El deber de consumir sin producir

Nadie se puede alegrar de esta especie de renta revolucionaria, consumir sin producir, se consume elecciones, leyes, reformas constitucionales y promesas, es el carácter degradante de este proceso, para el gobierno es una especie de maldición de la abundancia electoral sin producir un alto rendimiento político-económico hechos que agobian al pueblo.

No podemos continuar con el cuento del 2002 o la última crisis global, el Estado presenta un carácter peligroso, su presupuesto depende del presupuesto, siempre ha utilizado para equilibrar el presupuesto el producto del impuesto, el déficit no lo ha llevado a la quiebra, las malas decisiones políticas: no combatir la corrupción, la inflación, la especulación, producen el estancamiento económico y social revolucionario.

Es asimismo, una expoliación en acción que no lleva al equilibrio económico-social, el equilibrio espontaneo nunca funciono operado desde el trabajo producido por el pueblo en empresas sanas y rentables, hay en muchas más partes como en el subsidio a la gasolina trabajo político con rentabilidad negativa que no compensa a toda la colectividad, a la mayor parte de ella, por la rentabilidad extraída del único producto real con el que cuenta el país, el petróleo, se lo continua extrayendo para que funcione a perdida.

¿Cuáles son las empresas con presupuesto abierto y autonomía? PDVSA, tiene un presupuesto abierto pero no es autónoma, a la larga trabaja sin ahorro por mantener una economía social a la inversa, y es poco honorable porque no llega a toda la colectividad, salvo cuando el gobierno por no aumentar el desempleo juzga sacar a flote empresas que no son de producción social ni local, se terminan arruinando lo que significa cargar sobre los productores el déficit pasajero o permanente de las empresas subsidiadas.

Las quiebras dilatadas de las empresas del Estado disminuyen constantemente el nivel de vida de la población, por eso no se ven los logros mas allá de la salud y de la educación, en tanto que las quiebras privadas son males locales, pero que afectan al conjunto de la economía, claro, queda el criterio de la rentabilidad social, pero, en una inflación como esta, es un criterio legitimo pero impreciso de la rentabilidad revolucionaria siempre a largo plazo, inobservable, no calculable para la materia gris, para el espíritu cultural revolucionario, para las misiones y los valores colectivos.

Sin debatir públicamente los problemas, sin practicar las revocatorias, sin combatir la corrupción, la ineficiencia, el burocratismo, los valores ideales se prestan para una retorica interesada, por tanto los logros revolucionarios se los declara absolutos porque no se puede estimar su rendimiento con relación a su costo, sin precio por el alto costo del mismo, entonces nos guiamos cuando nos conviene por las teorías de Marx, Lenin o se sugiere convocar una internacional socialista sin meditar lo que esas internacionales costaron a los obreros comunistas, se guían por la demanda de un pueblo mal informado, de unos funcionarios sin conocimiento y mediocres, por lo tanto sin convicción.

Así, observamos que la gratuidad no es gratuita, la masa lo sabe bien porque es la que paga, pero, no se ve con tanta claridad que paga caro por los servicios excesivamente burocratizados que el gobierno ofrece. Que se invierte tanto en esto y aquello por las obligaciones públicas no es una felicidad estable, es una felicidad pasajera, y eso por nuestra idiosincrasia caribeña. Si puedo asegurar que hay para el pueblo por su demanda, gastos colectivos extraeconómicos igual que para la gloria militar.

Hay una masa interesada y una más vasta inconsciente que, encuentra que el gobierno no invierte demasiado en el ideal cultural, pero, la presunción es, que esa demanda es imprecisa para los burócratas, es inflada por grupos interesados y no resistiría ni por un instante la prueba de la inversión aprovechando que el pueblo no reclama la separación de la cultura del Estado, o que el buro sea reestructurado con gente del pueblo no solo por las manos derechas del presidente cuando el proceso debería ser de izquierda.

Esta inconsciencia del pueblo, espero que sea momentánea si la revolución continúa una vez que los impuestos indirectos se aclaren, porque hasta ahora, el impuesto es una bala que rebota sin saber en donde se aloja. Proceso de exploración y de explotación ¿Por qué? Porque el comerciante, el empresario, el funcionario de arriba con un gran sueldo pagan más impuestos, pero les queda un sueldo o un porcentaje confortable. En cambio, para el pueblo no existe un equilibrio económico que vaya de acuerdo con el equilibrio social, son las eternas victimas sin compensación. La salud y la educación gratuita ya no entran en el balance económico, deberían ser reconocidos como un logro de los derechos humanos ya que no se pueden suprimir los impuestos impopulares sin un costo político.

Impuestos que afectan al pueblo por el efecto rebote, los ricos siguen ricos, los pobres tienen salud y educación gratuita, no tienen ahorro, vivienda, seguridad, eficiencia publica ni soberanía alimentaria, es decir, no es una revolución integral por la manipulación de la pobreza.

Los empresarios y comerciantes por otro lado, a su medida son víctimas de los gastos improductivos, de las empresas que funcionan a perdida, de la falta de industrialización debilitan a las empresas sanas convirtiéndolas en frágiles, sin elasticidad, sin poder reinvertir, es la quiebra y el estancamiento revolucionario, se acude al Estado, este evita que el desempleo aumente, las subvenciona quitándoles recursos a las empresas más rentables, así, el circulo vicioso se hace más grande.

Típico socialismo empírico, bastante folklórico, en donde las empresas pasan a una especie de invisibilidad por la burocracia centralizada, aun, sin voluntad deliberada de camuflaje se acusa al imperio y a los empresarios privados que no son ningunos angelitos, se los denuncia con derecho por la especulación, por el estatismo, sin reconocer nuestros gruesos errores cuando dividimos los déficits por haber disminuido la rentabilidad general de la poca industria no petrolera.

Se aplica impuestos, se acude a la inflación, realidad de hoy, exactamente a la inversa de lo que Marx predijo, revela con claridad que la explotación revolucionaria es política no económica, un erario público gastador asfixia a toda la economía y cuando el gobierno interviene como salvador se entra en nuevos déficits.

rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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