir clases en aquellos lugares donde los facilitadores de las misiones gubernamentales recibirían a los voluntarios que desearan, de manera gratuita, aprender a leer y escribir.

A pesar de sus esfuerzos volvió a ver en su mente las experiencias de cuando era un niño.

“Los facilitadores siempre decían que no había cupos o que yo requería material especial y atención especializada para recibir las clases. Escuchaba uno y mil motivos que al final sólo expresaban que no podía estudiar”, explicó.

Cansado y con una única oportunidad acudió a la casa de Cenobia Galis, una de las tantas maestras de Robinson que prestan su hogar para enseñar a las personas analfabetas.

“Él llegó una tarde y me dijo que lo tenía que aceptar obligado. Siempre tenía dudas y esperaba con ansias hasta dónde podía llegar”, refirió Galis.
Asistido por sus progenitores, quienes lo llevan en una silla de ruedas medio descompuesta, en menos de un año, ya Juan José Campos domina el lápiz empleando su boca.

“En mi primer día de clases todos estaban asombrados y no me quitaban la mirada. Con voz fuerte les dije a mis compañeros que no sabía nada y que mis deseos eran aprender a leer y sumar, conocimientos que podía usar algún día para vender chucherías en un puesto. La situación ha cambiado por los avances logrados y mis metas son otras”.

Puntualidad

Cada mañana, Campos se levanta temprano para realizar sus tareas, luego ayuda a su familia en lo que puede y espera de manera impaciente el momento de la tarde para asistir a la clase.

“Comenzamos a las 4:30 pm y él siempre llega dos horas antes, con ayuda de alguien lo sientan en la silla y solito comienza a repasar sus trabajos, después se pone a conversar con los compañeros que vienen”, comentó una de sus compañeras en las lecciones vespertinas, Susana de Villalobos.

Carmen Quintero expresó que su amigo “siempre interviene en clases y a pesar de sus limitaciones se esfuerza por terminar antes que todos los demás. Es un verdadero ejemplo porque llega primero y se va de último, nunca para y siempre tiene algo que hacer”, indicó.

Metas
Dos motivos hacen que Campos continúe adelante : conocer al Presidente y culminar su formación académica dentro de una universidad.
“Quiero ver a Chávez con el objetivo de agradecerle todo lo que ha hecho por los pobres; en segundo lugar quiero pasar a la Misión Ribas y luego a la Sucre para culminar en un instituto de Educación Superior. Sé que con mi perseverancia tendré todo”, añadió.

Ayuda
Una pasión mueve al muchacho nacido un 30 de julio: la pintura, hobbie que domina usando la boca y un pincel.

“Al principio fue frustrante, me costó muchísimo dominar la técnica ya que sólo hacía garabatos, ahora tengo más dominio y precisión”, dijo.
Actualmente, él requiere de una silla de ruedas para trasladarse de un lugar a otro, ya que la que posee se encuentra deteriorada.

“Pido poco, lo necesario, y siempre le doy gracias a Dios por lo que he logrado, espero de él que me dé mucha vida”.

Llegará un nuevo día y Juan seguirá empleando dos horas de su vida para dirigirse al pequeño centro de aprendizaje ubicado en la casa de la señora Cenobia.

Con una verdadera vocación continuará aprendiendo a leer hasta que vea saciada su ansiedad de aprender las cosas que contienen los libros.

“No sé si soy un ejemplo, pero les digo a las personas que estén en una condición similar a la mía que no se dejen vencer por el pesimismo, para que la entrega no los domine”.

Sosteniendo el lápiz entre la barbilla y el cuello, Juan José asegura: “Llegar a donde se quiere sólo se lo propone uno, y alcanzarlo no es una meta difícil de lograr”.


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