Sobre la estatua "patas arriba"

Más allá de los métodos equivocados, defendamos a los detenidos




Qué horror!!! gritan los adocenados “revolucionarios” de papel ante el derribo de un símbolo del colonialismo. La estatua de Colón cayó estrepitosamente y sacó de su placida comodidad a unos personajes que tienen un concepto sumamente ordenado de lo que es una “revolución”.

Sin duda que la acción que dio al traste con la estatua de marras, tuvo un carácter vanguardista. Esta no fue ejecutada en el marco de una importante movilización de masas, indígenas o no. No compartimos desde el punto de vista de los métodos mecanismos de este tipo, aislados de la lucha de los trabajadores y el pueblo, pero de allí a colocarnos en el estrado de los acusadores hay mucho trecho.

La estatua que cayó no es más que el símbolo de uno de los genocidios más terribles de la historia sin fin de atropellos causados por el avance destructor del capitalismo. Con Colón y las carabelas, no sólo llegaron enfermedades desconocidas en estas tierras, sino, más significativo aún, hizo presencia en América el capitalismo de la mano de los banqueros genoveses y de la cruz de Roma, ante el cual: “todo lo sólido se desvanece en el aire”, como sucedió con avanzadas culturas indígenas como la Azteca, la Maya y la Inca.

De allí que, independientemente de que no compartamos la acción, no vamos a llorar por ello. Otras cosas nos quitan el sueño, como el hecho de que muy pocos han dicho que, mientras tres soñadores se encuentran presos y en manos de una jueza que exculpó a Pedro Carmona y desechó una demanda de Asovic, los golpistas, los saboteadores de PDVSA, los organizadores de “guarimbas” y paramilitares, siguen libres y campantes. Tampoco han dicho nada sobre las actitudes vergonzosas y ajustadas a derecho, derecho burgués por supuesto, de Freddy Bernal y el ministro Jesse Chacón. Ni una palabra contra la violencia de la Policía de Caracas, la misma que no levantó ni un dedo contra los "guarimberos". Como redomados gobierneros están más preocupados por lo que dirán los escuálidos; les angustia que los periódicos y Globovisión le echarán nuevamente la culpa de lo sucedido a Chávez. Incurren en el repetido argumento de que “si no los molestamos nos dejarán tranquilos”. Para no defender a los presos, se esconden detrás del discurso de que “hay cosas más importantes que hacer”. Sí, indudablemente que hay cosas más importantes, y no es precisamente tenerle miedo al ¡qué dirán!…los escuálidos.

Sí, hay mucho que hacer. Tumbar la estatua de Colón realmente no va al fondo del problema. Lo que habría que comenzar a hacer es materializar los derechos constitucionales de los indígenas, los cuales hasta ahora son sólo letra muerta, mientras continúan otorgándose concesiones carboníferas en territorios de las etnias que habitan en la sierra de Perijá, y avanza la destrucción de la reserva forestal de Imataca. Quizás en lugar de tumbar una estatua habría que tomar mediante la movilización los ministerios y entes encargados de regular el avance depredador de la minería y la explotación maderera transnacional en tierras que pertenecen a los habitantes originarios de ese frágil bosque tropical. Sin duda, en lugar de tumbar a Colón, deberíamos movilizarnos para rechazar el pago de la deuda externa por parte de un gobierno que prometió hacer todo lo contrario. Así como enfrentar el ALCA y el Plan Colombia.

Colón fue el adelantado de la Corona española en los últimos estertores del capitalismo mercantil. Sin embargo, la lucha hoy es contra el capitalismo en su fase más abyecta y depredadora, la fase de las guerras, crisis y revoluciones, como plantearan Lenin y Trostky: el imperialismo. Ya no se trata de los Reyes Católicos y del almirante genovés, se trata de Bush y del imperialismo más agresivo que ha conocido la historia el cual masacra a los pueblos irakí y afgano, y complaciente promueve el genocidio de Sharon en Palestina. El mismo que encubierto se beneficia de las graciosas concesiones gasíferas otorgadas por el actual gobierno a las mismas transnacionales que apoyaron el paro-sabotaje petrolero. Sí, efectivamente, aún hay muchas razones para luchar, y una de ellas es urgente. Más allá del palabrerío hueco, detrás del cual se ocultan los supuestos revolucionarios amantes del orden burgués, es necesario que todos los colectivos y organizaciones populares, sindicatos clasistas, la UNT, las UBE, las patrullas, los medios comunitarios, partricularmente Aporrea, desarrollen una campaña nacional en defensa de los detenidos, contra la impunidad y por el castigo a los golpistas y saboteadores que son los únicos que deberían estar presos.


Miguel Angel Hernández Arvelo
Profesor de la UCV y dirigente de Opción de Izquierda Revolucionaria
oir_2001@yahoo.com



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Miguel Angel Hernández Arvelo

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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